La fe mueve montañas…

Al principio de los principios, la fe solía mover montañas. Lo hacía con decoro y sólo cuando era absolutamente necesario, con lo cual el paisaje permanecía casi igual, sin muchas variantes. Durante milenios los cambios no fueron para nada significativos.
Pero la fe comenzó a propagarse, los unos y los otros hicieron uso desmedido de ella. A todos le pareció divertida la idea de mover montañas, hasta algunas veces sin motivos valederos…

Llegó un momento en que éstas no hacían sino cambiar de sitio y cada vez era más difícil encontrarlas en el mismo lugar en que uno las había dejado. Todo estuvo mal y más vale, se creaban más dificultades que resoluciones.
Tanto así fue… que la buena gente prefirió ir abandonando la fe hasta el punto que las montañas volvieron a permanecer casi por una eternidad en su sitio.

Ahora… cuando estamos viajando y se produce un pequeño derrumbe…, es que alguien, en algún lugar, quizás muy lejano, o no…, tuvo un ligerísimo atisbo de buena fe.