Qué habrá sido de ellos…

“Yo viví en Bariloche dos años. Todo el tiempo me preguntaban si era “NYC” (Nacida y criada). Se ve que es una información importante para cierta gente.Yo los miraba, blancos, erguidos, pelo fino, manos tersas y contestaba que no, que soy porteña y que los verdaderos NYCs, en todo caso, eran los mapuches, los verdaderos dueños de esas tierras, y que me dejaran de preguntar tonterías. En fin…

Uno de los tantos bares en los que trabajé quedaba en Villa Los Coihues, a orilla del lago Gutierrez. Gente de mucho dinero que además tenían una hostería en la base del Cerro Catedral. Me vino a la memoria justo éso mientras miraba en un programa de televisión al periodista Jorge Lanata intentando denigrar al señor Fernando Jones Huala, burlándose de sus dichos y subestimándolo por su descendencia mapuche, como para muchos es costumbre.

Y recordé el bar, recordé el cesped perfectamente cortado, las mesitas, el lago. Recordé que la orilla es pública y recordé también aquel día de enero porque es cuando entendí en carne propia como son algunas cosas .

Eran las diez de la mañana, no había nadie, yo apenas tenía cinco pesos y monedas porque unos simpáticos holandeses me habían dejado el vuelto. Limpié la mesa, llevé los vasos adentro y en la barra me encontré con la cara desfigurada de la dueña. “Sacamelos YA de acá”, me dijo. No entendí nada, pero me di vuelta y los vi.

“Sacalos, sacalos” repetía ella como si la peste nos hubiera invadido. Yo todo lo que alcanzaba a ver desde adentro era un hombre, de espaldas, sentado en el cesped en la orilla del lago con un niño, de espaldas también. Ambos mirando el cielo.
“Deciles que acá no, y si quieren tomar algo, lo que sea, les decís que sólo aceptamos dólares”.
Me acerqué temblando, literalmente de vergüenza y ya no era una espalda, o dos, eran un hombre y un niñito. El adulto tenía los ojos negros, la bincha marrón, tejida con un colorido dibujo muy hermoso y el niño casi igual, los mismos ojos, la misma bincha, pero con una carita llena de inocencia. Sin embargo el padre no parecía tenerla.
Creo que el niño me saludó en su lengua, pues realmente no lo entendí, pero cuando el padre me miró fijo no pude evitar ponerme a llorar. Si bien dijo algo en mapuche, yo le expliqué como pude que lamentaba muchísimo no entenderle lo que me estaba diciendo.

Ahí fue cuando en un perfecto español, muy tranquilo y con un tono más que pausado me dijo :

“Yo tuve que aprender tu lengua en mi propia tierra, pero no te preocupes, ya sé a lo que venís. Decile a la señora que este pasto también es mío, como de mi hijo, lo es este cielo y todo lo que vemos alrededor y que no nos vamos a levantar.”

Me di vuelta. Volví al bar. La dueña estaba roja, rojísima de rabia.

“¿Qué pasa? ¿Se te retobó el indio éste?”

Me acuerdo que me toqué los cinco pesos que tenía en el bolsillo, mi único capital, y me acuerdo también que pensé que si me iba no pasaba nada, que al día siguiente conseguiría otra cosa, pero si perdía mi dignidad podría no encontrarla nunca más… no podía perderla a los veintipico en un bar de mierda, con gente de mierda.

Pensé en mi papá ¿Qué haría Pepe? Supongo que pensar en tus maestros te da fuerzas cuando la vida te toma lección. Yo tenía miedo, me sentía totalmente desubicada, no tenía un mango y si bien ya tenía pagado el alquiler, sólo contaba con lo que había hecho de propina en la semana. Para colmo pensaba que mi perrita ya no tenía más comida y eso me estaba atormentando.

Sin embargo me pareció escuchar a mi viejo susurrarme: “No pasa nada negrita”

La dueña se puso más nerviosa aún debido a mi silencio y casi gritando, sus palabras fueron:
“¿Qué pasa? ¿Qué te dijo este negro de mierda? ¿Qué es lo que te puso así? Hablá nena !!!”.

Levanté la vista, la miré, me sequé a propósito los mocos con una servilleta de las de tela, y le conteste:

“Dice que esta tierra también es suya y de su hijo y como cree no estar molestando, allí se va a quedar”

La dueña del bar redobló sus órdenes:
“Bueno, mirá querida, o los sacás a patadas como te pedí o te vas a la mierda vos y el mapuche”

Era tanto el dolor que me hacía sentir la situación que no pude siquiera sacar fuerzas para defenderme, me di vuelta y me acerqué a la orilla del lago a pedirle perdón al señor con su hijito. Aunque no sabía en realidad bien porqué lo hacía, sentí que por todos nosotros debía disculparme:

“Perdónennos, por favor perdónennos” le repetí llorando.

El hombre un poco conmovido me agarró la mano y nos fuimos los tres. La dueña me seguía gritando desde adentro, pero una tierna caricia del nene en mi rostro logró no sólo que no la escuchara más, sino confirmar que había tomado la única decisión que hubiera podido tomar… la correcta.

Pensé más tranquila entonces… “La puta… que hay gente de mierda”

Caminamos en silencio hasta la ruta, hoy ni me acuerdo bien el camino que tomamos, estaba todavía en trance. Si me acuerdo que aparecimos en el cruce del km 8 de la ruta que va al Nahuel Huapi. Fue cuando el niño me abrazó y me dió un beso, el padre me dió la mano y con un “Gracias por ser lo bella persona que eres” me hizo sentir que no todo está perdido.

A ese bar no volví nunca más, sin embargo siempre me pregunto ¿qué habrá sido de ellos…?”

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Algunos se preguntaran:

¿Será una historia real?
¿Existirá la protagonista?

Yo les digo:

Que más da…

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La pintura es del pintor mexicano Alfredo Rodríguez, por lejos mi artista preferido.

Histórico comicios Villa Gesell 1983 – 2015 por agrupaciones políticas

Tenía ganas de hacer un repaso de cómo habían sido los resultados electorales en Villa Gesell desde el regreso a la democracia ( 1983 ) hasta hoy.

Para los que tengan el mismo interés, les dejo un pequeño resumen llevado al Excel, puede ser que algunos datos que del mismo se desprenden les resulten interesantes..

Villa Gesell Histórico 2017_2

Un día el maestro…

Un día el maestro preguntó:

– “¿Por que la gente grita cuando se enoja?”

Los discípulos quedaron pensando por unos momentos.

– “Porque perdemos la calma”, dijo uno, “por eso gritamos.”

– “Pero… ¿por qué gritar cuando la otra persona está a tu lado?”, preguntó el maestro, “¿Acaso no es posible hablarle en voz baja? ¿Por qué tenemos que gritarle a una persona cuando estamos enojados?”

Los discípulos dieron algunas otras respuestas pero ninguna de ellas satisfacía al gran maestro.

Finalmente él explicó:

– “Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho. Y para cubrir esa distancia deben gritar para poder escucharse. Mientras más enojados estén, más fuerte tendrán que gritar para poder escucharse.”

Luego volvió a preguntar:

– “¿Y qué creen que sucede cuando dos personas se enamoran? Ellos no necesitan gritarle, sino por lo contrario se hablan suavemente… ¿por qué?…”

Dejó a todos los discípulos pensando.

– “Sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellos es muy pequeña. Y mientras más enamorados están, más suave se hablan y casi sólo susurran. Finalmente, hasta hay veces que ni necesitan siquiera susurrarse, sólo al mirarse, todo está dicho. Más se aman, más cerca se sienten.”

Luego el maestro terminó diciendo:

– “Cuando discutan no dejen que sus corazones se alejen, no digan palabras que los distancien aún más, llegará el día en que esa distancia será tan grande, que ya no podrán escucharse y por ende no encontrarán ningún camino que los pueda acercar.”

 

Carta a mi chozno.

Con todo mi amor, para ser leído algún día por mi queridísimo chozno. (hijo de mi tataranieto)

Como desearía que pudieras percibir todo mi sentir a través de esta carta y que tal vez, si así fuera mi querido niño, suplicaría que no estuvieras enojado conmigo. Cuantas veces pienso en ti, en como estarás, como será tu familia, también mía, en como será tu mundo en esos días, si aún pueden ver brillar la luna, si la primavera pudo guardar para ustedes sus adorables aromas, si el amanecer puede seguir dándole la bienvenida a cada día.

Tengo el convencimiento que en nuestros días no estamos haciendo lo correcto para dejarles puro el aire, clara el agua y sanos los alimentos, mis lágrimas al imaginar tu presente nada resuelven y es grande mi impotencia al saber que no es mucho lo que uno pueda hacer.

Creo que no todos pueden sentir el amor por los que aún no han llegado, ni concebir que el futuro bienestar de sus descendientes de tan sólo ellos depende, de otra manera no seguiríamos sorteando por completo nuestro futuro, tu presente…

Si tengo que encontrar el porqué lo hacemos, o bien tu “por qué lo hicieron…?”, parecería que no nos preocuparan tamañas consecuencias. No sé, es una cruel paradoja, quién no quisiera que quienes llevarán nuestra sangre estuvieran mucho mejor que nosotros; pero si bien en nuestros días hay muchas religiones que siguen separando indiscutiblemente al hombre, y muchas concepciones políticas que no hacen más que seguir sembrando el odio de clases sociales, todos parecen aunar criterios en cuanto a la adoración por el dinero, y por él, muchos hicieron, hacen y harán cualquier cosa, y para peor, sin importar cuáles son los límites.

Si, mi querido !!! Quién lo tiene se cree poderoso, intocable, que sus actos son impunes y por alguna razón, quizás física, quizás psicológica, el amor en ellos queda encerrado en rincones tan distantes de la comprensión, que quedan imposibilitados de darse cuenta de sus acciones y hacer algo al respecto.

No te sigas preguntando el porqué, creo que es inútil, ni te preguntes el cómo, pues ya es muy tarde…

Te siento parte de mí y más vale, te amaré por siempre.

Con todo mi amor.

Dany.
El padre de tu tatarabuelo.

Un cuento… sólo éso.


Cuenta la historia que existían dos pueblos separados por un estrecho riachuelo y que estaban muy enemistados entre sí.

En uno de ellos vivían mayoritariamente gente buena, humilde, trabajadora, donde sólo la inocencia tenía cabida y tan así era que quienes los representaban solían aprovecharse de ello, y en pos de sus propias malas intenciones y de un gran anhelo de riquezas, hacían de la inocencia y desprotección de sus representados el gran e inusitado poder que por décadas pudieron ir obteniendo.

En el otro pueblo en cambio, la mayor parte de sus ciudadanos creían ser instruidos, sagaces, hábiles para las negociaciones y porque no, basadas en sus propios modos de vida, hasta se habrían convertido en algo egoístas. Muy claramente los que llevaban adelante a esta sociedad, al contrario del otro pueblo, eran títeres con cara de buenos, presencia un poco tonta y hasta con apariencia de algo débiles, y eran escogidos adrede por el máximo poder de esa gran urbe, el cual estaba constituido por gente malvada que siempre intentaban mantenerse ocultos y que nunca mostraban sus rostros simplemente para poder seguir perpetuándose en lo que ellos perfectamente sabían era el verdadero poder.

Un día entraron en plena disputa los líderes de ambos pueblos con la finalidad de constituir una gran nación, y el cara de bueno no hacía otra cosa que criticar a la malvada del pueblo vecino por sus malas acciones y esta última sin poder defenderse de sus intrínsecas intenciones no podía más que intentar desenmascarar la situación que llevaba al cara de bueno al poder…

Cuenta la historia que por más que uno de ellos ganó… los pueblos siempre han sabido que ninguno de ellos se habría realmente beneficiado….

Los cuentos… cuentos son.

 

Daniel Calcagni.

Humildad.

“La humildad es la virtud que consiste en conocer las propias limitaciones y debilidades y actuar de acuerdo a tal conocimiento. Podría decirse que la humildad es la ausencia de soberbia. Es una característica propia de los sujetos modestos, que no se sienten más importantes o mejores que los demás, independientemente de cuán lejos hayan llegado en la vida.”

Me causa gracia a veces escuchar el sincericidio de algunas personas hablando de las “clases más humildes” , excluyéndose por defecto de pertenecer a las mismas…
Están tan equivocados que “son” lo que quisieron decir … “pobres”

Me aceptás como amiga ?

La arquitecta Candela Prieto estaba a punto de apagar la computadora de su oficina cuando recibió un mensaje en Facebook que decía así: «Hola, me llamo Candela Prieto y tengo diez años. Te escribo desde el pasado. Primero que nada, me alegra saber que en el futuro voy a ser flaca y linda. Tus fotos del muro me encantan. ¿Me agregás como amiga?».

A Candela Prieto no le causó gracia el mensaje. Salió de la oficina enojadísima y preguntó a sus empleados quién estaba haciendo ese chiste espantoso. Todos la miraron sin entender. Volvió a entrar, se sentó en la computadora y espió el perfil de la otra Candela. Había cinco fotos de su propia infancia, y entonces se asustó.

Esas fotos ya no existían, porque ella misma las había roto hacía mucho. En todas las imágenes estaba gorda, y tenía esos anteojos horribles, y el pelo de una escoba, y los dientes torcidos. ¡Ah, cómo odiaba esas fotos! Sobre todo una, en la que tenía una papada gigantesca… ¿Quién le estaba haciendo aquella broma de mal gusto?

Respondió el mensaje con rabia: «Seas quien seas, no tiene ninguna gracia. Sacá ya mismo esas fotos mías de internet. ¡Imbécil!».

La otra Candela respondió enseguida: «No te enojes… Solamente quiero ser tu amiga y que me cuentes cuándo empezaste a ser linda. ¿Ese chico que aparece con vos es tu novio? Está buenísimo».

Candela Prieto, la arquitecta, sonrió.

«¿Sos vos, Esteban? Cortála. ¿Dónde conseguiste esas fotos de cuando era chica?», escribió la arquitecta.

La nena tardó en responder. «No. Soy Cande, ya te dije. ¿Quién es Esteban? ¿Tu novio?».

La arquitecta estalló: «¡Lo que estás haciendo es un delito contra la privacidad! Si no me decís quién sos, llamo a la policía ahora mismo».

La nena dijo: «¿Otra vez? Me llamo Candela, tengo diez años, mis papás se llaman Laura y Eduardo y vivo en la quinta, pasando las vías.»

La arquitecta escribió con bronca: «¡Todo eso lo podés averiguar en cualquier parte, idiota!».

La nena respondió: «Tengo un perro que se llama Caniche. Ayer papá me llevó al garage, a solas, y me dijo que Caniche se va a tener que morir esta semana, de viejo. ¿Te suena eso?».

La arquitecta Candela Prieto se quedó muda en su oficina, con los ojos en el monitor.

La nena siguió: «Caniche es mi único amigo, porque en la escuela nadie me habla. Y si alguien me habla es para burlarse de mí. En cambio Caniche, cuando llego a la tarde, me salta encima y mueve la cola. Lo conozco desde que nací, pero ahora ya no tiene fuerza ni me puede mirar porque se quedó ciego. Estuve llorando toda la tarde, pero ahora veo que tenés 671 amigos en Facebook, y que sos linda, y estoy mejor…», escribió la nena en el chat.

El mensaje quedó titilando un rato largo en el monitor. La arquitecta Candela Prieto no respondió rápido porque lloraba y lloraba y no podía parar. Hacía años que no lloraba por nada.

«Gracias por el piropo», dijo cuando se secó las lágrimas, «pero en realidad no soy tan linda, solamente subo fotos donde estoy maquillada. Y de todos esos amigos nada más que tres son de verdad. Al resto casi ni los conozco. Pero decime, ¿quién sos?».

«No te voy a decir más quién soy, ya te lo dije tres veces y es molesto que no me creas. ¿Te puedo hacer una pregunta?», escribió la nena.

La arquitecta le respondió que sí, que podía hacer una pregunta.

«¿Cuándo empezaste a adelgazar, cuándo dejaste de usar anteojos, cuándo se te corrigieron los dientes?», escribió muy rápido, con un montón de faltas de ortografía.

«Más o menos a los doce dejé de comer porquerías, porque me empezaron a gustar los chicos y ninguno quería bailar conmigo. A los trece pegué un buen estirón. Dejé de usar anteojos a los catorce, cuando me pusieron lentes de contacto, y los dientes no fueron mérito mío, sino del odontólogo.»

La nena dijo: «¿Y cuándo me van a salir las tetas?».

La arquitecta se rió muy fuerte y escribió: «En dos o tres años, no te preocupes por eso». La nena le devolvió un emoticón feliz, y la arquitecta se rió fuerte.

«Hay algo que no puedo entender», dijo la pequeña Candela. «Estuve viendo un montón de fotos tuyas en tu casa… Ya sé que vivís sola, que comés cosas raras y le sacás fotos al plato, que vas a fiestas, que sos arquitecta y que viajás por muchos lugares… Pero nunca vi una foto tuya con tu perro de ahora. ¿Por que no tenés fotos con tu perro? ¿Es feo?».

Candela, la arquitecta, respondió: «Es que no tengo perro».

La nena dijo: «¡Eso es imposible! Yo sé que siempre voy a tener perro. Lo sé desde que nací… No puedo vivir sin perro».

La arquitecta Prieto se quedó perpleja. Era verdad: de chica ella le juraba a todo el mundo que siempre tendría un perro. ¿Por qué se había olvidado de algo tan importante?

El chat la sacó de esos pensamientos: «Me tengo que ir, papá me llama a cenar», dijo la nena. La arquitecta solo atinó a escribir: «Chau». Y se quedó sola en la oficina, sin saber muy bien lo que había pasado.

A las seis en punto de la tarde salió del trabajo y, en lugar de ir directo a su casa como siempre, pasó por la veterinaria del barrio y se quedó en la vidriera mirando cachorritos.

Había cuatro: un cocker, uno blanco precioso del que no conocía la raza, un salchicha con cara muy divertida y el más chiquito de todos, que la miraba por la ventana. Entró y se quedó con el último, que ni siquiera era el más caro. Volvió a su casa con el perrito en los brazos, le dio leche y le puso de nombre Caniche.

Después se sentó en la compu, abrió su perfil de Facebook y aceptó la invitación de amistad de Candela. Y también la buscó por el chat: «Cande, ¿estás?». Del otro lado nadie le respondió. «¿Estás, Candela? Ya llegué a casa, y quiero contarte algo».

Del otro lado, silencio.

La arquitecta Prieto fue a la galería de imágenes de la nena y se quedó mirando la segunda foto, en la que ella tenía diez años y el pelo desprolijo y los dientes torcidos. La miró un rato largo: era la foto que más había odiado en toda su vida. Entonces buscó el botón azul y lo apretó lo más fuerte que pudo:

«Me gusta».

Hernán Casciari ( del blog Orsai )

 

El oficio de sirvienta.

Ilka Oliva Corado es una escritora y poetisa maravillosa, de origen Guatemalteco, residente en Estados Unidos e inmigrante indocumentada con maestría en discriminación y racismo.

De su blog:

El oficio de sirvienta.

Últimamente defensores de derechos humanos nos llaman asistentes domésticas, para aminorar el golpe, pero a las cosas por su nombre: somos sirvientas, nuestro oficio es servir.

Partiendo de ahí, podemos desmenuzar la gama de abusos que vivimos quienes trabajamos en el servicio doméstico y en mantenimiento. No importa el país, la realidad de los sirvientes es la misma en todos lados. No nos vamos a dar baños de pureza y a señalar a Estados Unidos como el causante de todos nuestros males. En India, existen las castas, en Latinoamérica las mentes colonizadas, y así vamos por país y continente, cada uno con sus propios males.

No se trata del color, de la nacionalidad, ni del idioma, se trata de quién tiene el poder y quien tiene el poder abusa y discrimina, con propios y extraños. El oficio de niñera y empleada doméstica es el mismo, solo varía el nombre: en ambos el trabajo es servir. Y digo servir con todo el peso de la palabra: de día y de noche. Cuando los niños están en la escuela o en clases particulares, las niñeras nos encargamos de limpiar la casa, los cuartos de juego, cocinar, lavar la ropa: el oficio doméstico. El de la empleada doméstica es igual y ambas son tratadas como muebles viejos. Porque una limpia pañales sucios y la otra baños sucios: ambas trabajan entre la mierda.

Las niñeras somos las mamás emergentes, estamos ahí todo el tiempo porque las mamás están en sus clases de yoga, tomando el té con amigas o viajando por el mundo. Algunas, contadas, son las que trabajan. Entonces las niñeras sin querer, como consecuencia de nuestro trabajo, damos abrazos, entendemos emociones, cuidamos enfermedades, contamos cuentos y nos desvelamos y damos apoyo moral a niños que aprendemos a querer como propios y, que en el futuro cuando se den cuenta de nuestro papel en su casa y en la sociedad, nos tratarán como los muebles viejos desechables. Porque es el patrón, porque son parte del círculo de la cultura del capital.

Las sirvientas conocemos la intimidad de las familias, hasta de lo que no quieren que nadie se entere, conocemos temperamentos, vicios, miedos, jactancias, vacíos y pretensiones. Porque estamos ahí todo el tiempo, invisibles, muebles viejos que se mueven de un lugar a otro para que no estorben. Trabajamos en silencio, a manera de pasar desapercibidas porque, ¿qué tiene qué contar una sirvienta? ¿En qué forma puede una sirvienta interactuar con sus empleadores? Máximo cuando ellos tienen cuna de oro, y pergaminos y se codean con la crema y nata de la sociedad. De ninguna, la sirvienta no siente, no piensa, no tiene emociones, está ahí para servir, jamás es vista como persona, no existe como ser humano.

Las sirvientas no nos cansamos, nunca tenemos derecho a enfermarnos, a estar deprimidas, a anhelar, a extrañar, no tenemos derecho tampoco a los beneficios laborales, las vacaciones son para otros no para nosotras. No tenemos derecho a las emergencias porque entonces, ¿quién va a limpiar los cuartos, a lavar los platos, a planchar la camisa del patrón, a hacer el desayuno y a trapear? ¿Quién irá por el correo, por el pan y al supermercado? ¿Quién le cuidará la fiebre a los niños? ¿Quién limpiará el vómito del señor que llegó borracho en la madrugada?

Y si a pesar del abuso todo sobrepasa los extremos inconcebibles, las empleadas domésticas también somos abusadas sexualmente por el empleador, hijos de los empleadores, amigos de los empleadores y bajo la tutela de la empleadora que hace que no ve. Porque al fin y al cabo los hombres son así, sedientos de placer todo el tiempo y mejor que tengan relaciones con la sirvienta que con una trabajadora sexual que les puede pegar enfermedades… Y en la muchos de los casos esa empleada doméstica es una niña que no pasa de los 18 años.

Las empleadas domésticas no tenemos derecho a los dolores menstruales, porque somos máquinas, y tampoco a angustiarnos cuando nuestros hijos están enfermos en casa o en la guardería donde los dejamos para ir a trabajar. No tenemos derecho a añorar a nuestros padres y hermanos que dejamos en el pueblo cuando nos fuimos a la capital o emigramos a otro país. Tenemos la obligación de estar íntegras para servir a nuestros empleadores, vivimos por ellos y para ellos, nuestras vidas no existen, no tienen derecho a existir. Tampoco los cumpleaños, ni las navidades, ni los días festivos, nosotras estamos de planta todos los días del año, a todas horas.

Las empleadas domésticas, guardamos secretos íntimos que cualquier amigo de nuestros empleadores daría el brazo derecho por saber. Nunca nos dicen gracias por nuestra ética, ¿qué puede conocer de ética una limpia baños? ¿Qué puede saber de pintura, arte, lectura, de vinos, de quesos finos y comidas gourmet? Una cosa es que las cocinemos y sirvamos y otra interactuar.

¿Qué puede saber una sirvienta de ropa de marca, lociones caras y teléfonos inteligentes? Tal vez nada, pero es la que cuida los más preciado de los empleadores: sus hijos. A una sirvienta jamás le darían sus automóviles para ir al supermercado o a la farmacia, pero sí les confían a sus hijos todo el día y les dan las llaves de su casa. Un automóvil se lo pueden rayar, ensuciar y chocar, pero qué valor tienen sus hijos para que los dejen con una completa extraña que no sabe ni el idioma, ni marcar a un número de emergencia y además indocumentada si se trata de una migrante. ¿Cómo pueden confiar sus hijos a una ignorante carente de conocimientos básicos para sobrevivir en la sociedad del ego y el oportunismo?

Jamás le prestarían su carro de último modelo pero permiten que sea la que cocine y limpie sus habitaciones y lleve los niños a la escuela. Que encuentre los dildos tirados en el suelo o entre las sábanas y los lave y coloque en las gavetas donde se guardan. Intimidades que solo conocemos las empleadas domésticas. Y no tenemos derecho a encariñarnos porque los muebles no sienten, esos niños no son nuestros, un día crecerán y nos lo recordarán con una patada en el trasero y con un despido sin aviso, de una día a otro. Como si de un día a otro uno pudiera olvidar los recuerdos, cortar de tajo el afecto y asimilar que uno solo fue un mueble viejo al que le llegó el tiempo de terminar en el basurero.

¿Qué descanso necesitará una paria que trabaja como mula? Ninguno porque para eso nació, generacionalmente para eso nació, para cargar como mula.

Por eso se extrañan tanto cuando una empleada doméstica rompe el círculo y extiende las alas y vuela. Con sacrificio estudia y se convierte en una profesional, se sumerge al mundo de las artes, se convierte en negociante y empresaria, o regresa a los campos de donde salió, para hacerlos florecer. Pero por cada sirvienta que logra salir del averno, hay miles que se secan y mueren lentamente en el abuso y la exclusión. Y todas tienen un nombre propio, familias, raíz, identidad, sueños. Y todas sienten en lo más profundo de su ser y tienen pasiones y aman y crean, porque son seres humanos.

¿Alguno de ustedes, queridos lectores, alguna vez ha conversado con una empleada doméstica, viéndola a los ojos y la ha tratado de igual a igual? ¿Alguna vez se ha puesto en sus zapatos y se ha preguntado qué sería de su vida si le hubiera tocado trabajar en el servicio doméstico? ¿Qué cambiaría de ser así? ¿Por qué no lo cambia para los otros? Y no hablemos de agallas, hablemos de humanidad y humildad.

Ilka Oliva Corado
19 de abril de 2017
Estados Unidos.

Pensamientos.

Unos estarán escuchando música; nosotros sólo escuchamos estruendos…
Otros estarán disfrutando de un paisaje; nosotros vemos paredes oscuras, techos desmoronados y muchos escombros…
Quizás algunos duerman plácidamente; nuestros ojos se cierran a veces aterrorizados por el miedo de no volver nunca más a poder abrirlos…
Debe haber padres que ven a sus hijos alimentarse y educarse; yo veo a mis hijos temblar de miedo, sufrir el hambre y no entender lo que se siente tener futuro…
Cómo quisiera poder haber retenido en mi memoria la última sonrisa de la madre de mis hijos, lo más precioso que nos robaron fue la maravillosa acción de poder reír. Y que lindo sería volver a sentir nuevamente el aire puro, oír cantar a los pájaros y descansar bajo el manto protector de una leve lluvia que prometa dejarle lugar al más cálido de los rayos del sol; en cambio aquí el polvo, la oscuridad y por momentos el más terrible de los silencios nos pintan un escenario que quiebra a la mente y debilita al corazón.

Me pregunto: ¿qué nos diferencia? ¿porqué vos sí y yo no…?
¿El azar te hizo nacer estrellado y a nosotros olvidados?
¿Será tan así? ¿Existen realmente humanos privilegiados y otros descartables?
¿Mi alma que es igual a la tuya, tiene que ser propiedad de otro y nunca más va a ser mía?
Si yo soy el que siente, el que sufre, el que teme, el que piensa … ¿por qué no somos los dueños de nuestro destino?

Muy triste me doy cuenta que lo único que hoy tengo son preguntas y paradójicamente lo que más solicita mi familia son respuestas…

Respuestas que yo no tengo, pero que muy probablemente, tú si las puedas tener…

Daniel Calcagni.

 

Dónde está Dios…?

Un señor de unos 70 años viajaba en el tren, teniendo a su lado a un joven universitario que leía su libro de Ciencias. El caballero, a su vez, leía un libro de portada negra. Fue cuando el joven percibió que se trataba de la Biblia y que estaba abierta en el Evangelio de Marcos.
Sin mucha ceremonia, el muchacho interrumpió la lectura del viejo y le preguntó:

– Señor, ¿usted todavía cree en ese libro lleno de fábulas y cuentos?

– Sí !!! Es más, no es un libro de cuentos, es la Palabra de Dios. ¿Acaso usted cree que estoy equivocado?

– Pero claro que lo está. Creo que usted señor debería estudiar Historia Universal. Vería que la Revolución Francesa, ocurrida hace más de 100 años, mostró la miopía de la religión. Solamente personas sin cultura todavía creen que Dios hizo el mundo en 6 días. Usted señor debería conocer un poco más lo que nuestros Científicos dicen respecto a todo eso, hoy en día los estudios están muy avanzados y sólo los ingenuos siguen creyendo en tales cosas.

– Y… ¿es eso mismo lo que nuestros científicos dicen sobre la Biblia?

– Seguro que sí, pero como voy a bajar en la próxima estación y no tengo tiempo de explicarle, déjeme su tarjeta con su dirección que le mandaré material científico por correo con la máxima urgencia.

El anciano entonces, con mucha paciencia, abrió cuidadosamente el bolsillo derecho de su bolso y le dio su tarjeta al muchacho. Cuando éste leyó lo que allí decía, salió cabizbajo, sintiéndose muy mal por lo ocurrido.

En la tarjeta decía:

Profesor Doctor Louis Pasteur Director General del Instituto de Investigaciones Científicas Universidad Nacional de Francia

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“Un poco de Ciencia nos aparta de Dios. Mucha… nos aproxima.”

Dr. Louis Pasteur