La compañía.

Ese día había recibido un llamado telefónico de uno de mis mejores amigos de la infancia, de ésos que uno lleva fuertemente apuntalado en el corazón, pero que tristemente el destino había querido que nos distanciáramos. Muchísimo gusto me había dado volver a escucharle, hacía tiempo que nada sabía de él.
El ¿Cómo estás? había sonado en mis oídos como una salvadora e inesperada forma de poder disipar todas mis angustias de esa noche.

Inmediatamente me nació la necesidad de contestarle:

– Muy solo.

Su amable, y por mí esperada respuesta, fue:

– ¿Querés que hablemos un poco? ¿Crees que te pueda hacer bien que vaya hasta tu casa?

Le respondí que “Sí”. que su llamada había sido una bendición del cielo, y sin cuestionarlo en lo absoluto se prestó a venir conmigo inmediatamente.

En menos de quince minutos estaba llamando a mi puerta. Más viejo y algo pelado, pero con la misma cara de buen tipo y con esa inseparable sonrisa con la que siempre se solía presentar.

Hablamos hasta muy entrada la madrugada, de mis problemas en el trabajo, de los dramas de mi familia, del desafortunado episodio que llevó a que mi novia me dejara para siempre, de mis deudas… y como si realmente me lo hubiera mandado dios, él me escuchaba atentamente, apenas me interrumpía para intercalar las exactas frases de aliento que necesitaba, como sabiendo de antemano que con esas pocas palabras que pronunciaba mis pensamientos irían tomando otro curso y mi estado de ánimo se viera increíblemente beneficiado.

Cuando él observo que ya me sentía mucho mejor me dijo que se tendría que ir, pues en cualquier momento iba a amanecer y temprano tendría que ir a trabajar.
Totalmente sorprendido y con una nerviosa sonrisa, mezcla de preocupación y culpa, le pregunté el porqué no me había dicho que debería ir a trabajar, pues no iba a poder descansar absolutamente nada.

El sonrió y me dijo:

– No hay problema, para eso estamos los amigos.

Me sentí feliz y orgullo de tener un amigo así. Lo acompañe a la puerta y cuando estaba entrando a su coche, casi gritando le pregunté:

– Y a todo esto, ¿Por qué llamaste anoche tan tarde?

Él regresó y me dijo en voz baja:

– Es que te quería dar una noticia…

– ¿Qué pasó?

– Fui al doctor y me dijo que estoy muy enfermo, y que no saben si me voy a poder curar.

Yo me quedé mudo, un frío intenso me recorrió todo el cuerpo y creo que en mi expresión todos mis sentimientos quedaron muy fielmente reflejados. Él sonrió, y me dijo:

– Pero de éso, ya hablaremos en otro momento. Que tengas un buen día…

Se dio la vuelta y se fue.

Pasé un buen rato en la vereda sin poder mover si quiera un pie, creo que me costó varios minutos asimilar lo que había sucedido,
¿Por qué cuando me preguntó cómo estaba me olvide de él y me preocupe solo por mí?
¿Cómo tuvo fuerzas para sonreírme, darme ánimos, estando él en esa situación?
¿Cómo pudo en tan poco tiempo y cuando yo sólo fui el que habló, enseñarme mucho más que nadie sobre la vida?

Desde aquel día siento que mi vida ha cambiado, soy menos dramático con mis problemas, intento disfrutar más de las cosas buenas y simples que me da la vida, aprovecho mucho más el tiempo con la gente que quiero.

Y por supuesto que no dejé de preocuparme por él, lo acompañé todas las veces que pude a sus controles y compartimos juntos sus últimos momentos, ésos en los que su cansada y triste sonrisa, ni por un instante dejó de brillar.

 

Daniel Calcagni.

El anciano y su perro.

En lo alto de una pequeña montaña que dividía a un pueblito del resto del mundo, vivía un anciano, muy sabio y solitario, cuya única y fiel compañía era su inseparable perro.

Solía tener la costumbre de bajar al pueblo y pasar horas meditando en una vieja glorieta construída en madera a las orillas del pequeño río que lo cruzaba. Hasta su viejo y fiel acompañante parecía tener comprado un placentero lugar en la vieja glorieta, apenas donde terminaba la ruidosa escalera pasaba echado por horas aprovechando el cálido sol de las largas tardes de primavera.

Muchas personas del pueblo se juntaban al pie de aquella vieja construcción y aprovechando la sabiduría del muy accesible y tierno anciano, les contaban sus dudas, temores y conflictos esperando alguna respuesta que los aconseje o al menos unas palabras de aliento que les permitiera ver sus problemas desde algún otro punto de vista.

En alguno de esos días, quien era uno de sus siempre seguidores, se animó a realizarle las siguientes preguntas:

– ¿Por qué cada vez que nos acercamos a usted, su perro, que siempre está tirado a su lado, gruñe fuertemente con clara amenaza y como advirtiéndonos de no seguir avanzando?
¿Es que no puedes aceptar que nosotros estemos junto a ti?
¿Te sientes muy diferente a nosotros y este perro esta entrenado para ahuyentar a los que queremos tenerte mas cerca?

Con una gran sonrisa, algo alvergonzado por las preguntas y con un tono de voz como pidiendo disculpas, el anciano les dijo:

– No !!! Vosotros habéis construido esta tarima, y cuando pisan en ese primer escalón, un pequeño clavo mal puesto sobresale un poco más, justo en donde siempre se echa mi perro y toca su pata. Es por éso que el perro gruñe, algo le debe doler pobre.

– Pero entonces, si le duele porque no se corre, por qué no cambia y se echa en otro lugar? – con singular convencimiento le hacen el comentario.

– No !!! No es tan así. Es que le duele como para quejarse un poco, pero no lo suficiente como para tener que salir de allí. – con gran sabiduría responde el viejo.

(dc)


Fue mi intención con esta historia cuestionar la “muchas veces” propia y rutinaria manera de vivir. Cuántas veces inocentemente soportamos pequeños “dolores” o sentidas “molestias”, pero que creemos que no son de la suficiente magnitud como para cambiar el modo de vida o bien el lugar en donde nos encontramos muy acostumbrados en permanecer.

No necesariamente el simple hecho de sentirnos incómodos en un lugar o en alguna situación nos impulsa a iniciar un proceso de cambios, muchas veces los miedos o las inseguridades nos juegan muy en contra respecto a lo mejor que podríamos hacer.

¿Estás cómodo viviendo tu vida?
¿Hay molestias pero se soportan bien?
¿Duele mucho, pero da terror cambiar?

Que difícil que lo es todo, no es cierto?

 

Nadie nos dijo que vivir sea sencillo, ni que siempre van a existir respuestas a todas nuestras preguntas…

Pero de lo que sí estoy muy seguro, es que mientras más podamos conocernos, entendernos y aceptarnos, en mejor situación estaremos de lograr encontrar al menos las respuestas que nos den esa tranquilidad, esa paz, ese equilibrio emocional al cual siempre hago referencia y que tanto bien nos hace.

Tú mismo descubre tu verdad.

El anciano y el genio.

Ordenando sus viejas pertenencias, el humilde y solitario anciano encontró una muy vieja lámpara de aceite que alguna vez le habían obsequiado. Grandísima fue la sorpresa del genio, al aparecer súbitamente debido a los delicados movimientos que el anciano realizaba intentando limpiarla, al percibir que su presencia no era advertida por quien acababa de liberarlo de su milenaria estadía en esa muy pequeñita prisión.
Cómo podría entonces concederle sus tres deseos si ni siquiera podía hacerle escuchar su voz, mucho menos hacerle notar su mágica aparición. Jamás le había sucedido algo parecido y el genio ya empezaba a sospechar que todos sus poderes se habrían perdido y que éste no era más que el principio del fin de sus días como tal.
Como último recurso y con los débiles poderes que creía aún tener, intentó el genio convertirse en humano para así entablar una conversación con el anciano y poder conocerlo. Quién sabe? Quizás todavía podría concederle sus deseos en agradecimiento por su tan esperada liberación.
Y fue así que golpeó en las puertas de la pequeña morada un joven que decía venir de muy lejos y estar cansado y muy hambriento. El sabio y enfermo anciano le brindó la mas cálida de las bienvenidas y durante horas tuvieron el mejor de los acercamientos.
El genio, humano ahora, conoció como nunca antes, hermosas enseñanzas e increíbles nuevos sentimientos. El anciano ya tenía con quien hablar, a quién traspasarle su conocimiento, a quien brindarle esa compañía que ya creía nadie valoraba.
Comprendió entonces el genio que el destino una vez más había obrado de la única manera posible, y pudo sin casi darse cuenta, concederle el deseo más grande que el anciano podría haber tenido, no morir solo, sin nadie a su lado… habría conseguido tener un amigo.
.
Daniel Calcagni

Desesperación.

Ese ruido había desencadenado en él una serie de rápidos pensamientos y toda su vida había transcurrido en imágenes en apenas fracciones de segundo. Instintivamente se llevó las manos a los bolsillos y no pudo evitar padecer no sólo pequeños ahogos sino sucesivos mareos quizás por haber notado que no traía su celular. Todo daba vueltas en una extraña simbiosis de absoluto silencio y tremenda oscuridad. Quizo gritar, pedir auxilio, pero cada infructuoso intento lo iba llevando abruptamente a un estado de pánico tal, que sólo su ahora inalcanzable y milagrosa pastilla podría evitarlo. Prácticamente empapado en transpiracion se dejó lentamente caer mientras iba deslizando su espalda apoyada contra la pared. Buscaba desesperadamente alguna forma de pensamiento que lo llevará a tranquilizarse, aunque sea durante al menos esos pocos y últimos minutos de vida que le parecía que le restaban. El pensar en sus hijos hicieron que de alguna manera pudiera sacar algo de fuerzas, quería poder enfrentar la situación con mayor entereza; en el fondo no le parecía nada justo que ellos tuvieran que llevar en sus espaldas el recuerdo vergonzoso de un padre cobarde, al que prefirieran algún día olvidar.

Sin embargo un milagroso y extraño sonido, acompañado al mismo tiempo por la iluminación de todo el interior del ascensor en el cual se encontraba, pareció generar el impulso necesario para que se pusiera nuevamente en marcha y llegara hasta el piso donde se encontraba su nuevo y ya no tan apreciado departamento.

Una vez abierta la puerta de la terrorífica nave, haber conseguido levantarse de su incomoda posición en el piso, arreglarse un poco la ropa, secarse lo que pudo la transpiración e intentar cambiar al menos un poco la expresión de su seguramente desencajada cara, con dulce voz y simulando una completa y armoniosa tranquilidad, se dirigió a su mujer que lo estaba esperando preocupada del otro lado del pasillo:

“Hola mi amor, como va todo? Aquí también se cortó la luz?”

 

Daniel Calcagni.

Un gran descubrimiento.

Había podido terminar con los últimos detalles que le faltaban para dar por concluido el más genial de sus increíbles inventos. Con él no sólo se podrían detectar e interpretar uno por uno todos los recuerdos y sentimientos de una persona, sino que podrían ser extirpados o bien implantados una vez corregidos o programados.

Casi sin perder tiempo en el estudio de todos los posibles alcances de su genial invención, él mismo insistía en ser la primer persona con la que se harían las primeras prueba de funcionamiento y dar por fin como concedido su mayor deseo de alcanzar la felicidad que nunca había tenido. Él sostenía que sólo habría que sacar de su cabeza y para siempre,  todos esos recuerdos que le eran tan negativos y con ellos extirpar todos esos sentimientos de odio, rencor, vergüenza y tristeza con los cuales ya no podía seguir viviendo y que por otro lado lo habían inspirado para la tan novedosa creación.

Y así fue que lleno de electrodos por toda su cabeza y luego de una minuciosa parametrización del “sentianalizador de recuerdos”, luego de un par de minutos de ruidos extraños y unos sinnúmeros de imágenes muy raras que se iban solapando indescifrablemente en los monitores, un gran y colorido “done” apareció en la pantalla principal indicando la finalización del proceso.

Fue tal el silencio que se produjo entonces en la sala de ensayos, que no parecía que decenas de técnicos y profesionales aguardaban atónitos cualquier movimiento o sonido proveniente  de su líder inventor.

Independientemente que todos sus signos vitales, que estaban siendo rigurosamente monitoreados, mostraban una absoluta normalidad, sólo sus párpados presentaban movimiento al pestañar, aunque su expresión fue lentamente cambiando hasta culminar en varias y silenciosas lágrimas que humedecieron prácticamente todo su rostro.

Lentamente se pudo sentar sobre la camilla y mientras procuraban sacarles  los electrodos, sólo emitió tres muy simples palabras:

“No soy yo”

Y es que el impredecible ser que somos, ante la ausencia de los sentimientos que solemos llamar negativos, lo habían sumergido en una pesadilla tan llena de tristeza y oscuridad, que muy distante estaba de ese ideal de felicidad que se espera alcanzar con el ideado experimento.

Consecuencia de ello y del insaciable deseo de acabar con su vida, el grupo de científicos que secundaba al muy apreciado genio creador, decidió revertir el proceso y someterlo a una sesión de reimplantación en el cual pudiera volver a recuperar todos los sentimientos y recuerdos que habían sido fielmente respaldados en la sofisticada máquina.

Paradójicamente y una vez implantados todos esos tristes y dolorosos sentimientos que durante toda su vida había cosechado y que tan cansado y avergonzado estaba de poseer, pudo alcanzar una total felicidad, esa felicidad que alguna vez ya había sentido sin darse cuenta, ésa que de ahora en más no dejaría ni por un instante de valorar, ésa que había en carne propia descubierto que sola y aislada…  jamás podría existir.

 

Daniel Calcagni.

 

La victoria.

Había llegado el día menos esperado por los que aún podían soñar… El día en que moría el último hombre de manos de un robot. La guerra contra los robots finalizaba y la raza humana ya no tenía representantes sobre la faz de la tierra.

Apenas un instante después, sin lograr encontrar sentido alguno a la victoria, sin poder disfrutarla y siendo totalmente incapaces de vivirla, los artilugios electromecánicos se paralizaron por completo, habían quedado huérfanos de toda misión.

 

Daniel Calcagni

El creador.

Se le había ocurrido inventar un sistema totalmente autónomo, uno que pudiera captar imágenes en colores y procesarlas instantáneamente en tres dimensiones, resolver perspectivas, calcular profundidades, se adaptara perfectamente a distintos niveles de luminosidad, ya sea ante el brillo del sol o en la penumbra, que captara sonidos y pueda discriminarlos selectivamente para procesar sus contenidos, que pudiera recibir aromas y que no solo los memorizara sino que también pudiera diferenciarlos y hasta cancelarlos, que pudiera sentir a través de su recubrimiento exterior la temperatura, la humedad, radiaciones, porosidad, rugosidad, texturas y hasta pueda reconstituirse, que tuviera la capacidad de obtener estímulos o sabores a través de receptores gustativos, la capacidad de emitir sonidos de tal forma que le permitiera interactuar con otros sistemas similares para comunicarse y poder llegar a logros mucho más trascendentales que los individuales, que pudiera valerse por si mismo de los alimentos necesarios para su subsistencia y que por múltiples y sofisticados procesos internos elabore todas las sustancias vitales para su funcionamiento y subsistencia, que tuviera inmensos deseos de reproducirse y como si todo esto fuera poco, también pudiera crear, pensar, memorizar, imaginar, llorar, reír, gritar, odiar, perdonar, estudiar, crecer, emocionarse, equivocarse, sufrir, amar, sentir… y saberse en todo momento único y mortal.

Y Dios creó al hombre…

Entre héroes y penumbras.

No, no es fácil. No es nada fácil ser un desgraciado asesino a sueldo. Para el común de la gente puede parecer algo muy sencillo, pero no se imaginan lo dura, triste y solitaria que es esta vida. Y es que las películas de Hollywood han logrado crear en la mente de todos un perfil muy equivocado sobre quiénes somos, sí… aparecemos en el momento preciso con nuestro rifle de mira telescópica, jamás nos tiembla el pulso, ni nuestra mente se distrae en disertaciones filosóficas acerca de lo que está bien y de lo que está el mal, llegamos a ese instante tan minuciosamente calculado como si nada, simplemente apuntamos, disparamos, desaparecemos y listo, como si todo pudiera ser una secuencia de fríos y discretos pasos milimétricos que se olvidan una vez que fueron dados. Almas invisibles, manos desconocidas, dinero negro, sucio y apestado… Ja!

Bueno, ya estoy a pocos segundos de reventarle los sesos a un político corrupto. Pocos segundos, muy pocos. Llevo meses preparando este trabajo, siempre oculto, haciéndome pasar por quién no soy, entre el gentío pero sin ser gente, cronometrando cada movimiento de este mal nacido hdp que, ahora más que nunca estoy convencido, no merece otra cosa que la muerte.

En algunos segundos más, este miserable, ladrón, atorrante, habrá sido… y mañana será portada. Ja…! Tendremos otro puto mártir, otro falso héroe de esta tan nuestra y manoseada historia…

Sólo algunos pocos segundos…

.

Daniel Calcagni

Los milagros.

Habia consagrado toda su vida a negar que los milagros existen, toda su fe estaba construida sobre pilares de negación y descreimiento. Hasta tenía colgada una imagen de Cristo en lo alto de su pieza como prueba de su desafiante filosofía de vida.

Solía hablarle a ella, como burlándose :

“Si tan cerca de Dios estás… demostrame que estoy equivocado !!!”

Pero su avaricia era tal que sus días pasaban calculando riquezas, proyectando conquistas, cosechando miserias, mientras que oscuros pensamientos teñían de gris toda posibilidad de asimilar coloridas sus vivencias.

Aquel día … ya viejo, muy solo, triste cómo no podía ser de otra manera y abrumado mentalmente por sus desdibujados y confusos pensamientos, sintió mientras descansaba que su cuerpo se elevaba lentamente hacia esa imagen de Cristo qué, un tanto abandonada, nunca había dejado de observarlo desde allí.

Sorprendido y asustado gritó :

No!!! No!!! Ahora No!!! Es muy tarde!!!

Y deseó con todas sus fuerzas volver a su lecho de descanso y olvidar para siempre ese milagroso hecho que no hacía más que sacudir sus reñidas creencias y revivir esos viejos y buenos sentimientos que ocultos esperaban algún día poder surgir.

Quizo ansiosamente recuperar todo aquello por lo cual sostenía estar convencido y no morir sabiendo que todo su pasado había estaba equivocado y ahora, viejo y enfermo, sus días se convertirían en arrepentimiento y en un triste y amargo final.

Vivió el resto de su vida desorientado, perdido, con una muy controvertida idea de un sueño extraño que marcó en su historia un punto sin retorno, la duda de si a los milagros hay que negarlos o simplemente no desearlos fervorosamente y en soledad…

.
Daniel Calcagni.

Crónica del despertar de un niño hecho grande…

Desperté con un terrible dolor en la panza, será de hambre o de frío? No sé, pronto se irá… Éso es lo que tiene el  invierno, todo es un bajón, uno nunca sabe cuando llega lo peor…

La luz que entra por los agujeritos del techo de chapa me dejan ver que mi viejo todavía no está, es lo primero que miró al levantarme, tengo la esperanza que algún día vuelva. Él y mi hermano mayor hace varios meses que duermen en otro lado, “ma” me dice que están en la “otra casa”, y mucho más no quiero preguntar, me grita cada vez que lo hago.

Sólo las zapatillas y la campera me separan de volver a estar en la calle, ya veré que hay para hoy. Algunos “compas” me han dicho que hay chicos que tienen la suerte que sus madres los despierten, los ayuden a cambiarse de ropa y hasta les preparen un rico desayuno… mmmmm, se acordará mi mamá que tengo 11 años? De tantas veces que se equivoca mi nombre al llamarme, la verdad, ya no sé si me quiere… yo la adoro, a veces me vienen algunos lindos recuerdos de chiquito, cuando me alzaba y me daba besos.

El plato del pan está vacío, pero tengo algunas monedas que me hice ayer, voy a ir a comprar a lo del Piny las facturas del día anterior, Mamá se va a poner contenta cuando se levante. Aunque ahora que miro bien tampoco está, ya me parecía raro no haberme despertado cuando llega de madrugada.

Que angustia… Que habrá pasado? Cómo será morir? A veces lo pienso…

 

Daniel Calcagni.

Carta a mi chozno.

Con todo mi amor, para ser leído algún día por mi queridísimo chozno. (hijo de mi tataranieto)

Como desearía que pudieras percibir todo mi sentir a través de esta carta y que tal vez, si así fuera mi querido niño, suplicaría que no estuvieras enojado conmigo. Cuantas veces pienso en ti, en como estarás, como será tu familia, también mía, en como será tu mundo en esos días, si aún pueden ver brillar la luna, si la primavera pudo guardar para ustedes sus adorables aromas, si el amanecer puede seguir dándole la bienvenida a cada día.

Tengo el convencimiento que en nuestros días no estamos haciendo lo correcto para dejarles puro el aire, clara el agua y sanos los alimentos, mis lágrimas al imaginar tu presente nada resuelven y es grande mi impotencia al saber que no es mucho lo que uno pueda hacer.

Creo que no todos pueden sentir el amor por los que aún no han llegado, ni concebir que el futuro bienestar de sus descendientes de tan sólo ellos depende, de otra manera no seguiríamos sorteando por completo nuestro futuro, tu presente…

Si tengo que encontrar el porqué lo hacemos, o bien tu “por qué lo hicieron…?”, parecería que no nos preocuparan tamañas consecuencias. No sé, es una cruel paradoja, quién no quisiera que quienes llevarán nuestra sangre estuvieran mucho mejor que nosotros; pero si bien en nuestros días hay muchas religiones que siguen separando indiscutiblemente al hombre, y muchas concepciones políticas que no hacen más que seguir sembrando el odio de clases sociales, todos parecen aunar criterios en cuanto a la adoración por el dinero, y por él, muchos hicieron, hacen y harán cualquier cosa, y para peor, sin importar cuáles son los límites.

Si, mi querido !!! Quién lo tiene se cree poderoso, intocable, que sus actos son impunes y por alguna razón, quizás física, quizás psicológica, el amor en ellos queda encerrado en rincones tan distantes de la comprensión, que quedan imposibilitados de darse cuenta de sus acciones y hacer algo al respecto.

No te sigas preguntando el porqué, creo que es inútil, ni te preguntes el cómo, pues ya es muy tarde…

Te siento parte de mí y más vale, te amaré por siempre.

Con todo mi amor.

Dany.
El padre de tu tatarabuelo.

Un cuento… sólo éso.


Cuenta la historia que existían dos pueblos separados por un estrecho riachuelo y que estaban muy enemistados entre sí.

En uno de ellos vivían mayoritariamente gente buena, humilde, trabajadora, donde sólo la inocencia tenía cabida y tan así era que quienes los representaban solían aprovecharse de ello, y en pos de sus propias malas intenciones y de un gran anhelo de riquezas, hacían de la inocencia y desprotección de sus representados el gran e inusitado poder que por décadas pudieron ir obteniendo.

En el otro pueblo en cambio, la mayor parte de sus ciudadanos creían ser instruidos, sagaces, hábiles para las negociaciones y porque no, basadas en sus propios modos de vida, hasta se habrían convertido en algo egoístas. Muy claramente los que llevaban adelante a esta sociedad, al contrario del otro pueblo, eran títeres con cara de buenos, presencia un poco tonta y hasta con apariencia de algo débiles, y eran escogidos adrede por el máximo poder de esa gran urbe, el cual estaba constituido por gente malvada que siempre intentaban mantenerse ocultos y que nunca mostraban sus rostros simplemente para poder seguir perpetuándose en lo que ellos perfectamente sabían era el verdadero poder.

Un día entraron en plena disputa los líderes de ambos pueblos con la finalidad de constituir una gran nación, y el cara de bueno no hacía otra cosa que criticar a la malvada del pueblo vecino por sus malas acciones y esta última sin poder defenderse de sus intrínsecas intenciones no podía más que intentar desenmascarar la situación que llevaba al cara de bueno al poder…

Cuenta la historia que por más que uno de ellos ganó… los pueblos siempre han sabido que ninguno de ellos se habría realmente beneficiado….

Los cuentos… cuentos son.

 

Daniel Calcagni.

Sólo tú lo haces.

Despierto, respiro, pero no…

La débil luz me dice que ha llegado un nuevo día, pero no…

Vienen a mí claros pensamientos, pero no…

Repaso uno a uno mis más esenciales recuerdos, pero tampoco…

Recién el buscar tu mano entre la sábanas y sentir tus cálidos dedos entre los míos,

puedo percibir que aún… sigo vivo.

 

Daniel Calcagni.

 

Hoy tuve un sueño…

 

Hoy tuve un sueño …

No sé el porqué, pero me encontraba en un humilde patio, con mucha gente, mucho ruido, mucha confusión. Tampoco sé el porqué, pero me encontraba hablando con una criatura muy menudita, pelo cortito y un tanto sucio como desparejo, estaba descalza y como sólo tenía un pantaloncito, recién al escucharla me pude percatar que era una dulce nena.

– “Cuando sea grande, quiero ser mala.”, me dijo.

Le pregunté por qué? Que por qué me decía eso? Pues parecía hacerlo con mucho convencimiento.

– “Porque Sí, porque no hay otra manera!!! “, temblaba su dulce vocecita mientras me lo decía.

Destrozado por su respuesta mis rodillas se desplomaron al suelo y tomándole sus manitos, mirándola a los ojos y muy seguramente con una expresión desesperada le dije que Noooo!!!

Que Dios la había puesto en este mundo para que sea feliz, y que para ello tenía que ser muy buena.

Un silencio eterno me dejó ver en sus tristes ojos, dos muy pequeñas lagrimitas, hasta casi aseguraría que aparecieron a pesar de todo el esfuerzo que habría hecho para que no lo hicieran… y con pasos muy cortitos, salió corriendo hasta perderse de vista en una humilde vivienda, como dando un portazo que sólo pudo sonar en mi alma porque no había ninguna puerta.

Fue cuando un nene, apenas mayor que ella, de una figura muy parecida al de la niña y cuya última imagen había quedado más grabada en mi corazón que en mi mente, llorando, casi desconsoladamente, como buscando en mí a un simple aliado, me abrazó fuertemente y entre llantos me dijo :

– “ Qué podré hacer para que entienda …? Yo siempre le digo lo mismo, pero nunca parece escucharme. “

Y desperté … con un raro y amargo sentimiento… ése, que a pesar de saberlo un sueño, la culpa de sentir que bajo ciertas circunstancias pueda darse en algún niño el sentimiento desencajado de esa divinura, no me dejó volver a dormirme.

Hoy…

Hoy tuve un sueño…

 

Daniel Calcagni

 

No me olvides.

No entendía que era lo que estaba pasando, pero pudo girar un poco la cabeza, sorprendida pudo observar cuan grande estaba quien le venía brindando sombra todos los días, cuanto que había crecido. Lo había visto nacer, pero hacía ya muchos años que apenas podía ver sólo algunas de sus ramas.
También pudo dar unos pasos y al fin conocer el mundo escondido tras el enorme nogal. Todo era increíblemente raro, estaba donde siempre, pero todo se veía distinto, toda la visión estática que tenía de su realidad, había cobrado movimiento.

Caminó varios pasos más y fue conociendo el universo del atrás de las cosas, intentaba conservar en su memoria hasta el más pequeño de los detalles, quería al volver de su extraño paseo poder replantear toda su existencia, del cómo se veía todo distinto, cambiar el sentido que hasta ese entonces tenía de la repetida y plana imágen de su vida, aprovechar cada instante de ese nuevo mundo que le iba presentando el más allá.

Misteriosamente pudo recorrer por horas toda la plaza sin que nadie la molestará, estaba feliz, se sentía distinta, emocionada, todo parecía ser un regalo del cielo.

Fue entonces al observar la fachada de una vieja casa, cuando recordó el día en el cual su amado creador, mientras delicadamente y con manos de seda la estaba esculpiendo, con voz quebradiza le decía:

“El día que yo me esté yendo de este mundo, pasaré a visitarte y juntos, cuando nadie nos vea, daremos una vuelta, tu me enseñarás tu lugar y yo me despediré de ti dejándote todo mi sentir, y como lo haría con el hijo que nunca tuve, te suplicaré que nunca, nunca te olvides de mí.”

De pronto sintió estar nuevamente en su sitio, mirando el paisaje de siempre, acompañada más que nunca de todas sus aves queridas y con, hasta ese entonces desconocidas, algunas pequeñas lágrimas en sus ojos.

Pensamientos.

Unos estarán escuchando música; nosotros sólo escuchamos estruendos…
Otros estarán disfrutando de un paisaje; nosotros vemos paredes oscuras, techos desmoronados y muchos escombros…
Quizás algunos duerman plácidamente; nuestros ojos se cierran a veces aterrorizados por el miedo de no volver nunca más a poder abrirlos…
Debe haber padres que ven a sus hijos alimentarse y educarse; yo veo a mis hijos temblar de miedo, sufrir el hambre y no entender lo que se siente tener futuro…
Cómo quisiera poder haber retenido en mi memoria la última sonrisa de la madre de mis hijos, lo más precioso que nos robaron fue la maravillosa acción de poder reír. Y que lindo sería volver a sentir nuevamente el aire puro, oír cantar a los pájaros y descansar bajo el manto protector de una leve lluvia que prometa dejarle lugar al más cálido de los rayos del sol; en cambio aquí el polvo, la oscuridad y por momentos el más terrible de los silencios nos pintan un escenario que quiebra a la mente y debilita al corazón.

Me pregunto: ¿qué nos diferencia? ¿porqué vos sí y yo no…?
¿El azar te hizo nacer estrellado y a nosotros olvidados?
¿Será tan así? ¿Existen realmente humanos privilegiados y otros descartables?
¿Mi alma que es igual a la tuya, tiene que ser propiedad de otro y nunca más va a ser mía?
Si yo soy el que siente, el que sufre, el que teme, el que piensa … ¿por qué no somos los dueños de nuestro destino?

Muy triste me doy cuenta que lo único que hoy tengo son preguntas y paradójicamente lo que más solicita mi familia son respuestas…

Respuestas que yo no tengo, pero que muy probablemente, tú si las puedas tener…

Daniel Calcagni.

 

La demanda.

Todos se habían puesto de acuerdo y estaban decididos a demandarlo por no cumplir sus promesas. Habían puesto su mayor esfuerzo y nadie dejó de hacer todo lo posible, sin embargo nada terminó como él lo había planteado. Un final tan inesperado y triste sólo tendría un culpable… y era él.
Ahora los personajes de esta historia alzarían su voz e irían con todas sus fuerzas. Tendrían a su favor muchas páginas del libro como prueba.

Al autor solo le quedará defenderse argumentando que la vida, a veces, simplemente nos cambia la manera de sentir…

 

Daniel Calcagni

Vida…

Otro día muy largo había llegado a su fin y tampoco había salido sorteada. Esos sorteos celestiales parecían nunca estar de su lado….

Que injusta y cruel maniobra del destino la habían llevado a esa situación, no era poco lo que estaba en juego, para ella era importante, todo su futuro dependía de ello. Soñaba por las noches que al despertar hubiera sido la elegida.

Cansada de tener tantos pensamientos perturbadores ya no veía la hora que llegase ese día, ése en el cual sienta que si bien su corazón sería prestado, se acabaran sus miedos y su vida al fin pudiera tomar otro sentido…

La inocente niña lo merecía…

Su familia, inundada de impotencia y desesperación, también…

Daniel Calcagni.

Despertar a tu lado.

No sabía si estaba soñando,  pero sentía despertar en un día ya vivido, ella aun estaba allí, bella e inocente, durmiendo muy tranquila, quizás debido a sentirse protegida por el manto invisible de estar a su lado.

Pensó que el destino mágicamente le dejaría evitar todo el daño que había hecho, pero por donde empezar, debería pensarlo muy bien, ahora solo importaba la felicidad de quien tanto lo amaba.

Lo que no sabía era que su corazón había dejado de latir y no podría partir sin antes cumplir con aquel noble cometido.

 

Daniel Calcagni

Hablar con Dios.

Su más grande deseo era simplemente hablar con Dios… No podía pensar otra cosa, era mucho lo que quería decirle, su familia pasaba miseria, sus hijos nunca salían de esa condición enfermiza, su humilde morada ya no resistía ni las más débiles tormentas y él, ya no soportaba ni el peso de su edad ni el de sus obligaciones.
Muchas horas pasaba esperando el milagro, otros lo habían logrado, porque no él, tampoco era mucho lo que iba a pedirle, una mejor paga, mejores condiciones de trabajo, quizás hasta un aumento de categoría…
Eugenio Dios, dueño de la empresa, nunca parecía estar dispuesto a atenderlo.
.
Daniel Calcagni