Un viaje de vida…

Todos hemos tenido en algún momento de nuestras vidas alguna de esas vivencias absolutamente inesperadas que nos marcan un antes y un después, de ésas que sin esperarla nos enseñan que siempre podemos estar equivocados en lo que creemos o bien en lo que pensamos.

Recuerdo ese día que tenía que llevarle unos apuntes a un amigo de la facultad que estaba enfermo, para lo cual había tomado el tren Belgrano Sur que me llevaba a Laferrere, donde él vivía.

Me llamó la atención durante el viaje la cantidad de changarines del Mercado Central que subían, como también nenes pidiendo y los que parecían ser cartoneros y limpiavidrios ocasionales.

En una estación intermedia subió un “chabón” tipo Chizzo de La Renga, con un enorme tatuaje de Cristo en un brazo y una colorida serpiente en el otro, que por lo alto de su voz, no pudo más que ser el centro de atención de todos los que estamos a su alrededor en ese vagón.

– “Ey, ey, gatos!!! Hoy no se van a salvar de mí, eh !!! Rollin’ Estones a pleno!!!”.

Le manguea una seca a unos pibitos que estaban fumando medio escondidos en un rincón y sigue:

– “A ver, a ver !!! Que vengan los cobanis nomás al furgón, que hoy el que manda es el Gasolero!!!”.

Saluda a dos pibas que se estaban por bajar en Lugano y le grita algo a un tipo trajeado que subía y que en realidad no pude distinguir bien si se trataba de una amenaza o un saludo efusivo. De repente se para justo adelante mío, me mira fijo y me pregunta:

– “¿Y vos qué estás leyendo?”.

Yo, que estaba apoyado sobre una puerta que no abría, por ese prurito imbécil, debido acaso a esa condescendencia clasemediera que encubre un cierto gorilismo aprendido sin que uno lo quiera por el medio en que le tocó vivir, casi tartamudeando le digo:

– “No… eh… nada, un libro de historia…”.

Me dio cosa, en ese momento y en ese ámbito, decir “Dostoievski”. Qué sé yo. De puro boludo culposo. El chabón se me acerca más, mira el libro, se queda pensando unos segundos y me dice:

– “¿Flaco, vos me estás tomando por pelotudo? Ésto no es un libro de historia, ¡esto es el ruso Dostoievski! Qué te pensás, que no conozco a Dostoievski? ‘Crimen y castigo’, ‘Los Hermanos Karamazov’, ‘Pobre gente’, ‘Las noches blancas’,… ¡Un zarpado! ¡Tremenda masa los rusos!”.

Me saca el libro, lee el título y bajando un cambio en su modo eufórico de expresarse y con un tono muchísimo más cordial, me dice:

– “Ah, capo, pero con éste me cagaste: ‘La aldea de Stepanchikovo’, no lo leí. ¿Qué tal está?”

Totalmente sorprendido como desconcertado le contesté:

– “No tan bueno como ‘Los hermanos Karamazov’, pero mucho más liviano.”

– “Cuando estaba encanutado me lo leí todo, chabón : Dostoievski, Tolstoi, Chéjov, Pushkin, Nikolái Gógol, Bukowski….. (se hace un silencio y me mira a los ojos) Jajajaja !!! ya sé, este último no es ruso, es un alemán que se hizo yanqui, te estaba probando…
Cuando volvíamos de la biblioteca, a los cobanis, cada dos por tres se les daba por cagarnos a palos. Nunca nos decían por qué…, pero se ve que les daba mucha bronca que leyéramos…
¿Sabías que el Dostoievski también estuvo preso en su Rusia?
Formaba parte del grupo intelectual liberal Círculo Petrashevski y lo encanutaron bajo el cargo de conspirar contra el zar Nicolás I y poner en peligro su ‘autocracia’.
El tipo en sus escritos exploraba mucho la psicología humana en el complejo contexto político, social y espiritual de la sociedad rusa de ese momento, así que te imaginarás…”

Respiró hondo y con un claro gesto de profundo pesar, continuó diciendo:

– “Ahora casi no tengo tiempo de leer… pero te juro que me encantaría.”

Cada vez más sorprendido, estupefacto diría yo, y con un tono de voz impregnada de compañerismo le pregunté:

– ¿Ahora qué hacés?

Volviendo al que creo era realmente su modo habitual de expresarse me contesta:

– “Soy… empresario independiente… jajajaja (la carcajada se debió haber escuchado desde la próxima estación). ¿Y sabes qué? No me va nada mal!!! No es lo que más me gusta… pero tengo puestitos de venta de frutas y verduras. No paro en todo el día, ni tengo sábados ni domingos para estar de lleno con mi piba y los chicos, pero… todo bien chabón!!!”

Mira por la ventanilla y como volviendo a su mundo, no muy convencido, balbucea:

– “Me bajo en la próxima, tengo que laburar”.

Me da la mano de una forma que me dejó percibir todos sus anhelos, sus carencias, sus incomodidades, su sufrimiento, su infelicidad, como si su historia se hubiera escabullido hacia mí a través de sus dedos, y justo antes de tirarse al andén de la estación le pega un último grito a sus compañeros del vagón.

– “Cuídenme a este guachín, es un buen pibe !!!!”

Y el silencio que provino después, nos separó para siempre.

Mi cabeza hizo “click” luego de ese día.

Y claro… Si tenés un tatuaje, hablás raro, a los gritos, o si tu aspecto no es muy formal que digamos, tenés que, “sí o sí”, ser bruto, maleducado o malaprendido, violento y hasta porque no, delincuente. Porque si no lo sos… simplemente, desencajas…

Ojo !!! Que los desencanjados, en ésta o en cualquier otra historia… no seamos nosotros!!!

(dc)

Hubo un momento…

Hubo un momento en el que creías que la tristeza sería eterna, pero volviste a sorprenderte a ti mismo riendo sin parar.
Hubo un momento en el que dejaste de creer en el amor y luego apareció esa persona y no pudiste dejar de amarla cada día más.
Hubo un momento en el que la amistad parecía no existir y conociste a ese amigo que te hizo reír y llorar, en los mejores y en los peores momentos.
Hubo un momento en el que estabas seguro que la comunicación con alguien se había perdido y te sorprendiste gratamente al recibir ese mensaje.
Hubo un momento en el que una pelea prometía ser eterna, y sin embargo mucho antes de entristecerte para siempre terminó en un abrazo.
Hubo un momento en el que sentiste que simplemente no podrías hacer algo y hoy te sorprendes a ti mismo haciéndolo mejor que nadie.
Hubo un momento en el que creíste que nadie podía comprenderte y te quedaste sin palabras mientras alguien parecía leer tu corazón.
Así como hubo momentos en que la vida cambió en un instante, nunca olvides que aún habrá momentos en que lo imposible se tornará un sueño hecho realidad.
Nunca dejes de soñar, porque soñar es el principio del sueño hecho realidad.
Nunca dejes de tener esperanza, porque en ella… está el milagro de la vida.
***
El autor del texto es desconocido (en realidad me animé a modificarlo un poquito…). El del tema musical en cambio, es un verdadero y loco improvisado… (perdón por ello)

No se nace… se hace.

Está foto me deslumbró !!! Y habla por si sola…
“Uno no nace racista, muy desgraciadamente algunos se hacen…”
Cuando nos referimos al racismo, la xenofobia y otras formas de intolerancia, no hace falta subrayar, en qué medida se oponen unos y otras a la convivencia elementalmente humana. El artículo 2 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 de Naciones Unidas así lo expresaba refiriéndose a todos los derechos básicos, incluido el de educación:
“Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”.
Pero guiarnos solamente por esta declaración de la inhumanidad que contamina a toda discriminación, tiene limitaciones que no son pequeñas, especialmente cuando queremos detectar y prevenir la incidencia de la discriminación en el campo de la enseñanza o en cualquier otro. Y es que dicha declaración, como correspondía a la Asamblea de Naciones Unidas y al momento en que se aprobó, está redactada en un lenguaje jurídico y moral que no detalla los diversos modos de producirse y disfrazarse de las distintas clases de discriminación que ocurren en las escuelas.
La Declaración se mantiene en el alto nivel de la condena de lo intolerable, pero no intenta iluminar los procesos en los que se gesta ni las formas que revisten las conductas discriminadoras. Cuando queremos mirar más de cerca los hechos, otra dificultad sobreviene: la de las muchas mezclas e inexactitudes que nos hemos ido permitiendo al hablar de racismo y xenofobia en nuestras conversaciones cotidianas y también en las ref lexiones dirigidas a actuaciones y fines prácticos concretos. Y es que, tanto en las fuentes oficiales como en la conversación ordinaria usamos la palabra racismo a sabiendas de que no hay razas. Y del mismo modo se usa la palabra xenofobia a sabiendas de que no hay fobia al extranjero (fobia= temor patológico a algo, como en claustrofobia), sino precisamente lo contrario (hostilidad, rechazo u odio activo al extranjero).
En las conversaciones corrientes esto no tiene importancia, porque todos sabemos de qué hablamos. Pero sí la tiene cuando tratamos de detectar o prevenir la incidencia del racismo y la xenofobia, porque uno y otra tienen distintas causas y necesitan distintos remedios, el racismo obedece a dinámicas de grupos, la xenofobia a dinámicas de personalidad.
“Los más grandes y geniales genetistas han podido demostrar gracias a los grandes avances de biología que cuando se habla de raza, la misma no puede definirse sin arbitrariedad o ambigüedad. En otras palabras, no hay ninguna base científica para el concepto de “raza” y, consecuentemente, el racismo debe desaparecer.
Hoy se puede afirmar categórica, científica y muy naturalmente, que no hay razas, sin embargo y por desgracia de “muchos” (los más) ¡el racismo ciertamente existe!
(dc)