Mis versos para ti…

Un extraño e irresistible impulso lo llevaba a escribir versos de amor por todos lados. Servilletas de panel, revistas que tuvieran claros en donde no se confundieran sus letras, versos y más versos quedaban por él estampados. Hasta los márgenes de todos sus apuntes escolares estaban siempre colmados de ellos.

Y justo a él… que nunca había estado enamorado y al que jamás ninguna chica habría podido hacerse dueña de todos sus sueños ni apropiarse de todos sus suspiros, a él, sí, justo a él, se le vivían escapando de la punta del lápiz los más hermosos y románticos versos que su alma nunca le dejaba de dictar.

Hermosas rimas, increíbles poemas y los más variados versos de amor tan espontáneamente llenaban todos los espacios que estaban a su alcance, que cansado de no entender, y hasta sin quererlo, los abandonó un día en un rincón cualquiera de su camino.

Y fue al ver los ojos color miel de esa hermosa niña, de finos cabellos castaños que danzaban al compás de sus cortitos y apresurados pasos para poder alcanzarlo y decirle con la más dulce de las voces que se había dejado olvidado todas esas hojas que traía en sus delicadas manos, que le invadió una muy extraña y tranquilizadora paz. Por fin pudo comprender absolutamente todo… aquellos versos, siempre habían estado escritos para ella.

Daniel Calcagni.

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