¿Qué son los agujeros negros?

Hace varios días que venía queriendo hacer una nota sobre agujeros negros, sobre todo desde la divulgación de la foto recientemente tomada del agujero negro en el centro de la gigantesca galaxia elíptica M87, que es la mayor y más luminosa de la zona norte del Cúmulo de Virgo.

Me costó decidir por donde empezar ya que sin algunos conocimientos previos, una clara explicación de lo que son estos tan extraños agujeros sería no sólo aburrida sino un verdadero fracaso. Por lo que opté explicarlo por medio de algunos ejemplos que espero sean sencillos de interpretar.

Primero intentaremos ver el porqué se dicen que son “Negros”, después porqué “Agujeros” y finalmente como se forman y de que están compuestos.

Para empezar recordemos que la masa de un objeto determina la cantidad de materia que tiene un cuerpo, recién cuando lo hagamos interactuar bajo la aceleración de la gravedad podrá adquirir un determinado peso. Newton nos decía que si queríamos saber cual era la fuerza (peso en este caso) que actuaba en un objeto deberíamos multiplicar su masa por la aceleración otorgada (gravedad también en este caso). Y es por eso que si pesamos 60 Kilos en la tierra, pesaremos mas o menos 10 Kilos en la luna o 150 kilos en Júpiter!!! Sin embargo nosotros seremos los mismos (misma masa), sólo ha cambiado la aceleración gravitatoria. Y esta aceleración gravitatoria más vale que dependerá de la masa del planeta o satélite natural, pero también lo hará del radio del mismo. En otras palabras, si la tierra tuviera la misma masa pero sería la mitad de tamaño pesaríamos muchísimo más -su fuerza gravitatoria sería varias veces superior- y viceversa.

Dicho ésto no nos será muy difícil pensar que si tiramos un manzana al aire, ésta llevará un energía cinética (fuerza con la cual la tiramos) que la hará subir hasta donde la fuerza de la gravedad le permita, y ésto será hasta que su energía potencial tome, según la altura a la cual haya llegado, un valor similar a la energía cinética en el lanzamiento, para luego caer como lo haría cualquier cuerpo en caída libre. Mas fuerte la tiremos, más alto llegará, o si lo hacemos en la luna con la misma fuerza que lo haríamos en la tierra iría mucho más alto porque su fuerza gravitatoria es seis veces menor. Si lo hiciéramos en Júpiter al contario llegaría muchísimo más bajo.
Ahora pensemos que queremos tirar las manzanas para que le lleguen a alguien que está esperándolas en la Luna. Para ello deberíamos incorporar un nuevo parámetro de cálculo que sería la “velocidad de escape” de un cuerpo con masa o lo que es lo mismo con gravedad. Esta velocidad determina a que velocidad tenemos que impulsar un objeto para que pueda subir lo suficientemente alto para romper la barrera gravitatoria y llegar al espacio donde por no haber mas gravedad podría seguir su viaje a la velocidad que le reste en ese instante, y para el caso de nuestra tierra sería de 2.380m/seg.
Como la velocidad inicial dependerá de la fuerza que le apliquemos al impulsarlos, ni se quieran imaginar cual sería ésta para que pueda abandonar la atmósfera, y mucho menos en planetas más grandes con mucha mayor masa o a igual masa de mucho menor radio. Es más, pensemos por un momento que si el planeta en donde estamos es infinitamente grande que nuestra tierra, no podríamos por más que quisiéramos mandar absolutamente nada al espacio porque no tendríamos jamás la fuerza suficiente para hacerlo.

Si se entendió hasta acá veamos que pasaría con la luz de una enorme linterna si la apuntáramos para arriba. ¿Se vería desde la luna? La respuesta es obvia… Más vale que sí, de la misma forma que vemos la luna cuando el sol la ilumina o a las mismas estrellas. La luz puede avanzar “casi” sin problemas aunque haya algo de gravedad, pues ella no está compuesta de masa, sino de fotones, y éstos son cuántos de energía que no tienen masa y van increíblemente alternándose entre una extraña dualidad entre ondas y partículas. Sin embargo dije “casi” porque Einstein descubría algo llamada teoría de la relatividad general que ponía de manifiesto una estructura del espacio nunca antes imaginada y que daba la respuesta a la inquietud más grande que haya tenido Newton:

“Sí pude encontrar que los cuerpos se atraen por una fuerza gravitatoria y hasta le he dado una formula exacta para calcularla. Pero… ¿por qué es así?”

Es más, se cuenta que Newton se desvelaba pensando el “¿Cómo se daban cuenta los satélites, los planetas, las estrellas, que se tenían que atraer con una exacta fuerza que hasta se podía calcular con exactitud si estaban lejísimos y hasta, por así decirlo, nunca se habían visto ni preguntado cuan grandes serían…”
Fue Einstein hace un poco más de 100 años quien con su teoría no sólo le daba la respuesta, sino que determinaba que la luz también es alterada por la gravedad de un cuerpo, y si éste tuviera una masa enorme en un radio muy chico –imaginemos la masa de nuestra tierra en una superficie como la de una nuez-, sería tan enorme su fuerza gravitatoria que no sólo las manzanas serían imposibles de tirar para arriba sino que los haces de luz se “doblarían” dirigiéndose hacia el centro de gravedad del planeta en cuanto apenas fueran despedidos, impidiendo en forma absoluta que fueran para arriba, mucho menos que logren abandonar la atmósfera para que puedan ser vistos de otro lugar del espacio, convirtiéndonos en un mini planeta totalmente “oscuro”, totalmente negro para los demás, donde la luz no sólo no puede ir a ningún lado que no sea hacia el centro del mismo sino que cualquier luz que quiera venir de afuera sería “aspirada” por dicha fuerza gravitatoria sin posibilidad alguna que se refleje. Para todo el espacio seríamos simplemente un cuerpo absolutamente negro, que NO SE PODRÍA VER!!!

En el porqué se lo llama “Agujero” vamos a poder entender también porque la luz se dobla como se acaba de comentar.
Einstein sostenía en su teoría que todo cuerpo en el espacio que tuviera masa lo deformaría en función del valor de esta última de tal manera que todo cuerpo cerca de él sentiría sus consecuencias, tal como hundiría una pesada bola de bowling en el centro de un colchón. Podemos imaginar en este ejemplo que si tiramos bolitas en el colchón deformado por el peso de la bola, éstas caerían derechitas hacia la bola como lo hacían las manzanas que tirábamos para arriba. O que si en la superficie inclinada hacia abajo por el peso de la bola tiramos una bolita con la suficiente fuerza horizontalmente, tal como lo haríamos con la bolita de una ruleta, ésta si no tiene la fuerza como para salir expulsada del colchón quedaría dando vueltas como un órbita lunar alrededor de la tierra o la tierra misma alrededor del sol. (Más vale que en este ejemplo la bolita pierde energía cinética por el roce con el colchón y cada vez irá “orbitando” mas cerca de la bola hasta pegar con ella).

Si entendimos el ejemplo podemos entonces decir varias cosas:

Si el cuerpo en cuestión tiene una cantidad enorme de masa en un radio muy chico en comparación podría agujerear el colchón por su increíble valor gravitatorio. “Agujero”

Si bien la luz no tiene masa y no se vería afectada por esa gigantesca gravedad, al seguir una dirección rectilínea a 300.000 Km/seg en un espacio exageradamente curvado hacia adentro por semejante masa concentrada no tendrá mas camino que circular por el que la lleva al fondo del agujero, curvándose hacia abajo apenas al salir de nuestra “linterna” dirigida hacia Arriba o “chupando” cualquier luz que llegue del exterior.

“Cualquiera que quiera ver hacia allí, lo vería absolutamente negro”

Si no hice tan mal los deberes ya podemos tener una noción de que es un “agujero” y porque le decimos “negro”, pero ¿Y cómo se forman?

Demás está decir que si pudiéramos contraer toda la tierra al tamaño de una nuez sin perder ni un gramo de toda su masa lograríamos tener un pequeñito “agujero negro”, pero para tranquilizarlos les diría que haría falta una energía equivalente a millones y millones de bombas atómicas.
O si lográramos compactar al sol en una circunferencia de 3 kilómetros también lograríamos uno un poquito más grande, en donde a partir de ese momento no veríamos ni un brillito más de sol, porque como se dijo toda la radiación electromagnética, incluidas las infrarrojas, visibles y ultravioletas verían deformado su camino hacia adentro del mismo y no hacia el exterior como lo hace hasta ahora. Pero a diferencia de la tierra, en el sol si tenemos la posibilidad de tener la energía de millones de bombas atómicas para lograrlo, por lo que hablemos un poco más de eso.

El sol, como cualquier estrella brillante, por medio de la fusión nuclear se encuentra en una constante degradación de la materia liberando energía en cantidades exorbitantes que a muy nuestro beneficio nos permiten la vida. Einstein determinó que la energía de la materia en reposo es igual a la masa por la velocidad de la luz al cuadrado “e=mc2“, y aún cuando la masa sea pequeña, como la velocidad de la luz es casi 300.000.000m/s este valor es de proporciones increíbles.

Claro que casi toda la materia que está a nuestro alcance está en un absoluto equilibrio de masa por lo que no libera energía alguna, pero si quisiéramos romper la estructura molecular del átomo, por ejemplo con el bombardeo en cadena de neutrones en materiales pesados como el uranio o el plutonio, la disminución de masa que produzcamos equivaldrá a una tremenda liberación de energía (Fisión nuclear, característico de las Bombas Atómicas).

En el sol, como en cualquier estrella brillante, a través de la fusión nuclear que se produce en su interior, núcleos de hidrógeno chocan entre sí, y se fusionan dando lugar a un núcleo más pesado de helio liberando una enorme cantidad de energía la qué al ser muchísimo más poderosa que la fuerza gravitatoria, pueden cruzarla sin inconvenientes para poder en forma de radiaciones electromagnéticas llegar a todo el universo. Pero esta masa que se va degradando y liberando energía llega al día en que pierde la pulseada contra la presión gravitatoria del propio sol no pudiendo sobrepasar sus límites gravitatorios y concentrándose de tal manera en su interior que colapsa de tal manera que las capas exteriores salen despedidas en un explosión supernova y su núcleo se comprime tan considerablemente que se convierte en un agujero negro (Una cantidad casi infinita de masa en un esfera muy chica de tamaño)

Se estima que estamos a millones de años de que esto ocurra en nuestro sol, pero el universo está repleto de agujeros negros que han sido estrellas brillantes, algunas miles de millones mas grandes que nuestro sol y que han colapsado convirtiéndose en verdaderos agujeros negros.

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Se muestra la foto captada por una red de telescopios que conforman el Telescopio de Horizonte de Eventos (EHT, por sus siglas en inglés), que logró capturar “en detalle” cómo luce un agujero negro tres millones de veces más grande que la Tierra.
Este “monstruo”, como lo llamaron los científicos, está ubicado en la galaxia Messier 87 (M87), a unos 55 millones de años luz de nuestro planeta.

El anillo brillante que se puede observar es el límite exterior del agujero negro conformado por gases muy calientes cuyas radiaciones se desplazan circularmente a la velocidad de la luz y se denomina horizontes de sucesos. Es el exacto lugar en donde una vez que cualquier cosa que lo alcance, llámese materia o energía ondulatoria, es indefectiblemente succionada por el propio agujero. La diferencia entre la brillantez del anillo se debe al efecto Doppler, ya que la porción de anillo que es cruzada a la velocidad de la luz en dirección hacia nosotros se ve mucho más brillante que la que se aleja de nuestra vista.

También se muestra la foto donde se puede ver el área de la galaxia capturada sin el zoom realizado para mostrar sólo el agujero negro.

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Algunos otros datos curiosos son que esta foto representa el estado de esa porción del universo ocurrida hace 55 millones de años, años que ha tardado la luz en llegar a nuestros telescopios, la masa de ese agujero negro se estima en 6.500 millones veces mayor que la de nuestro sol y lo más sorprendente de todo es que el tiempo en su interior se detiene. Sí, en él no transcurre el tiempo que nos es tan familiar, si pudieras estar en el borde de ese horizonte de sucesos tu reloj se detendría, y si volvieras… millones y millones de años habrían pasado para tus semejantes.
Esto último ocurre también por la teoría de la relatividad de Einstein, donde el tiempo que es afectado por la gravedad va mucho más lento cuanto ésta es mayor. (Diferencia que hasta es tenida en cuenta en los relojes atómicos que poseen los satélites que al ir mucho más rápidos que los terrestres, deben autoajustar su tiempo para ir acorde a los demás. De otra forma, por ejemplo los GPS, funcionarían erróneamente)

Un último dato, esta foto fue capturada como si fuera con un telescopio cuya lente fuera del diámetro de la tierra. Como esto es prácticamente imposible, se efectuó compaginando fotos digitales de altísima resolución tomados de 8 telescopios repartidos por todo el globo terráqueo y procesadas por supercomputadoras por el término de dos años con la programación y supervisión de más de 200 científicos de todo el mundo.

Me quedaron un montón de ejemplos y curiosidades respecto a este tema, pero si sigo lo haría interminable, así y todo no pude hacerlo más breve aunque lo hubiera querido. Dejo algunas cosas también muy interesantes para otra publicación.

Espero no haberlos aburrido.

Daniel Calcagni.

Qué tan rápido te darás cuenta…?

Un padre y su hijo viajaban en coche y desafortunadamente tienen un accidente gravísimo. El padre muere instantáneamente y al hijo lo llevan urgente al hospital para practicarle una complejísima operación.

Mientras llaman a la mayor eminencia médica de la ciudad para que efectúe dicha cirugía, pero cuando llega al quirófano dice: “Uy Dios mío!!! No lo voy a poder operar… Es mi hijo.”

¿Cómo puede ser?





Que tan rápido te diste cuenta?

Pues mientras que algunas personas tienen la respuesta inmediata, otros muchos son incapaces de resolver la pregunta que aquí se plantea.
Como nuestro cerebro, educado a base de dogmas machistas, no reconoce de inmediato que la eminencia médica puede ser una mujer, nos planteamos todo tipo de posibles escenarios con tal de no relacionar que su propia madre pueda ser una gran profesional de la medicina.

El mecanismo cerebral que nos empuja a sabernos seres con prejuicios se denomina parcialidad inconsciente o implícita. Se trata, según la BBC, de relaciones que tienen origen cultural y si no las frenamos reeducándonos, nos acompañarán toda la vida.

Nuestro inconsciente infantil se nutre de las situaciones que tenemos a nuestro alrededor, estableciendo conexiones entre distintos conceptos asumidos, como que una eminencia médica solamente puede ser un hombre.

Sólo quizás…

Quizás algún día te pueda preguntar…

¿Cuántas veces me has hecho esa misma pregunta?
¿Cuántas veces te he contestado que “Sí, me siento bien…”?
¿Cuántas veces pude agradecerte con mi silencio el que me hagas sentir que nunca hayas creído en mi respuesta?
¿Cuántas veces pude hacerte sentir con mis espacios, que te necesito como al aire, te amo con el alma y me haces tan feliz?

Sólo quizás…

(dc)

Una historia repetida. ..

Un peso extra sentía esa mañana, una molestia extraña, pero recurrente, volvía hacerse presente. Quizás la misma angustia de otras veces pero es que esta vez lo había encontrado cansado, por no decir agotado, ya creía que se habrían acumulado muchas injusticias.
Debería ir a trabajar como todos los días, al mismo y hasta ¿por qué no? muy querido lugar, donde gracias a muchos años de esfuerzo, estudios y un verdadero compromiso, lo hacían quererlo y conocer mejor que nadie las tareas que allí se realizaban.

Sin embargo hoy no era igual, tendría una nueva jefatura , un político más, quizás igual a muchos de los que ya habían pasado, pero la pequeña charla tenida el día anterior cuando se lo presentaron lo habían inundado de inquietudes; pues había podido notar que no sólo “no era conocedor” de los temas que debería dirigir, sino que había notado una total falta de humildad en sus actitudes, y para peor, una desesperada intención de demostrar y hasta lo había hecho en forma un poca irrespetuosa, que cómo ahora iba a estar él, todo iba a cambiar para bien…

Toda la tarde se había estado preguntando: ¿donde estaría todo lo mal que venía haciendo? Si todas las tareas que llegaban a sus manos se realizaban en tiempo y forma, y las que no, iban quedando absolutamente siempre pendientes por problemas de falta de recursos o de intervención de terceros. Pensaba que para colmo ahora y como hecho contraproducente, se tendría que afrontar el costo de mantener en el área un puesto directivo, con todo lo que ello conlleva. Mucho menos podía entender los cambios al que se habría hecho referencia, si hacía muy pocos días atrás lo habían felicitado por cómo venía llevando adelante al sector, es más, hasta creía estar convencido de la existencia de una fluida y cordial comunicación con sus directivos superiores.

Aunque en realidad… todo estaba claro, sabía que el nuevo director independientemente de los rumores que ya circulaban por toda la empresa de que habría tenido problemas con la justicia en empleos anteriores, era muy amigo de uno de los más altos funcionarios, y encima ya se venía maquinando que no sólo iban a tener que soportar su soberbia y falta de conocimiento, sino que deberían llevar a cabo, además de todas las tareas que ya venían realizando, una mucho más compleja: tratarlo con delicadeza por temor de perder el tan imprescindible empleo.

Buscaba sin embargo y casi desesperadamente aunque sea un muy pequeño motivo que le permita aceptar que esta nueva incorporación no sólo estaría colmado de injustas “atribuciones”, sino que, a sabiendas de todo el esfuerzo que venía realizando para que le aumenten un poco más su sueldo, el recién llegado recibiría más del doble que su paga.

Se miró nuevamente al espejo, buscaba responsables, soluciones, respuestas…

Repasaba las tareas que se deberían finalizar, las que habría que retomar, los informes a los cuales se tendrían que dar curso, las capacitaciones a punto de concluir para todos los integrantes del sector; intentaba encontrar las palabras que debería usar para no romper el buen diálogo desde el primer día con su nuevo director, imaginar cómo serían sus reacciones y cuantificar todo el mal que le harían… cuando empezó a notar mareos, malestar general, dolor en el pecho y …

… nunca pudo enterarse que al no estar él, quien sería su nuevo director no pudo hacerse cargo del área porque hubo que buscar a alguien capacitado que lo hiciera, que nadie supo que fue de este señor que a raíz del triste desenlace terminó hasta discutiendo con su benefactor “amigo”, ni que por la indiferente e impune decisión de funcionarios que no saben hace bien sus tareas, no iba a poder terminar siquiera todo lo que con tanto amor y dedicación había iniciado, mucho menos… disfrutar la vida.

(dc)

La fe mueve montañas…

Al principio de los principios, la fe solía mover montañas. Lo hacía con decoro y sólo cuando era absolutamente necesario, con lo cual el paisaje permanecía casi igual, sin muchas variantes. Durante milenios los cambios no fueron para nada significativos.
Pero la fe comenzó a propagarse, los unos y los otros hicieron uso desmedido de ella. A todos le pareció divertida la idea de mover montañas, hasta algunas veces sin motivos valederos…

Llegó un momento en que éstas no hacían sino cambiar de sitio y cada vez era más difícil encontrarlas en el mismo lugar en que uno las había dejado. Todo estuvo mal y más vale, se creaban más dificultades que resoluciones.
Tanto así fue… que la buena gente prefirió ir abandonando la fe hasta el punto que las montañas volvieron a permanecer casi por una eternidad en su sitio.

Ahora… cuando estamos viajando y se produce un pequeño derrumbe…, es que alguien, en algún lugar, quizás muy lejano, o no…, tuvo un ligerísimo atisbo de buena fe.

 

El mago y el rey.

Este cuento, en realidad en algo un poco parecido, lo leí en uno de los libros de Jorge Bucay, y si bien me gustó la idea, no tanto lo fue la redacción y mucho menos el desenlace, por lo que me propuse cambiarlo a mi gusto… que para nada significa que lo haya mejorado, es más, muy probablemente haya hecho todo lo contrario, pero… éste soy yo…

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“Muchas veces con los enemigos no se puede hacer otra cosa que aprender…”

Había una vez, en un reino muy lejano y un tanto perdido, un rey al que no había nada que lo hiciera tan feliz como el sentirse poderoso. Para ello no le bastaba con tenerlo todo, él necesitaba irremediablemente que todos lo admiraran y que lo hicieran sentir en todo momento que no existía en el reino nadie que lo pudiera superar en inteligencia, cultura o conocimientos.

Era muy común que en su entorno más cercano, tanto cortesanos como sirvientes lo alabaran por sus dotes, pero el Rey muy bien sabía que existía un anciano mago en el pueblo que no sólo era muy sabio, sino que se decía que podía algo que muy, pero muy pocos podían… y era conocer el futuro.

Continuos desvelos le provocaba al Rey la existencia de este hombre, pues se decía de él que era tanta su generosidad como la bondad en cada una de sus acciones, que el pueblo entero lo amaba, lo admiraba y festejaba que el destino haya querido que viviera allí con ellos.

De su alteza no se decía lo mismo, quizás por su soberbia o por esa disimulada inseguridad que lo hacía demostrar en todos sus actos su poderío, no era exactamente lo que se dice un rey justo, ecuánime, ni mucho menos bondadoso.

Un día, cansado de no sentirse líder de su reinado, de que le siguieran llegando rumores de lo grandioso, sabio y querido que era el “mago” del reino, y motivado por esa mezcla de celos y temores que le generaba una terrible envidia, se le ocurrió un maléfico plan:

Organizaría una gran fiesta a la cual invitaría a todo el reino, especialmente al mago, para luego de la cena pedir la atención de todos y llamarlo para que vaya al centro del salón y delante de todos, preguntarle si era cierto que podía ver el futuro.

El destacado invitado tendría dos posibilidades, decir que no, defraudando así la admiración de los demás, o decir que sí, confirmando el motivo de su fama.

Como el rey estaba seguro de que escogería la segunda posibilidad, le pediría entonces que le dijera la fecha en la que el mago del reino iba a morir. Éste daría una respuesta y sin importar cual fuera, en ese mismo momento planeaba sacar su espada y matarlo. De esta manera conseguiría dos cosas de un solo golpe, la primera, deshacerse de su enemigo para siempre y la segunda, demostrar que el mago no había podido adelantarse al futuro, ya que se había equivocado en su predicción. Se acabaría en una sola noche sus dos pesadillas, el mago y el mito de sus poderes…

Los preparativos se iniciaron enseguida, muy pronto llegó el día del festejo y tal como había sido planeado, después de la gran cena el rey hizo pasar al mago al centro del salón más grande del castillo y le preguntó:

– Han llegado a mis oídos que sos vidente. ¿Es cierto que puedes leer el futuro?

– Algunas premoniciones suelen venir a mi mente -dijo el mago-

– ¿Y serías capaz de ver tu propio futuro? -le preguntó el rey-

– Muy a mi pesar, puedo. -contestó el mago-

– Entonces quisiéramos que nos des una prueba -dijo el rey- ¿Dinos cuál es la fecha de tu muerte?

El mago se sonrió, miró a los ojos al Rey y optó por hacer silencio.

– ¿Qué le pasa mago? – dijo sonriente el rey y con un tono sobrador – ¿Acaso no lo sabe? ¿no es cierto que puedes ver el futuro?

– No!!! No es éso -dijo el anciano- Quizás esa respuesta no me anime a decírsela, mi Majestad.

– ¿Cómo que no te animas? -le dijo el rey-.Yo soy tu soberano y te ordeno que la digas en voz bien alta para que todos la escuchemos. Es muy importante para el reino poder saber cuando vamos a perder al gran mago del reino. Si lo sabes , pues dilo.

Luego de un tenso silencio en donde todas las miradas se posicionaban en el débil anciano, el mago lo miró y dijo:

– No puedo precisarte la fecha, pero sé que moriré exactamente el día anterior al que tu mueras…

Durante unos instantes el tiempo pareció congelarse y un murmullo corrió por entre todos los invitados. El rey siempre había dicho que no creía en los magos ni en las premoniciones, pero lo cierto es que no se animó a matar al mago.

Lentamente el soberano bajó los brazos y se quedó en silencio… Jamás hubiera esperado esa respuesta y la verdad, no supo bien que hacer ni decir. Los pensamientos se agolpaban en su cabeza.

– Alteza, se ha puesto pálido. ¿Qué le sucede? -preguntó el invitado- Yo todavía tengo mucha vida por delante…

– Me siento mal -contestó el monarca- voy a ir a mi cuarto, te agradezco mucho que hayas venido. Y con un gesto confuso giró en silencio encaminándose a sus habitaciones…

En realidad al Rey, muy aturdido, no dejaba de darle vueltas en la cabeza una sólo cuestión. ¿Y si al volver, al mago le pasara algo malo camino a su casa? Por ello volvió sobre sus pasos, y dijo en voz alta:

– Mago, eres famoso en el reino por tu sabiduría, te ruego que pases esta noche en el palacio, pues por la mañana debo consultarte sobre algunas cuestiones reales.

– ¡Majestad!. Será un gran honor… -dijo el invitado con una reverencia-

El rey dio órdenes a sus guardias personales para que acompañaran al mago hasta las habitaciones de huéspedes en el palacio y que custodiasen su puerta asegurándose de que nada pasara…

Esa noche el soberano no pudo conciliar el sueño, le molestaba terriblemente no poder dejarse de preocupar por la salud del anciano.

Bien temprano en la mañana el rey golpeó en las habitaciones de su invitado, y si bien nunca había pensado en consultar ninguna de sus decisiones, en cuánto el mago lo recibió le hizo una pregunta… necesitaba darle cuerpo a su excusa.

El mago, muy sabio él, le dió la respuesta más correcta creativa y justa que pudiera imaginar. No le quedó más remedio que alabar a su huésped por su inteligencia y le pidió que se quedara unos dias más, supuestamente, para consultarle otros asuntos… (obviamente, el rey en el fondo sólo quería seguir asegurándose que nada le pasara).

El mago, que gozaba de la libertad que sólo conquistan los iluminados, aceptó…

Desde entonces todos los días, por la mañana o por la tarde, el rey iba hasta las habitaciones del mago para consultarlo y lo comprometía para una nueva consulta al día siguiente.

No pasó mucho tiempo antes de que el rey se diera cuenta de que los consejos de su nuevo asesor eran siempre acertados y terminara, casi sin notarlo, teniéndolos en cuenta en cada una de las decisiones.

Pasaron meses, luego años, y como siempre suele pasar, estar cerca del que sabe vuelve el que no sabe, más sabio, así que el rey poco a poco se fue volviendo más intelectual y más justo. Ya no era despótico ni autoritario y dejó de necesitar sentirse poderoso y seguramente por ello mismo dejó de necesitar demostrar su poder.

Había aprendido que la humildad tiene sus ventajas y empezó a reinar de una manera más sabia y bondadosa. Increíblemente su pueblo empezó a amarlo como nunca antes.

Al rey dejó de preocuparle la salud del sabio por su premonición y sí por el gran cariño que ya le tenía. Los contactos del Rey con el mago habían pasado de ser cuestiones del reinado a verdaderas charlas de amigos. Al cabo de unos años y sin querer, su más odiado enemigo se habría convertido en su más increíble sustento de vida.

Sin embargo el rey nunca podía sacarse el peso de recordar el plan que aquella vez había urdido para matarlo. Se había dado cuenta que no podría seguir manteniendo ese secreto sin sentirse un hipócrita, por lo que tomó coraje y fue hasta la habitación del mago. Golpeó la puerta y apenas entró, le murmuro:

– Hermano mío, tengo algo para contarte que me oprime el pecho.

– Dime -dijo el mago- y alivia tu corazón.

– Aquella noche, cuando te invité a cenar y te pregunté sobre tu muerte, yo no quería en realidad saber sobre tu futuro, planeaba matarte frente a todos para que tu muerte inesperada desmistificara tu fama de adivino. Te odiaba porque sentía que todos te amaban… Estoy tan avergonzado de ello…

El rey, sin importar las consecuencias de su revelación, suspiró profundamente y continuó:

– Aquella noche, por temor, no me animé a matarte y ahora que somos amigos, y más que amigos te siento mi hermano, me aterra pensar lo que hubiera perdido si lo hubiese hecho. Hoy he sentido que no podía seguir ocultándote mi infamia. Necesité decirte todo esto para que tú me perdones o me desprecies para siempre, pero siento que así debe ser.

El mago, más que sorprendido, orgulloso por los dichos de su rey, y hasta un poco culpable de haber atado su destino al de él, quizás con la intención de tranquilizarlo respecto a la premonición, lo miró y le dijo:

– Has tardado mucho tiempo en poder decírmelo y me alegra que lo hayas hecho porque me permite decirte que yo ya lo sabía. Cuando me hiciste la pregunta y acariciaste con la mano el puño de tu espada, fue tan clara tu intención, que no hacía falta ser adivino para darse cuenta de lo que pensabas hacer -el mago sonrió y puso su mano en el hombro del rey-. Como justa devolución a tu sinceridad, debo decirte que yo también pude haber inventado una absurda historia, la de mi muerte antes de la tuya… Quizás el destino quería que recibas una lección. Una lección que recién hoy creo que has aprendido, y quizás la más importante que yo haya enseñado.

Cuando vamos por el mundo odiando y rechazando aspectos de los otros, en realidad odiamos y rechazamos asuntos muy internos en nosotros. Aquellas cosas que nosotros mismos creemos que son despreciables, amenazantes o inútiles, pueden sin embargo terminar siendo muy importantes en nuestras vidas y hasta nos podría costar caro vivir sin ellas. Tu muerte, querido amigo, llegará justo, justo el día de tu muerte, y ni un minuto antes. Es importante que sepas que yo estoy viejo, y que mi día seguramente se acerca. No hay ninguna razón para pensar que tu partida deba estar atada a la mía. Son nuestras vidas las que se han ligado, no nuestras muertes. El rey y el mago se abrazaron entre lágrimas y festejaron brindando por la confianza que cada uno sentía en esa relación que habían sabido construir juntos…

Cuenta la leyenda que misteriosamente esa misma noche el mago murió sin ningun sufrimiento durante el sueño. El rey, al enterarse de la mala noticia a la mañana siguiente, no pudo más que sentirse desolado y llorar muy sinceramente por la muerte de su amigo.

Ni pensaba, ni estaba angustiado por la idea de su propia muerte, había aprendido del mago a desapegarse hasta de su permanencia en este mundo. Estaba triste simplemente por la muerte de su gran amigo.

¿Qué coincidencia extraña había hecho que el rey pudiera contarle esto al mago, justo la noche anterior de su muerte?

Tal vez, y sólo tal vez, de alguna manera desconocida el mago había hecho que él pudiera decirle esto para quitarle su fantasía de morirse un día después. Un último acto de amor para librarlo de los temores de otros tiempos…

Cuentan que el rey con sus propias manos cavó en el gran jardín florido del Palacio, bajo su ventana, una tumba para su amigo, el mago. Enterró allí su cuerpo y el resto del día se quedó al lado de su tumba llorando como se llora ante la pérdida de cualquier ser muy querido.

Muy entrada la noche el rey volvió a su habitación y agotado por uno de los días más largos de su vida, se propuso descansar.

Cuenta la leyenda… que esa misma noche… veinticuatro horas después de la muerte del mago, el rey murió en su lecho mientras dormía.

Quizás fue casualidad… quizás fue por dolor…

O quizás fue para confirmar la verdadera grandeza que por su humildad, el sabio anciano tenía muy bien guardado dentro de sus más grandes secretos.

(dc)