Carta de un padre al profesor de su hijo.

Estimado profesor:

Le escribo estas líneas para pedirle un verdadero favor.
Mi hijo deberá aprender que no todos los hombres son justos ni veraces, pero dígale, que por cada villano que encuentre, habrá un héroe, y que por cada egoísta, también habrá un líder generoso.
Enséñele, por favor, que por cada enemigo habrá también un amigo, que más vale una moneda ganada que una moneda encontrada, enséñele a perder, pero también que hay que saber gozar con grandeza humana a la victoria.
Apártelo de la envidia y dele a conocer la alegría profunda de la sonrisa silenciosa, hágale maravillarse con los buenos libros, pero déjelo también entretenerse con los pájaros del cielo, las flores del campo, los montes y los valles.
En los juegos con los compañeros, explíquele que la derrota honrosa vale más que la victoria vergonzosa, enséñele a creer en sí mismo, aun cuando esté solo contra todos.
Enséñele a tener fe en sus propias ideas, aun cuando alguien le diga que está equivocado.
Enséñele a ser amable con la gente amable y duro con los duros, enséñele a no dejarse llevar por la multitud simplemente porque otros también se dejaron.
Enséñele a escuchar a todos, pero, a la hora de la verdad, a decidir por sí mismo.
Enséñele a reír cuando estuviese triste y explíquele que a veces los hombres también lloran.
Enséñele a ignorar el aullido de las multitudes que reclama sangre y a luchar solo contra todos, si él cree que tiene razón.
Trátelo bien pero no lo mime, porque sólo la prueba de fuego hace al buen acero.
Déjelo tener el coraje de ser impaciente y la paciencia de ser valeroso.
Transmítale una fe sublime en el Creador y fe también en sí mismo, pues sólo así podrá tener fe en los hombres.

Ya sé que estoy pidiendo mucho, pero vea lo que puede hacer, querido profesor.

Un Padre.

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Esta carta figura en la gran mayoría de los medios donde la quieran encontrar como la carta que fue escrita por Abraham Lincoln en el año 1830 al profesor de su hijo.
Abraham Lincoln, decimosexto presidente de Estados Unidos, en 1830 tan solo tenía 21 años y solo había iniciado relaciones formales, unos meses antes, con una muchacha de Nueva Salem (Illinois) donde trabajaba Lincoln y por lo que se sabe esas cortas relaciones no llegaron al matrimonio ni al hecho de tener ningún hijo.

Lincoln se casó en el verano de 1842 (doce años más tarde de la fecha de esta carta) con Mary Todd con la que tuvo cuatro hijos varones. El primero de ellos, Robert Todd Lincoln, nació en agosto de 1843.

Según parece entonces esta carta es falsa, además en el sitio de la biblioteca online que existe en su nombre no está publicada y tampoco se encuentra en el sitio de la librería del congreso norteamericano.

Al parecer la carta salió a la luz en el sitio de profesores de Nueva Deli, en la India y recogida por Thomas E. Scwartz en el artículo “Lincoln Never Said That,” para la edición de finales de 2001 de People, el newsletter de la asociación Abraham Lincoln. De ahí en más… todos conocemos lo que pasa en las redes sociales.

Sea auténtica o falsa esta carta, pienso que merece la pena reproducirla por su interés en animar a los profesores a seguir una educación humanista y que, a pesar de los años transcurridos, no deja de tener una fuerte carga pedagógica.

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