Alas del mismo pájaro

Tanto se amaban que lograron de la Suma Bondad su más ferviente deseo: ser alas del mismo pájaro. Así, jamás se separarían, unidos en un cuerpo, diferentes y libres. Bogaban por las atmósferas radiantes y cortaban en su vuelo la luz de los astros; sobre el mundo, embriagados del perfume de los bosques y de los jardines emanado hacia la albura y del sabor del mar que impregna las nubes. Alas del mismo pájaro, del pájaro del Amor, Él y Ella, unánimes, sentían esa dicha buscada de alentar y pensar hermanados, de que empujara la misma sangre el de su acción simultánea, de entregarse al deliquio de soñar horizontes con un solo espejismo.

Hasta que un cazador disparó sobre el pájaro, certero. Una de las alas, cortada brutalmente, planeó por el espacio, palpitante de angustia. El pájaro, abatido, fue botín del cazador, quien puso al mutilado en una jaula para recrearse en su dolor. El pájaro, con una de sus alas solamente, desesperábase, golpeaba los barrotes de la jaula para huir.

El ala cortada iba loca por el aire en busca de su mitad; acercándose a la jaula pretendía forzar los hierros y unir su destino y su carne al prisionero. Y así vivían, sin su logro, como todos los amantes.

Tomás Borrás (Madrid, 1891-1976)

La luciérnaga

 
Cierta vez una luciérnaga se paseaba por la noche de una selva, y destellaba con su brillo entre medio de las ramas. Una serpiente echada sobre el piso la vio pasar e inesperadamente comenzó a perseguirla; la luciérnaga al percatarse de esta extraña situación, levantó vuelo hacia lo más alto de los árboles, y allí entonces, comenzó a escapar de la serpiente que entrelazada por las ramas, la seguía, y la seguía y continuó haciéndolo mientras transcurrían las horas y los días. Una noche la luciérnaga muy cansada, ya exhausta de volar, cayó justo sobre la boca abierta y muy preparada de la serpiente. Pero antes de que ésta se la tragara le dijo:

  • ¿Por qué yo? ¿Pero, por qué yo? Si nosotras no formamos parte de tu cadena alimenticia. No entiendo… ¿Por qué yo? Si hasta alguna vez algunos de los tuyos han comido a alguna de las nuestras y han dicho que nuestro gusto es feo y amargo. ¿Por qué? ¿Por qué?

Y la serpiente antes de devorarla le respondió:

  • Pues simplemente porque no soporto tu brillo.

Fin

*****
El día que encuentres tu verdadero destino y decidas levantar vuelo para alcanzarlo, ten cuidado con las opiniones de los demás, muchas de ellas seguramente no vendrán desde el mejor lado de sus corazones.

Me quedo de este lado…

La gran mayoría de los que nacen pobres, por más inteligentes, emprendedores y trabajadores que sean, mueren pobres.

Pero para muchos es totalmente lógico y normal que todos los que nacen ricos, por más ignorantes, idiotas y haraganes que resulten, tengan todo el bienestar heredado y mueran en la riqueza.

Que el pobre nunca pueda llegar… es un pensamiento muy egoísta que para “ellos” suena muy “lógico”, ahora… que nos quieran hacer creer de todo lo bueno que tiene vivir en “meritocracia”, es irreverentemente insoportable.

La función.

La función se desarrollaba a teatro lleno con total normalidad. Algunos reían en las partes cómicas, otros parecían disfrutar más los momentos tristes y todos se deleitaban de algún modo con el espectáculo.

Fue el destino quien quiso que sea allí y en plena gala, se iniciará un incendio en el depósito de decorados y se propagara rápidamente por los camarines. Preocupado por los espectadores salió el payaso a escena con desgarrador grito.

“Incendio !!! Incendio !!!”

Sin embargo el inocente e ingenuo público, creyendo que se trataba de un giro en la obra, reía y aplaudía entusiasmado.

“Créanme, por favor !!! Incendio !!! Incendio !!!” – insistía el buen payaso.

Y más fuerte aplaudía la gente deseando con máxima expectativa saber como continuaría la obra…

Fue entonces cuando el triste payaso creyó entender, premonitoriamente e invadido por una tremenda angustia, el porqué en medio del más general de todos los júbilos, perecerá el mundo entero debido al simple hecho de pensar que todo se debe a una inocente y ocurrente broma…

(dc)

Éste es mi dios.

Qué increíble !!! Hay gente que aún no cree en dios !!!

Y tienen la prueba más fiel de todas a su alcance y todos los días…

Extiende tu mano a la altura de los hombros y mientras en forma danzarina haces movimientos con los dedos, muéstratela.

Sabés toda la perfectísima sincronización que se necesita, la tremendísima ingeniería de desarrollo que hace falta y la ni siquiera aún bien conocida tecnología de los materiales intervinientes, que tienen que involucrarse a la más infinitésima expresión para lograr hacer lo que estás viendo?

Te has puesto a pensar que esa persona, grande y madura que sos, que piensa, razona, crítica, aprende, enseña, que tiene sentimientos, que puede recordar hechos, colores, aromas, dichos, paisajes, música, que puede crear, disfrutar, sufrir, llorar, reír, odiar, amar…, ha estado creciendo y desarrollándose desde que era un “simple” óvulo fecundado por un “simple” espermatozoide con una perfección tal, que sólo una ingeniería genética celestial podría haber diseñado?

Nos creemos centro del universo y tan inteligentes!!! Llegamos hasta creernos que sólo nosotros podemos determinar lo que sí y lo que no…

Pues si lo somos, reflexionemos un poquito, acordémonos lo que fue antes de nosotros y proyectemos lo que será el después, y recién allí, luego de meditar al respecto… volvamos a hacernos la misma pregunta:

Cómo que no creemos en dios?

Pero…

No un dios sobrenatural, porque muy bien él se ha encargado de naturalizar cada detalle.

No en un dios místico, porque él muy bien se ha encargado de darnos todo por lo que nos tengamos que maravillar.

No un dios que haya tenido la ocurrencia de utilizar al mismo hombre para definirse ni para enviarnos mandatos, porque él muy bien nos puso conciencia y en ella tenemos todo lo que necesitamos para saber lo que está bien o lo que está mal.

No un dios que todo lo hace como quiere, porque nos dió libertades, y en ella radica lo más maravilloso que este gran dios pudo hacer … y es que cada uno de nosotros tengamos la simple y grandiosa posibilidad de “ser…”

(dc)

La fábula de la hormiga.

Cada día, una pequeña hormiga llegaba al trabajo muy temprano, y sin pérdida de tiempo comenzaba sus tareas. Era sumamente productiva y se la veía muy feliz con la actividad.

El gerente, un león, siempre se sorprendía al verla trabajar sin supervisión. Entonces pensó: “si es capaz de producir así sin alguien que controle, seguramente podrá hacer mucho más si tiene un supervisor”.

Dicho esto, buscó y reclutó a la cucaracha quien tenía una experiencia sumamente extensa como jefa y era famosa por preparar y presentar excelentes reportes.

Su primera decisión fue instalar un reloj en el ingreso para controlar los horarios de llegada y salida.
Necesitaba además una secretaria que lo ayudara a escribir sus informes. Así que decidió contratar a la araña para que además manejara los archivos y monitoreara las llamadas telefónicas.

El león estaba encantado con los reportes que la cucaracha le enviaba y le pidió que produjera unos gráficos que mostraran los ratios de producción y un análisis de las tendencias de manera que pudiera utilizarlos para sus propias presentaciones ante el directorio.

La cucaracha entonces debió comprar una nueva computadora, una impresora laser además de contratar a la mosca para dirigir el área de sistemas.

Mientras tanto, la hormiga que una vez había sido tan productiva y relajada, detestaba toda esta sobrecarga de papeles y reuniones interminables donde perdía la mayor parte de su tiempo. El león entonces llegó a la conclusión de que había llegado el momento de contratar alguien que se hiciera cargo del departamento donde la hormiga trabaja.

Quien ganó la posición fue la cigarra, cuya primera decisión consistió en cambiar la alfombra y conseguir una silla ergonómica para su oficina. Necesitaba además una computadora y una asistente personal que trajo desde su antiguo lugar de trabajo para que lo ayudara con la programación y el Plan de Control Estratégico del Presupuesto.

El lugar donde trabaja la hormiga ahora es triste, nadie se ríe ya y todo el mundo camina preocupado…
Esta fue razón suficiente para que la cigarra convenciera al león de la necesidad de realizar una encuesta de clima interno. Y dado que el león había revisado el departamento donde la hormiga trabajaba, era fácil comprobar cómo en este tiempo la productividad se había reducido notablemente.

Su decisión fue reclutar al búho para que realizara una auditoría y sugiriera las soluciones. Después de 3 meses, presentó su reporte y una conclusión final: el departamento tiene exceso de personal.

Adivinen a quién pusieron en la mira primero ?

A la hormiga !!!

Las causas ? : “Mostrar una actitud negativa y falta de motivación.”

Especies.

Luego de mucho esfuerzo había podido volver a ser el mismo ser humano que alguna vez había sido. Pero claro, para ese entonces ya todos los demás se habían convertido en grandes y asquerosos insectos. Tanta fue su lucha por lograrlo, que no se había percatado que sería el único en su especie. Era el ser equivocado en el momento inoportuno.

Para colmo, con el tiempo fue comprendiendo que sin importar lo que hiciera, estaba absolutamente condenado a ser el repugnante de toda la sociedad. Mucho le costó aceptar la situación y tanto así fue, que sólo logró encontrarle sentido a su existencia el día que descubrió que al menos podía importunarle la vida a todo insecto que tuviera la mala fortuna de acercársele demasiado.

 

Daniel Calcagni

Algo muy grave va a suceder en este pueblo.

Imagínese usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora vieja que tiene dos hijos, uno de 17 y una hija de 14. Está sirviéndoles el desayuno y tiene una expresión de preocupación. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella les responde:

-No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo.

Ellos se ríen de la madre. Dicen que esos son presentimientos de vieja, cosas que pasan. El hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el otro jugador le dice:

-Te apuesto un peso a que no la haces.

Todos se ríen. Él se ríe. Tira la carambola y no la hace. Paga su peso y todos le preguntan qué pasó, si era una carambola sencilla. Contesta:

-Es cierto, pero me ha quedado la preocupación de una cosa que me dijo mi madre esta mañana sobre algo grave que va a suceder a este pueblo.

Todos se ríen de él, y el que se ha ganado su peso regresa a su casa, donde está con su mamá o una nieta o en fin, cualquier pariente. Feliz con su peso, dice:

-Le gané este peso a Dámaso en la forma más sencilla porque es un tonto.

-¿Y por qué es un tonto?

-Hombre, porque no pudo hacer una carambola sencillísima estorbado con la idea de que su mamá amaneció hoy con la idea de que algo muy grave va a suceder en este pueblo.

Entonces le dice su madre:

-No te burles de los presentimientos de los viejos porque a veces salen.

La pariente lo oye y va a comprar carne. Ella le dice al carnicero:

-Véndame una libra de carne -y en el momento que se la están cortando, agrega-: Mejor véndame dos, porque andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es estar preparado.

El carnicero despacha su carne y cuando llega otra señora a comprar una libra de carne, le dice:

-Lleve dos porque hasta aquí llega la gente diciendo que algo muy grave va a pasar, y se están preparando y comprando cosas.

Entonces la vieja responde:

-Tengo varios hijos, mire, mejor deme cuatro libras.

Se lleva las cuatro libras; y para no hacer largo el cuento, diré que el carnicero en media hora agota la carne, mata otra vaca, se vende toda y se va esparciendo el rumor. Llega el momento en que todo el mundo, en el pueblo, está esperando que pase algo. Se paralizan las actividades y de pronto, a las dos de la tarde, hace calor como siempre. Alguien dice:

-¿Se ha dado cuenta del calor que está haciendo?

-¡Pero si en este pueblo siempre ha hecho calor!

(Tanto calor que es pueblo donde los músicos tenían instrumentos remendados con brea y tocaban siempre a la sombra porque si tocaban al sol se les caían a pedazos.)

-Sin embargo -dice uno-, a esta hora nunca ha hecho tanto calor.

-Pero a las dos de la tarde es cuando hay más calor.

-Sí, pero no tanto calor como ahora.

Al pueblo desierto, a la plaza desierta, baja de pronto un pajarito y se corre la voz:

-Hay un pajarito en la plaza.

Y viene todo el mundo, espantado, a ver el pajarito.

-Pero señores, siempre ha habido pajaritos que bajan.

-Sí, pero nunca a esta hora.

Llega un momento de tal tensión para los habitantes del pueblo, que todos están desesperados por irse y no tienen el valor de hacerlo.

-Yo sí soy muy macho -grita uno-. Yo me voy.

Agarra sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la calle central donde está el pobre pueblo viéndolo. Hasta el momento en que dicen:

-Si este se atreve, pues nosotros también nos vamos.

Y empiezan a desmantelar literalmente el pueblo. Se llevan las cosas, los animales, todo.

Y uno de los últimos que abandona el pueblo, dice:

-Que no venga la desgracia a caer sobre lo que queda de nuestra casa -y entonces la incendia y otros incendian también sus casas.

Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como en un éxodo de guerra, y en medio de ellos va la señora que tuvo el presagio, clamando:

-Yo dije que algo muy grave iba a pasar, y me dijeron que estaba loca.

Gabriel García Márquez.

****
Siempre me pregunté al leer este cuento, si el Gabo estaba pensando en Argentina y en los argentinos al escribirlo… aunque en realidad en todos lados se cuecen habas.

Pero también muchas veces me pregunté: ¿cuál hubiera sido el final si en cambio se hubiera llamado “Algo muy bueno va a suceder en este pueblo…”

Los invito imaginar el final que más hubieran querido.

Lentes.

Eran unos lentes mágicos, maravillosos, espectaculares y por supuesto, increíblemente útiles. Con sólo ponérselos se podía ver la tez de las personas según lo tan buenas que fueran, según su integridad, según si vivían siendo falsas, y más vale que nada tenía que ver el color de piel original que las mismas tuvieran.

Con ellos puestos, mientras más buenas eran las personas, más negros se veían sus rostros y por el contrario, más mentirosas, malas y malvadas se comportaban, mucho más claros y blancos se podían ver.

Qué…? Pensaron que sería al revés…?

Muchas veces no hay nada más alejado de la realidad que lo que nos inducen los propios paradigmas sociales…

(dc)

El mensaje.

Un acaudalado profesional venía manejando su muy lujoso auto en plena ciudad mientras discutía acaloradamente con su mujer sobre las cada vez más complicadas situaciones de pareja. Lejos de quedarse callada su hija de casi 15 años que venía en el asiento de atrás también intervenía en la fuerte discusión debido a que el principal motivo por el cual se había iniciado la pelea, no era otro que por el costoso festejo de su próximo cumpleaños.

Lleno de ira y descontrol el hombre no prestó la debida atención en una esquina atropellando a un transeúnte que intentaba cruzar la calle. Bajaron inmediatamente todos del auto para comprobar el estado de quien había sido bruscamente golpeado, pero al notar que su aspecto era prácticamente el de un pordiosero y para colmo estaba bastante desarreglado, casi sin tocarlo sólo se animaron a preguntarle como se encontraba.

Si bien sus palabras dieron a entender que estaba bien y que aparentemente no habría sufrido más que un simple golpe en las piernas, fueron las suficientes como para volver a iniciar entre la pareja otra fuerte discusión, ahora sobre si habría que llevarlo o no a un hospital para que lo revisaran. Fue la señora quien en este caso ganó la discusión por lo que hicieron subir al accidentado en el lugar del acompañante para trasladarlo a un nosocomio.

Un silencio lleno de múltiples pensamientos colmó el habitáculo del coche en los primeros metros recorridos camino al hospital. Mezcla de incertidumbre y miedo por el posible comportamiento del extraño personaje no dejaba conducir normalmente al empresario ni viajar tranquilas y seguras a su esposa y su hija en el asiento de atrás.

Increíblemente quien rompió el incómodo silencio fue el pobre hombre. Con una voz para nada nerviosa y como sabiendo perfectamente que decir, comenzó diciendo que suponía el terror que deberían estar sintiendo por su presencia y que probablemente estuvieran pensando que él podría aprovecharse de la situación y robarles las pertenencias, el auto o bien hacer algo mucho peor. Pero insistió en que se queden tranquilos que en realidad nada de eso iba a suceder. Continuó contando que él había conseguido tener hace algunos años mucho dinero gracias a la ayuda de la que era su familia, también muy adinerada, y a todos los estudios universitarios que poseía, pero que debido a sus descontroladas ansias de mucho más dinero y poder, descuidó lo que ahora se daba cuenta era lo más importante que tenía, a su amorosa mujer y a sus adorados hijos, y que ya, muy tarde como para recuperarlos, estaban muy lejos. Lejos en la distancia, pero mucho más lejos por el arrepentimiento que lo desbordaba.
Les decía que por soberbia y un estúpido amor propio, todo se había derrumbado precipitadamente y que sólo el alcohol y las drogas parecieron en su momento rescatarlo de tanta angustia y dolor, aunque sin embargo lo único que habrían logrado era terminar con toda su supuesta vida y enviarlo a lo más profundo de sus terribles sufrimientos.
Fue entonces cuando apareció Dios en su vida, devolviéndole la fe y la esperanza, y aunque ya era imposible volver todos los pasos atrás y evitar cometer los mismos tontos y graves errores, ahora al menos amaba la vida, las simples y maravillosas cosas que cada día tenían para ofrecerle y que si bien no iba a tener más el amor de su familia perdida, sentía en el presente un sincero amor al prójimo que lo llenaba de alegría y de felicidad. Les dijo que nunca olviden poner siempre en primer término el amor por los demás, o el de Dios y la familia que es lo mismo, y que recién entonces todo lo que faltara vendría solo.

Al darse cuenta que ya estaban a pocas cuadras del hospital les hizo detener el auto, y mirándo a los ojos a quienes en ese instante habían cambiado completamente la expresión de sus caras a una mezcla de asombro y angustia, les dijo:

“Ya estamos muy cerca del hospital, déjenme aquí, yo mismo me haré revisar y les evitaré el hecho que les hagan preguntas o los dejen demorados; seguramente tienen cosas mucho más importantes que hacer que acompañarme a que me revisen. Pero seguramente nos vamos a encontrar próximamente en algún lugar, o quizás, hasta en la misma esquina… Mi nombre es Jesús.”

Y se bajó del auto.

 

 

Daniel Calcagni.

El beso.

El viento, pensaba un niño mirando el bosque
petrificado en el Nahuel Huapi, debe ser un beso.
Y en tanto lo hacía… intentaba descubrir
¿de quién era el beso y para quién sería?

En esos mismos instantes,
mientras el sol empezaba a desaparecer más allá de la eclíptica,
alguien entendía que algún secreto había sido descubierto,
pero nadie sospechaba que un niño en la Patagonia, lo habría hecho.

Esperando…

Todos los días voy a la pequeña estación de tren a buscar a alguien. Quién es ese alguien, no lo sé.

Siempre paso por ahí después de hacer las compras en el mercado. Me siento en una fría banca, pongo la cesta de las compras sobre mis rodillas, y miro abstraídamente hacia los molinetes. Cada vez que llega un tren, una multitud de pasajeros es escupida hacia afuera desde las puertas de los vagones. La muchedumbre avanza en tropel hacia los molinetes, y las personas, todas con la misma cara de enojo, sacan los pases y entregan los boletos. Luego, sin mirar hacia los costados, caminan precipitadamente. Pasan por delante de mi banca, salen hacia la plaza que está frente a la estación, y se van cada uno por su lado. Yo sigo sentada distraídamente. ¿Qué sucedería si alguien sonriese y me hablase? ¡Ay no, por Dios! La mera posibilidad me pone tan nerviosa que me estremezco de solo pensarlo, como si me hubieran echado agua fría en la espalda. No puedo respirar; sin embargo, continúo esperando a alguien todos los días. ¿A quién podría ser que estuviera esperando? ¿A qué tipo de persona? Pero quizás lo que estoy esperando no sea un ser humano. Odio a los seres humanos. En realidad les tengo miedo. Cada vez que estoy cara a cara con alguien diciendo cosas como “¿qué tal, cómo está?”, o “¡cómo refrescó!”, saludando solo para cumplir, siento que soy la persona más falsa del mundo. Me pone tan terriblemente mal que quiero morirme. Y las personas con las que hablo se ponen a la defensiva sin razón, me hacen vagos cumplidos, y comentan sentenciosamente impresiones que no tienen en verdad. Su cautela mezquina me hace sentir triste: el mundo es cada vez más repugnante y no puedo soportarlo. La gente intercambia tensos saludos desconfiando unos de otros hasta cansarse, y así pasa la vida.

A mí no me gusta encontrarme con gente. Por eso, a no ser que hubiera una razón excepcional, nunca visitaba a amigos. Lo más cómodo ha sido para mí estar en casa con mi madre cosiendo, las dos solas, en silencio. Pero finalmente estalló la guerra, y el ambiente se puso tan tenso que empecé a sentirme culpable de quedarme en casa todo el día sin hacer nada. Me sentía angustiada y no podía relajarme en absoluto. Quería hacer una contribución directa trabajando tan duro como pudiese. Perdí toda fe en la vida que había llevado hasta ese momento.

No soporto quedarme en casa en silencio. Sin embargo, cuando salgo me doy cuenta de que no tengo ningún lugar adonde ir. Así que hago las compras, y al regresar paso por la estación y me siento distraídamente en la fría banca. Tengo la ilusión de que alguien venga, pero si esa persona realmente apareciera, ¿qué haría? La idea me da pánico, pero estoy resignada. Si eso sucede, voy a entregarle mi vida: estoy preparada y ese momento marcará mi destino. Estos sentimientos de resignación y fantasía impudentes se entretejen de una forma muy extraña. La sensación me agobia de un modo sofocante. El mundo alrededor se enmudece; la gente que va y viene en la estación aparece pequeña y lejana, como si estuviera mirando por un telescopio al revés. La sensación es vaga, como si estuviera soñando despierta, como si no supiera si estoy viva o muerta. ¡Ay! ¿Qué cosa estoy esperando? Acaso yo no sea más que una mujer obscena. Todo eso del estallido de la guerra, lo de sentirme angustiada, de trabajar duro porque quiero ser útil, quizás solo sea una mentira, una excusa noble para tratar de encontrar una oportunidad de materializar mis fantasías indiscretas. Me siento aquí con mirada perdida, pero en el fondo, dentro de mí puedo ver cómo flamea la llama de mis deseos obscenos.

¿Pero, a quién diablos espero? No tengo en absoluto una idea clara, solamente una imagen vaga y confusa; sin embargo, continúo esperando. Desde el estallido de la guerra paso por aquí todos los días a la vuelta de las compras y me siento en esta fría banca a esperar. ¿Y si alguien me sonriera y me hablara? ¡Ay, no!, no es usted a quien estoy esperando. Entonces, ¿a quién? ¿Qué espero? ¿Un marido? No. ¿Un novio? No, para nada. ¿Un amigo? De ningún modo. ¿Dinero? Es ridículo. ¿Un fantasma? ¡Ay no, por favor!

Algo más apacible y alegre, algo maravilloso. No sé qué. Por ejemplo, algo como la primavera. No, no es eso. Hojas verdes. El mes de mayo. El agua fresca y cristalina fluyendo a través de los campos de trigo. No, tampoco es eso. Ay, y sin embargo sigo esperando, con el corazón palpitante. Las personas pasan unas tras otras delante de mis ojos. No es aquello, ni esto. Con la cesta de compras en mis brazos, me estremezco y espero con todo mi corazón. Le pido a usted por favor que no me olvide. Por favor no olvide a la chica veinteañera que viene todos los días a la estación y regresa a su casa sintiéndose vacía. Por favor recuérdeme, y no se ría de mí. No voy a decirle el nombre de la estación. Aunque no lo haga, usted me verá algún día.

Osamu Dazai.

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Osamu Dazai (1909-1948), nacido bajo el nombre de Shūji Tsushima, fue un novelista japonés, considerado uno de los escritores del siglo XX más apreciados de Japón. Algunas de sus obras más populares, tales como “El ocaso” e “Indigno de ser humano”, también son consideradas como clásicos modernos en su país de origen

Punto de vista.

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La mayoría de las veces los humanos solemos sacar conclusiones inmediatas y tan sólo por el simple hecho de ver las cosas tal y cómo nos las muestran. Y sí… tomamos inconscientemente todos los preconceptos que tenemos, un poco de soberbia para suponer que ya vimos todo lo necesario, le mezclamos un poco de fantasía -siempre necesaria- cómo para redondear y finiquitar el proceso, y vualá !!! Ya tenemos una segura y rápida idea de lo que tenemos frente a la vista. Ya sabemos perfectamente lo que estamos viendo, y hasta a veces nos animamos a suponer hechos o datos que van mucho más allá de lo que realmente se nos está presentando…

Sin embargo nos cuesta pensar que probablemente no estamos en el lugar exacto desde donde se pueda ver el completo y verdadero panorama, o que simplemente nuestro punto de vista desde el cual lo presenciamos o con qué nivel de conocimiento lo estamos interpretando, no sean los más adecuados, y por ende quizás nuestras conclusiones sean totalmente erróneas o tergiversadas.

La foto publicada puede ser un simple ejemplo de ello.
¿Qué piensan de ella?

¿Está trucada?
¿Es una superposición de dos o más fotos?
¿Le han sacado o agregado algo al paisaje original?

Pues les digo que absolutamente todo está en su exacto lugar y es la foto es tan original como el paisaje mismo.

Puede que lo que esté mal, si es que creen que algunas cosas no están en su lugar, sea vuestro punto de vista.
Miren la foto al revés y seguramente se llevarán una sorpresa.

Me gustó este ejemplo porque es una clara demostración que tanto en la vida, cómo en la foto, todo, absolutamente todo, depende del ángulo con el cual se lo esté mirando…

¿No les parece…?

 

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Sólo en una mujer…

No es difícil concluir que para nosotros, los hombres, no hay nada mejor que tener una mujer a nuestro lado.

Sin embargo las hay de muchas maneras, están las amigas, las cómplices, las que te acompañan vayas donde vayas, las amantes, las divertidas, las que te saben poner los límites, las sensibles, las que a veces te complican la vida, las que por fortuna te la resuelven, las que adivinan lo que estás sintiendo en todo momento, las que no te perdonan ni una, las que ponen su hombro para consolarte y hasta las que te aman incondicionalmente, y muy seguramente no nos podríamos imaginar una vida sin ellas.

Pero si sos uno de los “muy pocos” que tienes a todas ellas en una sola, siéntete dichoso y no la descuides, sos muy, muy afortunado.

Ámala como se merece, hazle saber en todo momento cuanto la admiras, lo hermosa que es y lo fundamental que es en tu vida.

Cuídala !!!

Tienes un verdadero tesoro !!!

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La pintura es un retrato de Harriet Conyngham realizado en 1827 por el pintor inglés Sir Thomas Lawrence ( 1769 – 1830)