De eso se trata….

Una muy vieja y conocida fábula cuenta que una vez un hombre que regularmente asistía a interesantes reuniones de un determinado grupo, alcanzado quizás por una pequeña depresión proveniente de un estado de baja autoestima y creyendo que en realidad su participación no aportaba nada positivo, sin ningún tipo de aviso abandonó dichas actividades.

Después de algunas semanas, en una noche muy fría de invierno, el líder de aquél grupo que había notado su ausencia, decidió hacerle una corta visita a su domicilio. Encontró al hombre, solo y triste, sentado frente a un hogar donde ardía un fuego brillante y acogedor. Adivinando la razón de la visita, el dueño de casa le dio la bienvenida, lo condujo a una silla grande y cómoda muy cerca del fuego y convidándolo con una copa de vino, se sentó junto a él como esperando algún comentario respecto a su alejamiento del grupo.

Sin embargo, en lugar de las palabras, lo que reinó por largo tiempo en el ambiente fue un tranquilo pero muy intrigante silencio, en donde ambos hombres sólo contemplaban la danza de las llamas en torno de los troncos de leña que crepitaban.

Al cabo de algunos minutos el líder, sin decir palabra, examinó las brasas que se formaban y cuidadosamente seleccionó una de ellas, la más incandescente de todas, y con unas tenazas la retiró a un lado del brasero . Volvió entonces a sentarse y permaneciendo silencioso e inmóvil le solicitó a su anfitrión permiso para fumarse una pipa.

El dueño de casa prestaba atención a todo y un tanto fascinado cómo también inquieto, parecía disfrutar sobremanera la visita de su tan querido maestro.

Al poco rato, la llama de la brasa solitaria disminuyó hasta tal punto que sólo hubo un brillo momentáneo y el fuego se apagó repentinamente. En poco tiempo, lo que era una clara muestra de brillante luz y calor, no era más que un negro, frío y muerto pedazo de carbón recubierto por una leve capa de ceniza.

Muy pocas palabras habían sido dichas desde el ritual saludo entre los dos amigos, pero la situación había sido tan elocuente que de por sí, cualquier dicho habría sobrado.

El líder, antes de prepararse para salir, con las tenazas blandió el carbón frío e inútil, colocándolo de nuevo en medio del fuego y de inmediato la brasa se volvió a encender, alimentada por la luz y el calor de los carbones ardientes en torno suyo.

Cuando el dirigente alcanzó la puerta para irse y luego de un fraternal abrazo, el anfitrión sólo atinó a decir que estaba más que agradecido por la visita, que había interpretado perfectamente la encantadora lección y que no sólo le había hecho ver que todos somos importantes en su justa medida, sino que prontamente regresaría gustosamente a participar en el grupo.

****

Cuántas veces creemos que nuestra participación en algún grupo pasa inadvertida o bien nuestro aporte no es valorado o tomado en cuenta?

Pues no es así !!! Todos somos importantes y formamos parte de un todo donde cada uno tiene su misión. Nadie es más que otro y no existen las diferencias humanas más allá de las tareas que cada uno debe cumplir en la vida.

Tenemos que encontrar la nuestra… les aseguro que de éso, se trata.

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