A la vuelta de la esquina.

Me pareció despertar en el cuerpo de un extraño, una extraña para ser más preciso, podía presentir que era una hermosa y joven mujer. La débil y cálida brisa que acariciaba sus delicados brazos y los dulces aromas de primavera que llegaban a la habitación, me hicieron dar cuenta que podía percibir sus mismos sentidos. Podía oír el trinar de los pájaros y presenciar la florida plaza que se llegaba a ver desde la pequeña ventana por donde ella se asomaba.

Me preguntaba ¿cómo sería? ¿quién era?, ¿la conocería?, pero cómo veía a través de sus ojos, lo sabría sólo si pasara frente a un espejo, sin embargo se alejó de la ventana para sentarse en un pequeño escritorio de madera, prender el velador y tomar con sus manos, que también podía sentir como mías, lo que parecía un colorido diario íntimo. Lo abrió en su última página escrita y luego de tomar un bolígrafo, cerró por unos instantes sus ojos apagando por completo toda la visión que tenía de ese momento y haciendo que pierda por completo la sensación del tiempo transcurrido. No sabía si seguía soñando o si mi imaginación me estaba haciendo jugar alguna nueva instancia de vida…

Al abrirlos nuevamente noté que estaban inundados en lágrimas, increíblemente podía sentir como iban cayendo por sus mejillas, y fue tanta la angustia que me hicieron sentir que me propuse intentar leer lo que con una muy delicada escritura, lentamente iba plasmando en su diario personal. Mencionaba que lo amaba, que no podía vivir sin la esperanza de estar algún día a su lado, que no sabía cómo hacérselo saber, pero que él lo era todo y que aunque hayan sido tan pocos y cortitos los instantes en los que se habían podido cruzar, su sonrisa habría sido más que suficiente para hacer nacer en ella el gran amor de su vida. Subrayaba la frase donde pedía un milagro que la ayudara a poder dar ese paso que ni se animaba, ni sabía cómo dar.

Fue ahí cuando en realidad desperté, quedando no sólo con el completo recuerdo de ese extraño sueño, sino con el raro sentimiento de que no había sido simplemente uno más. Pero el día me esperaba como todos los otros y a mis obligaciones diarias me debería ocupar. Si bien tenía el presentimiento que algo distinto en esa jornada podría suceder, luego del rutinario trabajo y hasta la hora de regresar a casa, nada especial había pasado. Me acuerdo haber pensado que al menos un rico y gran chocolate me merecía, por lo que decidí antes de llegar a casa pasar por el kiosco que está cerquita de casa y sacarme esas tremendas ganas de terminar al menos ese día con algo diferente.

Luego de elegir la golosina que más deliciosa me pareció y darle a la joven que atendía el billete para pagarla, noté mientras me estaba dando el vuelto unas hermosas y muy delicadas manos que me resultaban conocidas. Fue entonces cuando levanté la vista y al verla bien a los ojos, su tierna y ansiosa mirada lograba dedicarme en el más maravilloso de los silencios y en un sólo y mágico instante, una a una todas esas hermosas palabras que se habían plasmado durante ese maravilloso sueño y que habían quedado firmemente grabadas en lo más profundo de mi corazón.

Y sí… el destino suele tener esas cosas… a veces raras, imaginativas y hasta inusuales maneras de hacerte ver que el amor y la felicidad se encuentran allí… a la vuelta de la esquina.

Daniel Calcagni.

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