El diccionario del diablo.

“El Diccionario del Diablo” es una genial obra escrita por Ambrose Bierce en donde se recopilan satíricamente 998 definiciones, las cuales llevan además un fuerte contenido irónico. Bierce las fue publicando por fragmentos entre los años 1881 al 1906 en diversos periódicos y finalmente en 1911 las recopiló en una versión completa.

Éstas son algunas de ellas:

Abandonado. El que no tiene favores que otorgar. Desprovisto de fortuna. Amigo de la verdad y el sentido común.

Aborígenes : Seres de escaso mérito que entorpecen el suelo de un país recién descubierto. Pronto dejan de entorpecer; entonces, fertilizan.

Agitador : Estadista que sacude los frutales del vecino… para desalojar a los gusanos.

Alianza : En política internacional la unión de dos ladrones cada uno de los cuales ha metido tanto la mano en el bolsillo del otro que no pueden separarse para robar a un tercero.

Amnistía : Magnanimidad del Estado para con aquellos delincuentes a los que costaría demasiado castigar.

Corporación : Ingenioso artificio para obtener ganancia individual sin responsabilidad individual.

Cínico : Miserable cuya defectuosa vista le hace ver las cosas como son y no como debieran ser.

Clérigo : Hombre que se encarga de administrar nuestros negocios espirituales, como método de favorecer sus negocios temporales.

Conocedor : Especialista que sabe todo acerca de algo, y nada acerca de lo demás. Se cuenta de un viejo ebrio que resultó gravemente herido en un choque de trenes; para revivirlo, le vertieron un poco de vino sobre los labios. “Pauillac, 1873”, murmuró, y expiró.

Conocido : Persona a quien conocemos lo bastante para pedirle dinero prestado, pero no lo suficiente para prestarle. Grado de amistad que llamamos superficial cuando su objeto es pobre y oscuro, e íntimo cuando es rico y famoso.

Conservador : Dícese del estadista enamorado de los males existentes, por oposición al liberal, que desea reemplazarlos por otros.

Cobarde : Dícese del que en una emergencia peligrosa piensa con las piernas.

Conferencista : Alguien que le pone a usted la mano en su bolsillo, la lengua en su oído, y la fe en su paciencia.

Confort : Estado de ánimo producido por la contemplación de la desgracia ajena.

Cerradura : Divisa de la civilización y el progreso.

Curiosidad : Reprensible cualidad de la mente femenina. El deseo de saber si una mujer es, o no, víctima de esa maldición, es una de las pasiones más activas e insaciables del alma masculina

Desgracia : Enfermedad que se contrae al exponerse a la prosperidad de un amigo

Destino : Justificación del crimen de un tirano; pretexto del fracaso de un imbécil.

Diplomacia : Arte de mentir en nombre del país.

Empujón : Una de las dos cosas que llevan al éxito, especialmente en política. La otra es el tirón.

Escrituras : Los sagrados libros de nuestra santa religión, por oposición a los escritos falsos y profanos en que se fundan todas las otras religiones.

Filosofía : Camino de muchos ramales que conduce de ninguna parte a la nada.
Intérprete : El que permite a dos personas de distinto idioma comprenderse, repitiendo a cada una lo que convendría al intérprete que dijera la otra.

Pobreza : Lima para que claven los dientes las ratas de la reforma. El número de planes para abolirla iguala al de reformadores que la padecen más el de filósofos que la ignoran. Sus víctimas se distinguen por la posesión de todas las virtudes, y por su fe en líderes que quieren conducirlas a una prosperidad donde creen que esas virtudes son desconocidas.

Plagiar : Asumir el pensamiento o el estilo de otro escritor, a quien uno jamás ha leído.

Odio : Sentimiento cuya intensidad es proporcional a la superioridad que lo provoca.

Pastor : Hombre que se encarga de administrar nuestros negocios espirituales, como método de favorecer sus negocios temporales

***

Ambrose Gwinett Bierce (Ohio, Estados Unidos, 24 de junio de 1842– Ojinaga, México 1914) fue un editor, periodista, escritor y satírico estadounidense. Su vehemencia como crítico y su visión sardónica de la naturaleza humana que mostró su trabajo le ganó el apodo de “El amargo Bierce”.

Bierce empleó un estilo distintivo de escritura, especialmente en sus historias. Su estilo a menudo abarca un comienzo abrupto, imágenes oscuras, vagas referencias al tiempo, descripciones limitadas, eventos imposibles y el tema de la guerra.

En 1913, Bierce viajó a México para adquirir experiencia de primera mano de la Revolución mexicana. Se rumoreaba que viajaba con tropas rebeldes, y no se le volvió a ver.

Antes de partir con rumbo a México, en una carta fechada el 1 de octubre de 1913, escribió a una de sus familiares en Washington:

“Adiós. Si oyes que he sido colocado contra un muro de piedra mexicano y me han fusilado hasta convertirme en harapos, por favor, entiende que yo pienso que esa es una manera muy buena de salir de esta vida. Supera a la ancianidad, a la enfermedad, o a la caída por las escaleras de la bodega. Ser un gringo en México. ¡Ah, eso sí es eutanasia!”

En la Enciclopedia Británica se supone que pudo haber fallecido en el sitio de Ojinaga (enero de 1914), pues un documento de la época consigna la muerte en esta batalla de “un gringo viejo”. Se supone que era él.

***

Para terminar les dejo uno de sus cuentos…

El rey de Ghargarou, que había estado en el extranjero para estudiar la ciencia del gobierno, designó a un centenar de sus súbditos más gordos miembros de un parlamento que debía legislar sobre la recaudación de impuestos.

A cuarenta de ellos los nombró Partido de la Oposición y dispuso que su Primer Ministro los instruyera cuidadosamente en la tarea de oponerse a toda iniciativa.

Sin embargo, el primer proyecto puesto a votación fue aprobado por unanimidad. Muy descontento, el rey lo vetó, informando a los miembros de la Oposición que si volvían a hacer eso, pagarían con la cabeza. En el acto, los cuarenta opositores se hicieron el harakiri.

– ¿Y ahora? -preguntó el rey- Es imposible mantener las instituciones liberales sin un partido de Oposición.

– Esplendor del Universo -replicó el Primer Ministro-, es cierto que esos perros de las tinieblas ya no tienen sus credenciales, pero no todo está perdido.

Confía el asunto a este gusano del polvo. Seguidamente el Primer Ministro hizo embalsamar y rellenar de paja los cadáveres de los opositores de Su Majestad y los clavó a las bancas legislativas.

En lo sucesivo, cada ley fue aprobada con cuarenta votos en contra, y la nación prosperó. Pero un día el ejecutivo remitió un proyecto de impuesto a las verrugas y fue derrotado, porque a nadie se le había ocurrido clavar también a sus bancas a los legisladores oficialistas…

Esto enfureció tanto al rey, que el Primer Ministro fue ejecutado, el parlamento disuelto con una batería de artillería, y el gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo desapareció de Ghargarou para siempre.

Fin –

Vieron… Nada ha cambiado, todo sigue igual…

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