No me pidan que ayude a mi esposa…

“Por favor…!!! No me pidan que ayude a mi esposa con los niños ni con las tareas de casa.”

Salía de un supermercado con mis hijos y escuché a un par de señoras, haciendo clara referencia a mi persona, concluir en lo mismo: “Hay que ver como ayudan ahora los hombres a sus mujeres con los hijos”.

No pude más que morderme la lengua y sonreír, pero me quedé pensando un largo rato en lo que me hubiera gustado decirles:

“Disculpe señora, pero usted está muy equivocada, yo ni ayudo, ni pienso ayudar a mi esposa con los hijos! Y la razón por lo cual simplemente no la ayudo con mis hijos, ni con las tareas de la casa, es porque no puedo ayudar a alguien en algo que es de mi entera y absoluta responsabilidad.

Los hijos, al igual que las tareas domésticas, no son el patrimonio de nadie, ni pertenecen a la mujer, ni pertenecen al hombre. Son responsabilidad de ambos. Por este motivo me llega a ofender cuando, aunque sea de modo muy bien intencionado, me halagan con “lo mucho que ayudo a mi mujer”. Cómo si ellos no fueran mis hijos o lnoas tareas dela casa no fueran tambien mi responsabilidad.

Hago, con mucho esfuerzo y mucho gusto, ni más ni menos que todo aquello que me corresponde, al igual que lo hace mi querida esposa. Y aunque sé, que por mucho que me esfuerce nunca podré hacer tanto ni tan bien como lo hace ella, pongo de mí todo lo que esté a mi alcance.

Tenemos aún en la mente un modelo de familia patriarcal en el que hay un reparto de tareas muy bien definido: el hombre es el proveedor de recursos, la mujer la gestora del hogar (ahí se incluyen los hijos). Sin embargo la sociedad ha cambiado profundamente en las últimas décadas (afortunadamente) y este reparto de papeles ha pasado en muchos casos a la historia.

En un momento en el que tenemos esta igualdad de roles entre hombre y mujer, asumir de facto que los hijos son responsabilidad de ellas es un vestigio del pasado. Hoy en día hombre y mujer se reparten (o deberían hacerlo) de modo equilibrado aquellas tareas que les atañen a ambos, como la casa y los hijos.

¿Y qué es “de modo equilibrado”?

Ese equilibrio no implica en ningún caso un reparto por igual, sino más bien una adaptación flexible entre la disponibilidad de los miembros de la familia y las tareas que se requieren…

Bueno, pues más allá de ser la madre (por obvios motivos) la encargada de la teta, el resto de las casi innumerables tareas relacionadas con los hijos no son patrimonio exclusivo de nadie, son total y absolutamente intercambiables entre padre y madre en función de las circunstancias, preferencias (de ellos) o habilidades de cada uno.

Un buen reparto de esas tareas es el que resulte equilibrado, justo, que no genere conflicto y que permita un desarrollo armonioso de la rutina doméstica.

Que importante sería que los hijos crezcan sin saber si planchar es cosa de hombres o de mujeres. Que no sepan si los baños son cosa de su padre o de su madre. Que no asocien la cocina con el feudo de nadie, ni tampoco la aspiradora, doblar ropa u ordenar los armarios. Que acudan, con más o menos igual frecuencia, a uno o a otro para que los lleven a dormir, para contar sus confidencias, para jugar o simplemente para enfadarse. Que no sientan que hay un “jefe” en la familia, sino que todos podemos convivir del modo más feliz posible, respetando por supuesto las buenas costumbres y se respire en un ambiente con la mejor educación.

Así que no, señora, yo no ayudo a mi esposa con los niños, tampoco con la casa, estoy con ellos en el supermercado y paseo con ellos porque son mis hijos y me acompañan allá donde voy, de la misma manera que los llevó donde deben ir. Les cambio los pañales, los baño, los llevo al parque o les preparo la comida, pero no por ayudar a mi esposa, sino porque son mis hijos, son mi responsabilidad y quiero que crezcan con un modelo de familia y de reparto de tareas diferente a aquel que seguro tanto usted como yo hemos tenido.”

 

Dijo alguna vez Albert Einstein:

“El mundo tal como lo hemos creado es un claro proceso de nuestro pensamiento. Jamás se lo podrá cambiar para bien sino cambiamos primero nuestra forma de pensar.”

2 comentarios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s