El rey sabio

Había una vez, en la lejana ciudad de Wirani, un rey que gobernaba a sus súbditos con tanto poder como sabiduría. Y le temían por su poder, y lo amaban por su sabiduría.

Había también en el corazón de esa ciudad un pozo de agua fresca y cristalina, del que bebían todos los habitantes; incluso el rey y sus cortesanos, pues era el único pozo de la ciudad.

Una noche, cuando todo estaba en calma, una bruja entró en la ciudad y vertió siete gotas de un misterioso líquido en el pozo, al tiempo que decía:

– Desde este momento, quien beba de esta agua se volverá loco.

A la mañana siguiente, todos los habitantes del reino, excepto el rey y su gran chambelán, bebieron del pozo y enloquecieron, tal como había predicho la bruja.

Y aquel día, en las callejuelas y en el mercado, la gente no hacía sino cuchichear:

– El rey está loco. Nuestro rey y su gran chambelán perdieron la razón. No podemos permitir que nos gobierne un rey loco; debemos destronarlo.

Aquella noche, el rey ordenó que llenaran con agua del pozo una gran copa de oro. Y cuando se la llevaron, el soberano ávidamente bebió y pasó la copa a su gran chambelán, para que también bebiera.

Y hubo un gran regocijo en la lejana ciudad de Wirani, porque el rey y el gran chambelán habían recobrado la razón.

 

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Gibrán Jalil Gibrán

Poeta, pintor y novelista libanés
(1883-1931)

Florencia.

“Hace once años, en Montevideo, yo estaba esperando a Florencia en la puerta de la casa. Ella era muy chica; caminaba como un osito. Yo la veía poco. Me quedaba en el diario hasta cualquier hora y por las mañanas trabajaba en la Universidad. Poco sabía de ella. La besaba dormida, a veces le llevaba chocolatines o juguetes.

La madre no estaba aquella tarde, y yo esperaba en la puerta de la casa el ómnibus que traía a Florencia de la jardinería.

Llegó muy triste. No hablaba. En el ascensor hacía pucheros. Después dejó que la leche se enfriara en el tazón. Miraba el piso.

La senté en mis rodillas y le pedí que me contara. Ella negó con la cabeza. La acaricié, la besé en la frente. Se le escapó alguna lágrima. Con el pañuelo le sequé la cara y la soné. Entonces volví a pedirle:

– Andá, decime.

Me contó que su mejor amiga le había dicho que no la quería. Lloramos juntos, no sé cuánto tiempo, abrazados los dos, ahí en la silla.

Yo sentía las lastimaduras que Florencia iba a sufrir a lo largo de los años y hubiera querido que Dios existiera y no fuera sordo, para poder rogarle que me diera todo el dolor que le tenía reservado.”

Eduardo Galeano.
Días y noches de amor y de guerra.

La maestra Quinteros.

Su nombre es María Quinteros y su primer día de clase de 5º grado lo inició diciendo a los niños una inocente mentira. Como casi todos los maestros lo hacían, ella miró a sus alumnos y les dijo que a todos los querría por igual. Pero eso no era posible, porque ahí en la primera fila, desparramado sobre su asiento, había un niño llamado Facundo Moreno.

La Sra. Quinteros venía observando a Facundo desde el año anterior y no había dejado de notar que él no jugaba cómo lo hacían los otros niños, su ropa estaba muy descuidada y hasta se podía percibir que a veces necesitaba darse un buen baño. Facundo había comenzado a ser para ella un tanto desagradable.

Hasta llegó el momento en que la Sra. Quinteros parecía disfrutar el marcar con una fibra roja una gran “X” en los trabajos muchas veces incompletos que presentaba Facundo. Luego los complementaba colocando un cero muy llamativo en la parte superior de sus tareas.

En la escuela donde la Sra. Quinteros enseñaba, le era requerido revisar asiduamente los historiales de cada niño e ir completándolos a medida que iban avanzando los días. Cuando tuvo que revisar el expediente de Facundo se llevó una gran y angustiante sorpresa.

La Maestra de primer grado había escrito: “Facundo es un niño muy brillante con una sonrisa sin igual. Hace su trabajo de una manera muy prolija e impecable y tiene muy buenos modales… es un verdadero placer tenerlo cerca”.

Su maestra de segundo grado escribió: “Facundo es un excelente estudiante, se lleva muy bien con sus compañeros, pero se lo nota muy preocupado y hasta algunas veces con falta de atención porque su madre está gravemente enferma y el ambiente en su casa debe ser muy difícil de sobrellevar”.

La maestra de tercer grado escribió: “Lamentablemente su madre ha fallecido y sin dudas habrá sido muy duro para él. Trata de hacer su mejor esfuerzo, pero su padre no muestra mucho interés en él y creo que el ambiente en su casa lo terminará afectando tanto en el desempeño de sus obligaciones como en su conducta si no se toman las urgentes medidas necesarias”.

Su maestra de cuarto grado lo hacía de esta manera: “Facundo se encuentra muy atrasado en sus estudios si los comparamos con los de sus compañeros y no muestra mucho interés en la escuela. No tiene muchos amigos y en ocasiones se duerme en clase”.

Ahora la Sra. Quinteros se había dado cuenta del verdadero problema del pobre Facundo y estaba muy apenada con ella misma. Cuenta que un día que jamás podrá olvidar, sus alumnos les llevaron regalos por el día del maestro, todos envueltos con preciosos moños y papel brillante, excepto el de Facundo. Su regalo estaba mal envuelto con un papel viejo y amarillento que él había tomado de una bolsa de papel. A la Sra. Quinteros le dio un muy raro sentimiento abrir ese regalo en medio de los otros presentes, hasta algunos niños comenzaron a reír cuando una vez descubierto el regalo, encontró un viejo brazalete y un frasco de perfume con solo un cuarto de su contenido. Sin embargo ella detuvo las burlas de los niños al exclamar lo precioso que era el brazalete mientras que se lo probaba y se colocaba un poco del perfume en su muñeca. Facundo Moreno se quedó ese día, una vez terminada la clase, el tiempo suficiente como para ser el último en abandonar la sala y aprovechar para decirle a su maestra: “Sra. Quinteros, hoy usted huele como solía oler mi mamá… y me encanta.” Después de que el niño se fuera, ella quedó llorando un largo rato.

Desde ese día, ella notó que debería cambiar su modo de enseñar a los niños. No tanta aritmética y gramática, ni tantas lecturas y escrituras, sin antes prestarles la debida atención a cada uno de sus tiernos alumnos, sin dejar de poner todo el amor y el cuidado que cada uno de ellos se merecían. Habría comenzado a educar a los niños de otro manera, con un sentimiento que desde ese día, su corazón nunca le dejaría de dictar.

Y más vale… la Sra. Quinteros pondría una atención especial en Facundo.

Conforme comenzó a trabajar con él, Facundo comenzó a revivir. Mientras más lo apoyaba, él más rápido respondía.

Para el final del ciclo escolar, Facundo se había convertido en uno de los niños más aplicados de la clase y a pesar de su mentira, de que quería a todos sus alumnos por igual, Facundo se convirtió en uno de los consentidos de la maestra.

Dos años después, ella encontró una nota debajo de su puerta, era de Facundo, diciéndole que ella había sido la mejor maestra que había tenido en toda su vida.

Cinco años después, más o menos por la mismas fechas, recibió otra nota de Facundo, ahora lo hacía diciéndole que había terminado el secundario siendo el tercero de su clase y que ella seguía siendo la mejor maestra que había tenido en toda su vida.

Años después recibió una más, otra que decía que a pesar de que en ocasiones las cosas les fueron muy duras, logró mantenerse en la escuela y pronto se graduaría con los más altos honores. Jamás dejaba de reiterarle que seguiría siendo la mejor maestra que había tenido en toda su vida y claro, su favorita.

La Sra. Quinteros recibió desde ese entonces algunas otras cartas, en ellas Facundo le iba contando de su vida, sus estudios, sus viajes, y en donde nunca dejaba de hacerle el comentario que jamás podrá olvidarse de ella, pues simplemente habría sido para él la mejor maestra que Dios pudo haber puesto en su camino y que por ello estaría por siempre en su corazón. En estas últimas, y para el mayor de los orgullos de la fiel maestra, las firmaba como el Dr. Facundo Moreno.

Pero la historia no termina aquí, existe una carta más, una en la que Facundo ahora le decía que había conocido a una chica con la cual iba a casarse y que para él no habría mayor honor si ella aceptara ocupar en su boda el lugar que usualmente es reservado para la madre del novio. Por supuesto que la Sra. Quinteros aceptaría y para la mejor de las sorpresas de Facundo, ella llegó usando el viejo brazalete y asegurándose usar el mismo perfume que aquel inolvidable día, ese maravilloso niño le habría regalado y que había usado su madre la última Navidad en que la pasaron juntos.

Se dieron un gran abrazo y el Dr. Moreno le susurró al oído:

“Gracias Sra. Maestra por creer tanto en mí. Muchas gracias por hacerme sentir importante y mostrarme que con amor y esfuerzo, uno puede hacer la diferencia”.

La Sra. Quinteros con lágrimas en los ojos, tomó aire y le dijo:

“Facundo, te equivocas, tú fuiste el que me enseñó a mí… sin dudas yo pude gracias a tí hacer la diferencia. No tenía muy en claro cómo habría que educar hasta que te conocí a tí”.

***

No importa si eres estudiante, docente o profesiónal, no importa donde vives, con quienes estés o de donde vienes o a donde vas, siempre tendrás la oportunidad de hacer algo de corazón por alguien, y créeme, retornará siempre a tí, aunque no lo quieras y cómo casi siempre pasa, de la mejor manera.

Adoro que me acaricien el alma…

Adoro que me acaricien el alma, la piel… la toca cualquiera.

Acariciar el alma es seducir con las palabras para encender emociones insospechadas. El buen artesano del amor sincero sabe que no hay mayor atracción que la de dos seres que encajan, que se buscan y se descubren más allá de la piel y los sentidos, porque acariciar el alma es renacer en el otro sin dejar de ser uno mismo.

Si lo pensamos bien, suelen ser muy pocas las veces en que llegamos a experimentar una auténtica unión mental con alguien hasta el punto de que la seducción, pase casi por alto lo físico para deleitarnos con una armonía de gustos, placeres, conocimientos y complicidades que trazan instantes maravillosos imposibles de olvidar.

Aunque no lo creas… es lo más natural del mundo.

La fábula del Pelotudo.

Se cuenta que en una ciudad del interior, un grupo de personas se divertían con el pelotudo del pueblo. Un pobre infeliz de poca inteligencia, que vivía haciendo pequeños mandados y recibiendo limosnas. Diariamente, algunos hombres llamaban al pelotudo al bar donde se reunían y le ofrecían escoger entre dos monedas: una de tamaño grande de 50 centavos y otra de menor tamaño, pero de 1 peso. Él siempre agarraba la más grande y menos valiosa, lo que era motivo de risas para todos.

Un día, alguien que observaba al grupo divertirse con el inocente hombre, lo llamó aparte y le preguntó si todavía no había percibido que la moneda de mayor tamaño valía menos y éste le respondió:

– Lo sé, no soy tan pelotudo como aparento…, vale la mitad, pero el día que escoja la otra, el jueguito se acaba y no voy a ganar más mi moneda.

Fontanarrosa.

***

Esta historia podría concluir aquí, como una simple anécdota, pero porqué no sacar alguas conclusiones:

La primera: Quien parece pelotudo, no siempre lo es.

La segunda: ¿Cuáles eran los verdaderos pelotudos de la historia?

La tercera: Una ambición desmedida puede acabar cortando tu fuente de ingresos

La cuarta y sin duda la conclusión más interesante:

“Podemos estar bien aún cuando los otros no tengan una buena opinión sobre nosotros. Por lo tanto, lo que importa no es lo que piensan los demás de nosotros, sino lo que uno piensa de sí mismo “

Moraleja:

“En este mundo que nos toca, puede ser que el verdadero hombre inteligente sea aquel que aparenta ser pelotudo delante de ese pelotudo… que vive convencido de ser muy inteligente.”

 

Una cuestión de enseñanza…

Después de dictar la clase que sin dudas creía había sido magistral, el profesor pudo comprobar que ningún alumno había entendido. Fue cuando un enérgico y contundente “Ustedes no entendieron nada“, le terminaba de demostrar a Juancito cuan mal educador resultaba ser su nuevo maestro.

Juan es un chico muy sagaz, suele vivir diciéndole a todos que algún día quisiera poder cambiar el mundo. Y es que los que lo conocen saben que tiene una innata capacidad de detectar a las personas que pueden ser sanadoras de este enfermo planeta y quienes no hacen otra cosa que seguir destruyéndolo de a poco…

Juancito sabe perfectamente la diferencia que existe entre esas soberbias palabras que fueron dichas por su incapaz y mal profesor y las que él hubiera esperado en su lugar:

“…Mis queridos alumnos, creo que no pude lograr que mi explicación fuera tan clara como hubiera querido para que todos la entendieran, intentaré mejorarla para la próxima clase…“

Ellas sin dudas hubieran sido inspiradoras, sabias, humildes y fundamentalmente integradoras.

Juan también sabe que algún día… todo va a ser mejor.

(dc)

El diccionario del diablo.

“El Diccionario del Diablo” es una genial obra escrita por Ambrose Bierce en donde se recopilan satíricamente 998 definiciones, las cuales llevan además un fuerte contenido irónico. Bierce las fue publicando por fragmentos entre los años 1881 al 1906 en diversos periódicos y finalmente en 1911 las recopiló en una versión completa.

Éstas son algunas de ellas:

Abandonado. El que no tiene favores que otorgar. Desprovisto de fortuna. Amigo de la verdad y el sentido común.

Aborígenes : Seres de escaso mérito que entorpecen el suelo de un país recién descubierto. Pronto dejan de entorpecer; entonces, fertilizan.

Agitador : Estadista que sacude los frutales del vecino… para desalojar a los gusanos.

Alianza : En política internacional la unión de dos ladrones cada uno de los cuales ha metido tanto la mano en el bolsillo del otro que no pueden separarse para robar a un tercero.

Amnistía : Magnanimidad del Estado para con aquellos delincuentes a los que costaría demasiado castigar.

Corporación : Ingenioso artificio para obtener ganancia individual sin responsabilidad individual.

Cínico : Miserable cuya defectuosa vista le hace ver las cosas como son y no como debieran ser.

Clérigo : Hombre que se encarga de administrar nuestros negocios espirituales, como método de favorecer sus negocios temporales.

Conocedor : Especialista que sabe todo acerca de algo, y nada acerca de lo demás. Se cuenta de un viejo ebrio que resultó gravemente herido en un choque de trenes; para revivirlo, le vertieron un poco de vino sobre los labios. “Pauillac, 1873”, murmuró, y expiró.

Conocido : Persona a quien conocemos lo bastante para pedirle dinero prestado, pero no lo suficiente para prestarle. Grado de amistad que llamamos superficial cuando su objeto es pobre y oscuro, e íntimo cuando es rico y famoso.

Conservador : Dícese del estadista enamorado de los males existentes, por oposición al liberal, que desea reemplazarlos por otros.

Cobarde : Dícese del que en una emergencia peligrosa piensa con las piernas.

Conferencista : Alguien que le pone a usted la mano en su bolsillo, la lengua en su oído, y la fe en su paciencia.

Confort : Estado de ánimo producido por la contemplación de la desgracia ajena.

Cerradura : Divisa de la civilización y el progreso.

Curiosidad : Reprensible cualidad de la mente femenina. El deseo de saber si una mujer es, o no, víctima de esa maldición, es una de las pasiones más activas e insaciables del alma masculina

Desgracia : Enfermedad que se contrae al exponerse a la prosperidad de un amigo

Destino : Justificación del crimen de un tirano; pretexto del fracaso de un imbécil.

Diplomacia : Arte de mentir en nombre del país.

Empujón : Una de las dos cosas que llevan al éxito, especialmente en política. La otra es el tirón.

Escrituras : Los sagrados libros de nuestra santa religión, por oposición a los escritos falsos y profanos en que se fundan todas las otras religiones.

Filosofía : Camino de muchos ramales que conduce de ninguna parte a la nada.
Intérprete : El que permite a dos personas de distinto idioma comprenderse, repitiendo a cada una lo que convendría al intérprete que dijera la otra.

Pobreza : Lima para que claven los dientes las ratas de la reforma. El número de planes para abolirla iguala al de reformadores que la padecen más el de filósofos que la ignoran. Sus víctimas se distinguen por la posesión de todas las virtudes, y por su fe en líderes que quieren conducirlas a una prosperidad donde creen que esas virtudes son desconocidas.

Plagiar : Asumir el pensamiento o el estilo de otro escritor, a quien uno jamás ha leído.

Odio : Sentimiento cuya intensidad es proporcional a la superioridad que lo provoca.

Pastor : Hombre que se encarga de administrar nuestros negocios espirituales, como método de favorecer sus negocios temporales

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Ambrose Gwinett Bierce (Ohio, Estados Unidos, 24 de junio de 1842– Ojinaga, México 1914) fue un editor, periodista, escritor y satírico estadounidense. Su vehemencia como crítico y su visión sardónica de la naturaleza humana que mostró su trabajo le ganó el apodo de “El amargo Bierce”.

Bierce empleó un estilo distintivo de escritura, especialmente en sus historias. Su estilo a menudo abarca un comienzo abrupto, imágenes oscuras, vagas referencias al tiempo, descripciones limitadas, eventos imposibles y el tema de la guerra.

En 1913, Bierce viajó a México para adquirir experiencia de primera mano de la Revolución mexicana. Se rumoreaba que viajaba con tropas rebeldes, y no se le volvió a ver.

Antes de partir con rumbo a México, en una carta fechada el 1 de octubre de 1913, escribió a una de sus familiares en Washington:

“Adiós. Si oyes que he sido colocado contra un muro de piedra mexicano y me han fusilado hasta convertirme en harapos, por favor, entiende que yo pienso que esa es una manera muy buena de salir de esta vida. Supera a la ancianidad, a la enfermedad, o a la caída por las escaleras de la bodega. Ser un gringo en México. ¡Ah, eso sí es eutanasia!”

En la Enciclopedia Británica se supone que pudo haber fallecido en el sitio de Ojinaga (enero de 1914), pues un documento de la época consigna la muerte en esta batalla de “un gringo viejo”. Se supone que era él.

***

Para terminar les dejo uno de sus cuentos…

El rey de Ghargarou, que había estado en el extranjero para estudiar la ciencia del gobierno, designó a un centenar de sus súbditos más gordos miembros de un parlamento que debía legislar sobre la recaudación de impuestos.

A cuarenta de ellos los nombró Partido de la Oposición y dispuso que su Primer Ministro los instruyera cuidadosamente en la tarea de oponerse a toda iniciativa.

Sin embargo, el primer proyecto puesto a votación fue aprobado por unanimidad. Muy descontento, el rey lo vetó, informando a los miembros de la Oposición que si volvían a hacer eso, pagarían con la cabeza. En el acto, los cuarenta opositores se hicieron el harakiri.

– ¿Y ahora? -preguntó el rey- Es imposible mantener las instituciones liberales sin un partido de Oposición.

– Esplendor del Universo -replicó el Primer Ministro-, es cierto que esos perros de las tinieblas ya no tienen sus credenciales, pero no todo está perdido.

Confía el asunto a este gusano del polvo. Seguidamente el Primer Ministro hizo embalsamar y rellenar de paja los cadáveres de los opositores de Su Majestad y los clavó a las bancas legislativas.

En lo sucesivo, cada ley fue aprobada con cuarenta votos en contra, y la nación prosperó. Pero un día el ejecutivo remitió un proyecto de impuesto a las verrugas y fue derrotado, porque a nadie se le había ocurrido clavar también a sus bancas a los legisladores oficialistas…

Esto enfureció tanto al rey, que el Primer Ministro fue ejecutado, el parlamento disuelto con una batería de artillería, y el gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo desapareció de Ghargarou para siempre.

Fin –

Vieron… Nada ha cambiado, todo sigue igual…

No me pidan que ayude a mi esposa…

“Por favor…!!! No me pidan que ayude a mi esposa con los niños ni con las tareas de casa.”

Salía de un supermercado con mis hijos y escuché a un par de señoras, haciendo clara referencia a mi persona, concluir en lo mismo: “Hay que ver como ayudan ahora los hombres a sus mujeres con los hijos”.

No pude más que morderme la lengua y sonreír, pero me quedé pensando un largo rato en lo que me hubiera gustado decirles:

“Disculpe señora, pero usted está muy equivocada, yo ni ayudo, ni pienso ayudar a mi esposa con los hijos! Y la razón por lo cual simplemente no la ayudo con mis hijos, ni con las tareas de la casa, es porque no puedo ayudar a alguien en algo que es de mi entera y absoluta responsabilidad.

Los hijos, al igual que las tareas domésticas, no son el patrimonio de nadie, ni pertenecen a la mujer, ni pertenecen al hombre. Son responsabilidad de ambos. Por este motivo me llega a ofender cuando, aunque sea de modo muy bien intencionado, me halagan con “lo mucho que ayudo a mi mujer”. Cómo si ellos no fueran mis hijos o lnoas tareas dela casa no fueran tambien mi responsabilidad.

Hago, con mucho esfuerzo y mucho gusto, ni más ni menos que todo aquello que me corresponde, al igual que lo hace mi querida esposa. Y aunque sé, que por mucho que me esfuerce nunca podré hacer tanto ni tan bien como lo hace ella, pongo de mí todo lo que esté a mi alcance.

Tenemos aún en la mente un modelo de familia patriarcal en el que hay un reparto de tareas muy bien definido: el hombre es el proveedor de recursos, la mujer la gestora del hogar (ahí se incluyen los hijos). Sin embargo la sociedad ha cambiado profundamente en las últimas décadas (afortunadamente) y este reparto de papeles ha pasado en muchos casos a la historia.

En un momento en el que tenemos esta igualdad de roles entre hombre y mujer, asumir de facto que los hijos son responsabilidad de ellas es un vestigio del pasado. Hoy en día hombre y mujer se reparten (o deberían hacerlo) de modo equilibrado aquellas tareas que les atañen a ambos, como la casa y los hijos.

¿Y qué es “de modo equilibrado”?

Ese equilibrio no implica en ningún caso un reparto por igual, sino más bien una adaptación flexible entre la disponibilidad de los miembros de la familia y las tareas que se requieren…

Bueno, pues más allá de ser la madre (por obvios motivos) la encargada de la teta, el resto de las casi innumerables tareas relacionadas con los hijos no son patrimonio exclusivo de nadie, son total y absolutamente intercambiables entre padre y madre en función de las circunstancias, preferencias (de ellos) o habilidades de cada uno.

Un buen reparto de esas tareas es el que resulte equilibrado, justo, que no genere conflicto y que permita un desarrollo armonioso de la rutina doméstica.

Que importante sería que los hijos crezcan sin saber si planchar es cosa de hombres o de mujeres. Que no sepan si los baños son cosa de su padre o de su madre. Que no asocien la cocina con el feudo de nadie, ni tampoco la aspiradora, doblar ropa u ordenar los armarios. Que acudan, con más o menos igual frecuencia, a uno o a otro para que los lleven a dormir, para contar sus confidencias, para jugar o simplemente para enfadarse. Que no sientan que hay un “jefe” en la familia, sino que todos podemos convivir del modo más feliz posible, respetando por supuesto las buenas costumbres y se respire en un ambiente con la mejor educación.

Así que no, señora, yo no ayudo a mi esposa con los niños, tampoco con la casa, estoy con ellos en el supermercado y paseo con ellos porque son mis hijos y me acompañan allá donde voy, de la misma manera que los llevó donde deben ir. Les cambio los pañales, los baño, los llevo al parque o les preparo la comida, pero no por ayudar a mi esposa, sino porque son mis hijos, son mi responsabilidad y quiero que crezcan con un modelo de familia y de reparto de tareas diferente a aquel que seguro tanto usted como yo hemos tenido.”

 

Dijo alguna vez Albert Einstein:

“El mundo tal como lo hemos creado es un claro proceso de nuestro pensamiento. Jamás se lo podrá cambiar para bien sino cambiamos primero nuestra forma de pensar.”

Igualdades…

Mientras estaba terminando de lavar los platos noté que mi pequeña hijita me miraba detenidamente cómo si estuviera intentando ordenar sus muy juveniles pensamientos.

– Mamy, ¿es cierto que Juan y yo somos iguales?

Suspiré profundamente y mientras intentaba imaginar por donde podía venir la pregunta, cerré el grifo de la pileta y me sequé las manos cómo para mirarla a los ojos y prestarle atención.

– Pues… a ver… ¿por qué me haces esa pregunta?

– Es que La Seño nos dijo que los niños y las niñas somos iguales, pero… yo no quiero ser igual a Juan. ¿Has visto que siempre nos vive molestando, diciendo malas palabras y encima le cuelgan los mocos de la nariz y se los limpia con la mano?

– Pero cariño! Lo que quiso decir la maestra es que existe igualdad entre los niños y las niñas…

Detrás de los hermosos e inocentes ojitos de Cecilia, que tenía en ese entonces un gesto de mayor contusión que antes, atisbé la pila de ropa para planchar a punto de desmoronarse desde la silla y la figura de su padre totalmente desparramado en el sofá, con los pies sobre la mesita ratona y la atención absorta en la pantalla del televisor viendo el partido a todo volumen.

Volví a mirar el rostro todavía expectante de mi hija, pero el instinto de madre me llevó a intentar no angustiarla más… al fin y al cabo creo todavía que es muy pequeñita para aclararle algunas cosas, entonces le dije:

– Es que… lo que intenta decir la seño… -sin embargo dudé- es que no importa si eres niño o niña en lo que se refiere a tus derechos, tus obligaciones, tus oportunidades…. Antes…, las mujeres teníamos muchos menos derechos que los hombres, no podíamos decidir, no podíamos trabajar, no podíamos manejar ni nuestro dinero y hasta algunas veces ni nuestro propio destino, sólo éramos respetadas si nos condicionábamos a lo que querían nuestros padres o maridos…

– ¿Pero éso ya no es así…, no es cierto Má? – preguntó con la boca fruncida y un gesto de gran preocupación.

– No…, claro que no -la tranquilicé-, y luego de algunos segundos de silencio, salió corriendo detrás del gato que se dirigía hacia el jardín.

Me quedé inmóvil, angustiada, más bien derrotada. Miré la hilera de ropa para planchar, sentí mi presencia solitaria e indefensa en la cocina, los platos todavía sin lavar en la bacha, la sartén chisporroteando con lo que sería la cena, mis manos pálidas y arrugadas motivo de las tareas de la casa, y antes de volver a abrir el grifo, y volver a “mis quehaceres diarios”, me pregunté… cuál sería la edad adecuada para explicarle a mi adorada Cecilia, que los reyes magos… no existen.

(dc)

Lucía y la noción del tiempo.

Lucía siempre vivió en Neuquén. Ahora tiene veintisiete años y esta historia me la explicó por correo. Me cuenta que hace veinticinco años, cuando era muy chiquita, acompañaba a su mamá a ver a sus hermanas mayores jugar un partido de hockey. Estos torneos se hacían en unas chacras neuquinas muy grandes, arboladas y a cielo abierto. Un lugar perfecto para que una nena de casi tres años pierda la noción del tiempo.

Lucía no recuerda muy bien lo que pasó aquella tarde, ni por qué se separó del grupo familiar. Por lo tanto no vivió en carne propia la desesperación de su madre, ni la angustia de sus hermanas, cuando empezó a atardecer y nadie la encontraba.

—¡Lucía! —gritaba su mamá haciendo eco con las manos.

—¡Lu! —gritaba su hermana mayor, con los ojos llenos de lágrimas.

Lucía ya sabía caminar sola y era muy inquieta. Eso le decía su madre a todo el mundo mientras la buscaban: que era muy inquieta.

El torneo de hockey se suspendió y se organizó un rastrillaje de vecinos que empezaron a peinar el predio a pie. Cuando empezó a anochecer algunos padres pusieron las luces de sus camionetas enfocando al norte, para el lado de las acequias. De esa forma podrían seguir buscándola aunque oscureciera.

Pero la mamá de Lucía no quería saber nada con esa posibilidad, porque el frío nocturno podía ser fatal.

Y entonces pasó un milagro; el primer milagro.

Todavía no se había hecho de noche por completo, cuando alguien dio la voz de alerta.

—¿Es ella? ¡Es ella!

Un chico de unos once o doce años traía a Lucía de la mano, desde las acequias. Se veían las siluetas de los dos. Ella no se acuerda de nada de todo esto, pero mil veces le contaron la anécdota en los cumpleaños y en las sobremesas. Lucía venía un poco asustada pero sin llorar. El chico que la traía le daba charla y levantaba la mano libre con el pulgar en alto, como diciendo que todo estaba bien.

Yo me di cuenta, en el mail, que Lucía me daba datos que era imposible que ella misma recordara. Está claro que el terror de la madre y las hermanas se metían en el medio de la historia. Para ella fue solamente una aventura difusa de su primera infancia; no recuerda por qué se perdió, si fue por perseguir una mariposa. Solo se acuerda de que perdió la noción del tiempo.

Cuando aquel nene (que se convirtió además en el héroe del día) devolvió la criatura a la familia, la mamá de Lucía abrazó a su hija y se largó a llorar como nunca. Y muchas veces, durante los años siguientes, la mamá de Lucía a veces se despierta con la sensación de ahogo y de impotencia que provoca el perder a un hijo.

Por eso, dos décadas después, la mamá de Lucía abrazó tan fuerte a Alejandro cuando le vio los ojos. Por eso volvió a llorar y por eso hizo semejante escándalo.

El segundo milagro pasó en 2010. Lucía ya era veinteañera y estaba haciendo una pasantía de diseño gráfico. Trabajaba en un edificio grande donde había infinidad de personas. Ella tenía novio, pero desde que llegó al nuevo trabajo se enamoró secretamente de un contador que trabajaba allí: Alejandro.

Yo hablé con Lucía esta mañana. Ella me jura que se enamoró del contador porque le pareció muy lindo y porque le gustó su sonrisa (parece ser que el contador tiene hoyuelos o algo así) y no porque fuera el mismo chico de once años que una vez la encontró llorando en una acequia, cuando se hacía de noche. Ella me jura y perjura que no tenía la menor idea.

Lucía me asegura que el amor no surgió de aquel recuerdo escondido, y que no supo —hasta muchos meses después— que el contador era la misma persona que la había encontrado aquella tarde y la había devuelto a su madre.

Él dice lo mismo. Me cuenta que se enamoró de Lucía porque cuando ella entró como pasante a su trabajo «estaba tremendamente fuerte». Eso me dice. Y también me cuenta que después la oyó reírse con otras compañeras y casi se le doblan las piernas cuando vio su carcajada.

Ni Lucía ni Alejandro confiesan recordar la tarde de 1992 en las canchas de hockey. Ninguno confía en que el subconsciente les haya podido hacer trampa. Hablan de otras razones: de calentura, de fascinación, de hormonas, después incluso hablan de amor a primera vista, aunque sea falso que su encuentro de 2010 haya sido el primero. Técnicamente, ellos se dieron la mano dieciocho años antes de la primera vez oficial.

Le pregunté a Lucía cómo empezaron a salir juntos. Me dijo que él consiguió su Facebook y le mandó un mensaje. Alejandro le dijo, en ese primer mensaje, que la había visto tomando Coca con Fernet la noche anterior, en una fiesta del trabajo, y que le había encantado su vestido.

Un par de semanas después empezaron a salir. Era el año 2010.

Y entonces ocurrió que en 2011, cuando ya eran una pareja más o menos consolidada, respiraron hondo y se presentaron cada uno a la familia del otro. Cuando Lucía fue a casa de los padres de Alejandro nadie descubrió la coincidencia.

Pero no pasó lo mismo cuando la pareja visitó por primera vez a la madre de Lucía.

La mamá de Lucía, ni bien lo vio, pegó un grito y después dijo:

—¿Este es el Alejandro del que me hablabas, nena? —y le dio a su yerno flamante un abrazo que ni él ni Lucía entendieron.

La madre de Lucía se reía y lloraba al mismo tiempo. Lucía pensó que a su madre le había agarrado un ACV o que estaba borracha. La mujer quería hablar, quería explicar, pero se reía y lloraba al mismo tiempo.

Cuando se pudo calmar un poco, se separó del abrazo con su yerno y miró a su hija. Le dijo:

—¡Nena! ¡Este chico primero te devuelve y después te reclama!

Cuando entendieron de qué hablaba la suegra, Lucía y Alejandro se miraron con una sorpresa nueva y otra vez perdieron la noción del tiempo. Se dieron la mano y se miraron a los ojos, como si de repente se empezara a hacer de noche y estuvieran en una acequia y hubiera, de pronto, que volver a casa.

Hernán Casciari.
Del blog Orsai.com

El engaño.

La capacidad de engañar es una de las más poderosas armas con las que la naturaleza dotó a los seres vivos con el objetivo de facilitarles la supervivencia en el hostil medio que ella misma generó. Ésta le permite al que mejor la practica, tomar ventajas con respecto a víctimas, a rivales y a enemigos; su producto, el engaño, presenta diversas modalidades, según su origen, destinatario y objetivos precisos; si el destinatario es una inofensiva posible víctima, el procedimiento puede consistir en algo tan simple como distraer su atención para que ésta baje, transitoria y fatalmente, la guardia, pero también pudiera ser algo más sofisticado, tal como una falsa promesa de seguridad o de placer, revestida quizás de brillantes colores, de ricos aromas, de bellas formas o de seductoras palabras.

También podría tomar el aspecto de un elaborado disimulo o de un eficiente camuflaje, es decir, ya sea de un artero ocultamiento de intenciones o de un disfraz que confunda al peligroso acechante con el entorno o lo haga aparecer inofensivo, tal como ocurre con un lobo vestido con piel de oveja.

“Sin embargo, cuando el engaño va destinado a rivales y enemigos, el engañante tiene que ser más cuidadoso porque éstos, a diferencia de los débiles e inofensivos, pueden oponer una resistencia tal que la posible víctima se convierta en victimaria; por ello, en esos casos, el engañante debe procurar comportarse con mayor inteligencia, astucia y sutileza que su oponente, haciendo gala de una muy alta habilidad, si es que desea lograr vencer y conseguir sus propósitos.”

Entre las formas más solapadas y efectivas de engaño se encuentra la cortesía falsa, que se confunde con la hipocresía, para recubrir a las peores intenciones.

Es bueno tener presente que el engañante define, a través de su actuar, cuáles son sus posibles víctimas, rivales o enemigos y, en consecuencia, tras desvelarse sus verdaderas intenciones, debe estar preparado para soportar los conflictos a los que pudiesen dar origen las represalias que los afectados optasen por ejercer.

Y, claro está, aunque nunca se desea engañar a quien se ama o estima, es un hecho que ello sucede; sin embargo, entonces, el engañante jamás se libra de un molesto cargo de conciencia o de la desazón de constatar el enorme dolor que su acción causa en quien se creía amado, dolor mucho más intenso que cuando la felonía tiene otro origen.

De este modo, si bien engañar a otros seres humanos puede ser, en ciertos casos, una muestra de inteligencia y habilidades superiores, es usualmente considerado como muy reprobable porque ese acto revela falta de amor, de consideración y de respeto hacia los demás y también porque en él se encuentra la base de muchos de los enfrentamientos que acidifican la convivencia humana.

Si engañar a otros es, por lo general, muy feo, engañarse a sí mismo es, también por lo general, tonto. Quien lo hace revela que no se ama ni respeta lo suficiente a sí mismo y también que posee un desarrollo intelectual muy limitado. Para que el auto engaño fuese aceptable, tendría que ser muy inteligente y con un propósito altruista (no arribista) casi comprometido con la supervivencia misma de quien lo lleva a cabo; en ningún caso debiera ser tan torpe como el del avestruz, la cual cree eliminar el peligro escondiendo la cabeza, o tan infantil como el del niño que también supone que se hará invisible para los demás, con sólo taparse los ojos.

El que es engañado o el que ha logrado auto hacerlo, comienza, en ese aspecto, a vivir en un mundo de fantasía, en un mundo de irrealidades del cual puede volver a la tierra en forma violenta y desagradable. Es bueno pues, todos lo sabemos, tomar precauciones, especialmente cuando de auto engañarse se trata.

¿Y quiénes tienen más necesidad de engañar?; sin duda que los débiles (o los que creen serlo) y los depredadores, es decir, los que buscan víctimas. Así, los niños mienten por temor y muchas mujeres también; disimulan y engañan aquellos de alma frágil cuando se sienten amenazados y los que temen perder, lo que sea. ¿Ha visto, alguna vez, camuflarse a un elefante? Engañan también los depredadores y los que tienen alma de tales; se han acostumbrado a hacerlo para sobrevivir. ¿Se ha dado cuenta que la serpiente de cascabel se camufla para actuar como depredadora pero no lo hace cuando se cree amenazada?.

¿Y para quienes es mayor la probabilidad de ser engañados?; curiosamente, también para los depredadores (o a los que se ve como tales) y para los más débiles. A los depredadores y a los poderosos se los engaña por temor y para competir por sus favores; se los engaña mientras son o parecen fuertes pues, llegado el momento adecuado, hasta el león es comido por las hienas y los gusanos. Se engaña y agrede a los más débiles porque no se tiene temor de ellos pero es bueno recordar siempre la realidad anterior.

Sí, el engaño y las contramedidas correspondientes son omnipresentes en la naturaleza y forman parte de las pruebas que todos los seres vivos deben pasar para demostrar las capacidades de adaptación que facilitan la competencia por sobrevivir.

El ser humano, aunque no es ajeno a ellas y está condenado a convivir con sus negativos efectos, tiene, para mitigarlos, algo que el resto de la naturaleza no posee: su conciencia y su capacidad de sentir amor. Es desarrollando estos dones que los miembros de cualquier comunidad pueden hacer sus vidas más gratas, fructíferas y felices.

La conciencia humana y la física cuántica.

Microtúbulos, un puente de estructura cuántica entre el conocimiento universal y la conciencia humana.

Cuando leí hace algunos años el siguiente artículo noté que a partir de ese momento se produciría en mí un antes y un después en el modo de ver el universo. Sé que es bastante extenso, pero si les interesa conocer una teoría de como se cree se origina la conciencia, no dejen de leerla. (para mí es muy acertada y va a traer en un futuro mucho que hablar)

Se trata de una entrevista a Stuart Hameroff, anestesista, investigador y profesor de la Universidad de Arizona, conocido por promover el estudio científico de la conciencia y por sus especulaciones sobre la teoría de los mecanismos que la gobiernan. A el siempre le sacaba el sueño el hecho de no saber exactamente el porqué la anestesia produce una interrupción en la conciencia y estaba muy seguro que avanzar en ese misterio permitiría descubrir inimaginables conocimientos.

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Durante los últimos treinta y cinco años, las misteriosas conexiones entre la física cuántica y la conciencia humana han llegado a ser gradualmente un principio central de los encuentros entre la espiritualidad entre Oriente y Occidente. La gente, de algún modo, se las ha arreglado para encontrar una relación convincente y atractiva entre el mundo intangible de las partículas subatómicas y el reino inmaterial de la conciencia y el espíritu.
Esta entrevista al profesor Hameroff, conocido por su trabajo en el área de los estudios de conciencia e iniciador en 1994 de las series de conferencias Hacia una Ciencia de la Conciencia, es un intento por dar a conocer el llamado “problema duro” de cómo y porque la mente subjetiva parece surgir de la materia objetiva. Su trabajo basado en el estudio de pequeñas estructuras o microtúbulos dentro de las células del cerebro humano, es uno de los mas persuasivos acerca de una relación entre física cuántica y conciencia. Una mirada que coloca a “la conciencia danzando entre los mundos clásico y cuántico.”

Stuart Hameroff tiene el título de Profesor Emérito de Anestesiología de la Universidad de Arizona y pasa mucho de su tiempo en cirugía en el Centro Médico de la Universidad de Arizona, Hameroff es más conocido por su trabajo en el área de los estudios de conciencia. En 1994, el fundó las series de conferencias Hacia una Ciencia de la Conciencia , uniendo los líderes mundiales expertos en conciencia cada dos años en Tucson, Arizona1, para explorar varias nebulosas de algo llamado el “problema duro” –como y por qué la mente subjetiva parece surgir de la materia objetiva. Por más de veinte años, Hameroff ha colaborado con el físico matemático de Oxford, Sir Roger Penrose para desarrollar (y defender) una teoría de la conciencia basada en la física cuántica que es impresionante, original y ambiciosa, por decir lo menos. La teoría es una fusión de las diferentes y distintas áreas de expertise de Hameroff y Penrose: los estudios de Hameroff acerca de las pequeñas estructuras llamadas “microtúbulos” dentro de las células del cerebro humano y el trabajo de Penrose acerca a de las relaciones entre la física cuántica, la gravedad, y la geometría del espacio y el tiempo. En algún sentido, su trabajo podría ser considerado como “una gran teoría unificada” de la física cuántica y la conciencia- una teoría un tanto más sofisticada que cualquiera que usted pueda encontrar en la sección de su librería local. Después de entrevistar a Hameroff, me encontré cuestionando mi desestimación previa de lo que he llamado “misticismo cuántico” y, estoy seguro de que encontraré este argumento igualmente iluminador.
Dicho eso, considérese usted advertido: la entrevista que sigue no es fácil de leer. De hecho puede que requiera más de una lectura cuidadosa antes de que los diferentes hilos que Hameroff extiende comiencen a hilvanarse en su mente. Sin embargo, el resultado vale la pena. No estoy seguro si estoy de acuerdo con todas las conclusiones de Hameroff- y él mismo insiste en que su teoría necesita ser demostrada- pero sé que sus argumentos para una relación entre la física cuántica y la conciencia están entre los más persuasivos que he escuchado.
El misterio de los Microtúbulos

ENTREVISTADOR (EN): Usted es más conocido como uno de los proponentes líderes de la teoría de la mente basada en la física cuántica. ¿Cómo empezó a interesarse en el misterio de la conciencia?

STUART HAMEROFF (SH): Me interesé por primera vez en la conciencia mientras tomaba un curso de filosofía en el colegio a fines de los años 60. Estudiando mayormente ciencia y matemáticas, tomé un curso de Filosofía de la mente y estaba intrigado con el problema de explicar como la experiencia consciente surge de esa carne rosada grisácea que llamamos cerebro. Permanecí interesado en eso todo el tiempo que estuve en la escuela de medicina y fui atraído hacia campos que tuvieran que ver con la conciencia; psiquiatría neurología, neurocirugía. Pero un día, mientras hacía investigación en un laboratorio de cáncer a comienzos de los años 70, estaba mirando la división de unas células en el microscopio, observando cómo los cromosomas que contenía ADN eran separados y llevados aparte en imágenes espejo perfectamente iguales unas de otras. Estas diminutas hebras llamadas microtúbulos y estas pequeñas máquinas llamadas centriolos, que estaban compuestas de microtúbulos, separarían a los cromosomas en una elegante danza que tenía que ser perfecta porque si se dividían de modo desigual, resultarían las células anormales de cáncer.
Por alguna razón me quedé fijo en como estas pequeñas maquinas moleculares sabían exactamente qué hacer. Me preguntaba cómo estaban organizadas y guiadas y si habría alguna inteligencia, si es que no conciencia, a ese nivel. Más o menos por ese tiempo se descubrió que estos microtúbulos existían en todas las células- especialmente en las neuronas. Las neuronas del cerebro están llenas de ellos. Así es que se me ocurrió que esos microtúbulos que parecían desplegar algún tipo de inteligencia o conciencia en la división de la célula, podrían tener algo que ver con la conciencia en el cerebro.
Yo estaba en la escuela de medicina en Filadelfia y después de graduarme decidí tomar el internado clínico en Tucson, Arizona, para decidir que quería hacer después. Me estaba inclinando hacia la neurología cuando conocí al director de Anestesiología del hospital de la escuela de medicina de la Universidad de Arizona. El me dijo que si yo realmente quería comprender la conciencia debía comprender como funcionaba la anestesia porque la anestesia borra selectivamente la conciencia al tiempo que “perdona” otras funciones del cerebro. El me mostró un artículo que un colega suyo había escrito en 1968, sugiriendo que si uno aplica los gases usados en la anestesia a los microtúbulos éstos se depolimerizan, se separan. Entonces había una teoría de que la anestesia trabajaba deconstruyendo los microtúbulos del cerebro. Afortunadamente eso resultó no ser cierto. Se necesita como cinco veces la cantidad de anestesia para la despolimerización de un microtúbulo que la que se necesita para que alguien pierda la conciencia. Pero si mostró que la anestesia afecta a los microtúbulos lo cual sugería que estas cosas si podrían tener algo que ver con la conciencia.

EN: ¿Qué es exactamente un microtúbulo?

SH: Los microtúbulos son cadenas moleculares; son polímeros cilíndricos compuestos por patrones repetitivos de una proteína simple, con forma de maní, llamada tubulina que puede flexionarse “abierta” y “cerrada”. Estas proteínas tubulina se auto encadenan en estos hermosos cilindros huecos con paredes ordenadas en tramas hexagonales. Estos cilindros forman el citoesqueleto, el soporte estructural o andamio, como hueso, dentro de todas las células animales, pero ellas están continuamente moviéndose y reordenándose. Los reordenamientos son muy importantes, son responsables de todo el crecimiento celular, desarrollo, movimiento, y regulación sináptica. Mientras más asimétrica es una célula más necesita el soporte estructural; por lo tanto las neuronas, con sus largos axones y dendritas, necesitan muchos microtúbulos. Si miras dentro de una sola neurona, ves cientos de microtúbulos compuestos de algo así como cien millones de subunidades de proteína tubulina. Podría decirse que las neuronas están realmente hechas de microtúbulos.

EN: Interesante. La mayoría de las personas piensan que la conciencia surge de la actividad entre las células del cerebro, o neuronas, pero usted está diciendo que no, que puede en realidad ser que estas pequeñas estructuras dentro de las neuronas son las que producen la base física real para la conciencia.

SH: Si, exactamente. Aunque debería agregar que un par de otras cosas ayudaron a guiarme en esta dirección. La primera fue que yo observé organismos unicelulares como la paramecia. Un paramecio es una célula y por lo tanto no tiene neuronas, porque éstas también son unicelulares, pero este paramecio busca comida, nada, evita obstáculos y predadores, encuentra un par, tiene sexo y puede aprender. Parece tener inteligencia, no necesariamente conciencia, pero tiene funciones cognitivas – cognición queriendo decir proceso sensorio, control de conducta etc. Tiene alguna inteligencia y no tiene neuronas; tiene sin embargo, microtúbulos, lo que me sugirió que un paramecio podría usar microtúbulos para organizar su conducta y su cognición.
La segunda cosa fue que por el tiempo en que aprendí de los microtúbulos también comencé a descubrir los computadores y comencé a leer acerca de cómo trabajan las matrices de cambio, el entramado y las redes de un computador. Mientras más miraba la estructura de los microtúbulos, que consisten en un complejo entramado de proteínas tubulina que pueden cambiar rápidamente estando abiertas o cerradas- oscilando en un rango de nanosegundos- se me ocurrió que los microtúbulos podrían actuar como computadores a escala molecular. Como una analogía, piense en un edificio que tiene vigas y soportes estructurales y también el cableado y el sistema de comunicaciones. Entonces la idea fue que los microtúbulos son ambos; actuando no sólo como soportes estructurales y la maquinaria involucrada en la división celular sino que también, como computadores relacionados a la inteligencia y a la conciencia.

EN: ¿Entonces básicamente usted comenzó a darse cuenta de que realmente hay más actividad- y tal vez actividad consciente- sucediendo dentro del cerebro de lo que la gente se imagina?

SH: Así es. Me di cuenta de que para entender el cerebro humano, más que mirarlo como un ciento de millones de neuronas tontas interactuando juntas para producir algo inteligente y consciente, teníamos que reconocer el hecho de que cada neurona era en si misma increíblemente complicada y tenía, sino algún grado de conciencia de sí misma, al menos alguna inteligencia interna o de proceso relacionado a la conciencia.
Entonces comencé a trabajar con algunos ingenieros y físicos modelando y haciendo simulaciones de microtúbulos y mostramos que los microtúbulos podían ser ciertamente aparatos computacionales muy eficientes, En vez de registrar cada neurona como un solo bit en el computador del cerebro- un uno o un cero- disparando o no disparando- la actividad microtubular combinada dentro de una sola neurona igualaba potencialmente mil trillones de operaciones por segundo al poder computacional. Y ese modelo aumentó la complejidad del cerebro enormemente.
Esto fue mayormente en los años 1980 y yo asistía a muchas conferencias de inteligencia artificial en las que trataban de modelar y simular el cerebro como una red de cambios neuronales simples y yo andaba diciendo: “No, cada uno de sus cambios simples es increíblemente complicado. Tienen que tomar en cuenta esta complejidad computacional adicional.” Y a ellos no les gustaba mucho porque echaba por tierra su objetivo de simular manera del cerebro humano. Así es que llegué a ser bastante impopular. Entonces un día alguien me dijo: “O.K, digamos que tú tienes razón. Digamos que cada neurona tiene toda esta enorme computación agregada sucediendo. ¿Cómo explicaría eso la experiencia consciente? ¿Cómo explicaría eso por qué tenemos sentimientos, por qué vemos rojo, porqué sentimos dolor? ¿Cómo explica eso la conciencia? Y yo me di cuenta de que no tenía una respuesta para eso; lo que nos lleva a lo que el filósofo Australiano, David Chalmers llamó “el problema duro” de la investigación de la conciencia.

EN: El asunto de cómo obtenemos mente de la materia.

SH: Exactamente, afortunadamente alguien me sugirió que leyera un libro escrito por un matemático y físico Inglés Sir Roger Penrose, llamado “La nueva mente de Emperador”. Así lo hice y fue realmente sorprendente. El título del libro intentaba ser una bofetada en la cara de los teóricos de la inteligencia artificial porque ellos sostenían que si uno tenía suficiente computación compleja en un computador, sería consiente. Pero Roger argumentó, en una dirección matemática de algún modo obscura.- algo llamado teorema de Godel – que la conciencia involucra algo no computable. Comprensión o awareness, en otras palabras, no es una computación. Pero después de descartar la idea de que la consciencia fuera estrictamente computación ofreció entonces un mecanismo para la conciencia que implicaba algo tan alejado del campo restante que mucha gente lo consideró – y aún lo considera- un tanto bizarro. Y eso tiene que ver con la física.
Leyendo “La nueva Mente del Emperador”, me quedé helado con el alcance y la sutileza del conocimiento de Penrose, mucho del cual no entendí. Si sabía que los gases anestésicos ejercen sus efectos por las fuerzas cuánticas, por lo que la conciencia tuviera algo que ver con la física cuántica me hacía sentido. Y tenía esta corazonada de que él estaba a punto de descubrir algo; tenía un mecanismo para la conciencia basado en las neuronas en el cerebro estando en un estado que los físicos llaman “superposición física”, que explicaré en un minuto. Lo leí y pensé que había algo interesante en eso, pero su modelo no parecía tener una estructura biológica correcta. Me dije: de acuerdo, tal vez los microtúbulos son los computadores cuánticos que Penrose está buscando así es que le escribí y finalmente nos reunimos en su oficina de Oxford.
Roger es un hombre gentil y humilde a pesar de ser increíblemente brillante y bien considerado. Y él dejó que yo hablara así es que comencé a hablarle de los microtúbulos y le mostré un libro que escribí en 1987 al respecto. El escuchó atentamente haciendo preguntas y puso especial atención a la geometría de Fibonacci del entramado microtubular porque él, de corazón, es básicamente un experto en geometría. Después de varias horas el dijo; “bueno, esto es muy interesante”. Nos despedimos y no pensé que algo fuera a suceder pero dos semanas después yo cenaba con unos amigos en Londres y ellos dijeron “¿Adivina qué? Estábamos en una conferencia en Cambridge y Roger Penrose estaba hablando acerca de ti y de tu tema de los microtúbulos.”
Muy pronto después de eso, recibí una invitación a una conferencia en Suecia a la cual Roger asistía, acuñamos una mistad y decidimos comenzar a desarrollar un modelo formal de conciencia basado en su teoría de la gravedad cuántica y la posibilidad de la superposición entre microtúbulos en el cerebro.

EN: Supongamos que yo no sé nada acerca de la física cuántica. ¿Podría por favor explicarme que es una superposición cuántica? ¿Y cómo se relaciona con la conciencia o con los microtúbulos?

SH: Cuántica quiere decir, literalmente, la unidad de energía más pequeña, como un fotón- una unidad de luz indivisible. La conducta a nivel cuántico es algo más bizarro; es tan bizarro que es como otro mundo. De hecho la realidad parece estar dividida en dos mundos diferentes- el mundo clásico y el mundo cuántico. El mundo clásico es el mundo de todos los días, el mundo familiar en el cual las leyes de movimiento de Newton, el electromagnetismo y otra física básica describe muy bien casi todo. Si usted lanza una pelota, su trayectoria, velocidad, ubicación, puede predecirse, pero si vamos a escalas más pequeñas – átomos y otras más pequeñas para poder argumentar- entramos a un mundo en el cual aplican leyes físicas completamente diferentes y las predicciones son mucho más difíciles. Por ejemplo las partículas pueden estar en dos lugares o estados al mismo tiempo. Pueden no sólo estar aquí o allá, sino que pueden estar aquí y allá simultáneamente. Eso es lo que quiere decir superposición; las cosas pueden estar en lugares múltiples o actuar como ondas, difundidas como probabilidades más que ser partículas definidas con ubicaciones o trayectorias. Y algunos físicos cuánticos dicen que hasta que un sistema cuántico es conscientemente observado o medido permanece en superposición de múltiples posibilidades, múltiples estados coexistentes. Y que una vez medido, la onda probabilidad cuántica colapsa o se reduce instantáneamente a un estado.

EN: ¿Esto quiere decir que se requiere de un observador humano para colapsar un estado de superposición?

SH: En una interpretación de la física cuántica, así es. El físico cuántico, Niels Bohr popularizó este modelo que llegó a ser conocido como la interpretación Copenhague. Si usted lleva esto a un extremo podría suponer que si usted está sentado en una habitación y hay un cuadro colgado en la pared detrás de usted, el cuadro puede estar en varios múltiples lugares a la vez hasta que usted se de vuelta y lo vea. En otras palabras cualquier cosa no observada podría estar en un estado de superposición cuántica de onda. Esa idea es, sin embargo, bastante bizarra y Erwin Shcrödinger , otro pionero de la física cuántica en sus inicios, pensó que era completamente tonta, y salió con su famoso experimento llamado el gato de Schrödinger, para tratar de demostrar cuan falta de sentido era.
La pregunta planteada por el experimento de Schrödinger es, ¿cuán grande puede llegar a ser una superposición cuántica? Ha sido mostrado repetidamente en experimentos que las partículas pequeñas pueden estar en superposición de múltiples posibilidades de coexistencia hasta que uno hace mediciones pero, ¿podría algo tan grande como un gato estar en dos lugares al mismo tiempo? Aún no hay respuesta a eso pero la pregunta ha guiado a los físicos a lograr tener alternativas a la interpretación de Copenhague – modelos diferentes de colapso de la función onda que no requieren necesariamente un observador consciente.
Una Cuántica de la Conciencia

EN: ¿Y usted prefiere una de estas alternativas a la interpretación de Copenhague?

SH: Bueno, la teoría de Roger fue una de estas alternativas. El dijo que una superposición cuántica podía realmente ser colapsada a un estado único definido a través de observación consciente pero, ¿qué pasa con un sistema que no es jamás observable desde afuera? ¿Qué pasa con la actividad cuántica dentro del cerebro humano?
Roger propuso que en tal caso, una vez que la función onda procede hasta un cierto punto, se auto-colapsa debido a un umbral objetivo en la fábrica espacio tiempo. Y que cuando el colapso de esa superposición ocurre, resulta en un momento de conciencia. En otras palabras, el argumenta que la conciencia no causa el colapso de la función onda como dice la interpretación Copenhague, sino que sugiere que la conciencia es el colapso de la función onda, o al menos un tipo especial de colapso. Es un colapso cuántico que libera unidades fundamentales de despertar de conciencia, tal como un cambio orbital de un electrón libera un fotón de luz. Y del mismo modo que los fotones la cantidad de conciencia viene en una gama de diferentes intensidades, frecuencias y calidades.

EN: ¡Wow! ¿En esta interpretación de la física cuántica las superposiciones se colapsan a sí mismas naturalmente? ¿Y esos colapsos de alguna manera producen conciencia?

SH: Sí, en el modelo de Roger, al cual él llama reducción objetiva orquestada, no siempre necesitas un observador externo. Si un sistema cuántico evoluciona a un umbral crítico que implique curvatura gravitacional a una escala cuántica – se auto colapsará. Hay una reducción natural objetiva de una función onda cuántica que resulta de un momento único de conciencia, o de un único “quantum” de conciencia, si quieres; y cuando estos colapsos suceden una y otra vez en tu cerebro, tienes una serie de momentos de conciencia que elevan tu experiencia de una corriente de conciencia. Por tanto, conciencia, en este modelo consiste en una serie de eventos discontinuos, aunque se experimentan como continuos. Puedes pensarlos como encuadres en una película, sólo que en una película tú tienes un observador externo.
Este momento de conciencia y el colapso de la función onda son uno y el mismo evento.
Es una idea bastante profunda. Roger comienza con la relatividad general de Einstein que muestra que una gran masa, como es el sol, causaría una curvatura gravitacional en la fábrica misma del espaciotiempo. Y Roger dijo: “bueno, no hay razón para que la relatividad general no sostuviera la misma verdad a escalas muy pequeñas. Dijo que es posible que si usted tiene una partícula cuántica en dos lugares al mismo tiempo – en un estado de superposición – la partícula de la izquierda y la de la derecha podrían, cada una, crear una pequeña cantidad de curvatura resultando en una bifurcación en geometría espaciotiempo. De acuerdo a algo que en física cuántica se llama Many World Hypothesis (Hipótesis de Muchos Mundos) cada una de esas curvaturas podría entonces subdividirse y formar todo un nuevo universo. Pero Roger dijo que no, que estas curvaturas y separaciones cuánticas eran inestables y que después de un tiempo dado se auto colapsarían ya sea hacia una u otra curvatura. Y cuando ese tipo de auto colapso gravitacional sucede, resulta en un momento de conciencia.
El llegó a esto a través de varias líneas de razonamiento que son bastante sorprendentes en términos de su audacia y entendimiento y, algunos dirían, locura. Pero esta era la solución de Roger tanto al problema de lo que colapsa la función onda cuántica como también al “problema duro” de la conciencia. Sorprendentemente, el también unió la relatividad general, la gravedad cuántica y todo eso en esta única teoría, matando cuatro o cinco pájaros con una piedra.

EN: Entonces de acuerdo a Penrose, ¿los efectos gravitacionales a nivel cuántico están causando que las funciones ondas colapsen automáticamente, emitiendo pequeños estallidos de conciencia que, de algún modo, resultan en nuestra propia y continua experiencia de estar conscientes, momento a momento, despiertos y vivos?

SH: Correcto. No se cuan familiarizado está usted con el matemático y filósofo Alfred North Whitehead, pero su pensamiento también estaba bastante en esta línea. El dijo que la conciencia y la materia estaban indisolublemente unidas, emergiendo en una secuencia que él llamó “ocasiones de experiencia”. Desde su visión, el universo no está hecho de partículas o cosas. Es un proceso; está constituido por eventos. Y a comienzos de los años 90 un físico llamado Abner Shimony señaló que las ocasiones de experiencia de Whitehead son muy parecidas a los colapsos cuánticos de la función-onda, por lo que nuestras visiones son bastante consistentes con las de Whitehead.
La perspectiva de Whitehead también ayuda a explicar el “problema duro” o porqué tenemos experiencia de conciencia en primer lugar. Cuando Roger y yo recién salimos con nuestra teoría no nos dirigimos al “problema duro” per se, pero una vez que el “Journal de Consciousness Studies”sacó un número especial dedicado a nada más que el problema duro, nosotros le dimos una estocada. Básicamente tomamos una suerte de enfoque “proto-panpsiquista Whiteheadiano”. El panpsiquismo común y corriente diría que todo tiene conciencia – cada átomo, cada molécula, esto y aquello. Pero la idea nunca me hizo sentido en realidad, por lo que nosotros usamos una variación de panpsiquismo que me parece que si hace sentido; este fue el proto-panpsiquismo diciendo que, al menos los precursores para la conciencia son fundamentales y forman parte del universo como lo que se conoce escala Planck, que es el más pequeño primordial nivel de espacio tiempo cuántico. Imagine la escala Planck básicamente como un patrón geométrico complejo que es fractal en su naturaleza, capaz de repetirse a sí mismo a escalas y tamaños mayores; y en ese patrón cuántico geométrico están incrustados los presumiblemente irreducibles componentes de la realidad, los pilares básicos de construcción de la existencia. La física dice que las propiedades fundamentales de la materia, como el spin, la masa y la carga son componentes irreducibles del universo que están de algún modo incorporados en esta geometría a escala de Planck. Roger y yo propusimos, por lo tanto que tal vez la qualia – los componentes primarios de la conciencia, del despertar, o al menos sus precursores- son también fundamentales, irreducibles y forman parte del tejido básico del universo. Esto podría incluir información Platónica también, tal como las cualidades de bondad, verdad y belleza. Después de todo: ¿por qué deberían los precursores de la materia estar presentes a ese nivel y no así los precursores de la mente?

EN: Buena Pregunta. ¿Está usted diciendo que es posible que al menos, a un nivel básico de conciencia, pueda ser tan fundamental para el universo como las leyes de la física?

SH: Sí, Whitehead tenía la idea de que estas ocasiones de experiencia o de momentos discretos de presencia consciente, surgen como ondas en dentro de un océano más amplio de experiencia protoconsciente. Y en el modelo que hemos desarrollado con Roger, esos aislados momentos de conciencia humana son realmente colapsos de función onda, que ocurren dentro de un campo universal de experiencia de protoconciencia que es la geometría espacio tiempo escala Planck. Yo no diría que el universo es consciente, como no diría que el universo es enteramente amarillo, o purpura, o húmedo, o lo que sea. Pero bajo ciertas condiciones apropiadas cualquiera de estas condiciones puede ser cierta para regiones pequeñas del universo. Los aún superposicionados, no colapsados precursores de la conciencia son, de algún modo, como sueños. Cuando una reducción objetiva ocurre, el universo – al menos una pequeñita parte de él- despierta. La Frecuencia Gama y los Estados Alterados

EN: Comenzamos hablando acerca de los microtúbulos, entonces por favor relacione esto para mí. ¿Cómo se relacionan estos colapsos de función onda a lo que está sucediendo detro de los microtúbulos en el cerebro?

SH: Bueno, si miramos lo que está pasando en la conciencia, ésto ocurre cerca de cuarenta veces por segundo. Se le llama sincronía gamma y viene de algo que un tipo en Alemania llamado Wolf Singer descubrió en 1980 mientras experimentaba con máquinas EEG altamente sensibles. Típicamente con una EEG uno obtiene líneas onduladas que muestran ondas delta, alfa teta y beta. Estas indican impulsos eléctricos en el cerebro que van desde cero hasta cerca de treinta hertz o ondas por segundo. Pero Singer descubrió una frecuencia más alta, perfectamente coherente que llegó a ser conocida como la sincronía gamma, que van desde treinta a noventa hertz, incluso más, aunque cuarenta hertz es lo más típico. Esta sincronía eléctrica perfecta es el mejor indicador que tenemos para un correlato neural de conciencia en el cerebro. En el modelo que Roger y Yo hemos desarrollado hemos propuesto que la sincronía gamma de Singer es realmente evidencia de un estado de colapso cuántico ocurriendo cuarenta veces por segundo – o más- entre redes organizadas, coherentes de microtúbulos en el cerebro.

EN: ¿Está usted diciendo que monitoreando el cerebro de alguien con una EEG, los investigadores han sido capaces de aislar cierta frecuencia de actividad que sólo se correlaciona con experiencias conscientes?

SH: Sí, tiene que haber una cantidad crítica de sincronía gamma. Y puede ocurrir en diferentes partes del cerebro. Por ejemplo, si alguien está oliendo una rosa va a haber esta sincronía gamma en la corteza olfatoria, la parte del cerebro que tiene que ver con el olfato. Si usted está teniendo una conciencia visual va a tener sincronía gamma en las cortezas visual y frontal; para el placer sexual hay sincronía gamma en una parte del cerebro llamada núcleo accumbens, y así. La sincronía gamma puede estar en cualquier parte en el cerebro en cualquier momento y ciertamente se correlaciona con la conciencia. La idea es entonces nuevamente, que nuestra conciencia es realmente una secuencia de patrones discontinuos; una secuencia de imágenes cuánticas ocurriendo aproximadamente cuarenta veces por segundo. Y de igual modo que en cuadros en una película, nuestra conciencia parece continua porque los cuadros están ocurriendo en una rápida sucesión.
Ahora, yo debería hacer notar que la frecuencia de eventos conscientes puede variar y que en estados elevados o alterados de conciencia podemos tener más momentos conscientes por segundo, lo que podría querer decir que nuestra percepción del mundo exterior podría ponerse más lento.
Por ejemplo cuando hay un accidente de automóvil y el auto está dando vueltas, la gente a menudo reporta que el tiempo pareció hacerse más lento y que el mundo parecía moverse a la mitad de la velocidad de lo usual. Esto podría deberse a que su rango de sincronía gamma está cambiando de cuarenta hertz a unos ochenta hertz por segundo. Otro ejemplo es que alguien le preguntó una vez a Michael Jordan, cuando estaba en el mejor momento de su carrera, cómo era el capaz de superar por tanto al otro equipo y tan bien. Y él dijo que cuando estaba jugando bien era como si el otro equipo estuviera en cámara lenta. Tal vez Michael Jordan estaba experimentando sesenta, setenta u ochenta momentos conscientes por segundo y el defensa estaba sólo experimentando algo así como cuarenta.
También vemos esto en monjes meditando. Los textos budistas describen oscilaciones de presencia pura que han sido realmente contabilizados –algo así como seis y medio millones de momentos conscientes en un día- que resultan estar en el rango de la sincronía gamma. Hace unos pocos años, el Dalai Lama envió algunos de sus mejores meditadores a un laboratorio en Wisconsin. Encontraron que, mientras meditaban, los monjes tenían la más alta sincronía gamma jamás registrada. Estaban realmente operando entre ochenta y cien hertz, mientras los sujetos experimentales lo hacían a cuarenta. Incluso antes de sentarse a meditar los monjes mostraban un nivel inusualmente alto de sincronía gamma. Años de meditación habían cambiado sus cerebros de modo que estaban normalmente en esta frecuencia gamma de alto rango. Eso sugiere que están teniendo una experiencia consciente más rica y más intensa que la persona promedio. La espiritualidad de la Geometría Espacio Tiempo

EN: De acuerdo, Tengo una pregunta. Si la conciencia está surgiendo como una cierta frecuencia de colapsos cuánticos en el cerebro, entonces su modelo podría ser considerado materialista, ¿correcto? ¿Es la conciencia aún un subproducto de la actividad cerebral, empujado al nivel de lo que usted ha llamado espacio tiempo cuántico?

SH: Espere un momento. Material quiere decir “materia”, Materia se deriva de algo más fundamental, que es la geometría cuántica espacio tiempo. Así es que esto va mucho más por debajo de la escala de la materia. La base de lo material es … inmaterial.

EN: ¿Puede elaborar sobre eso?

SH: Básicamente si usted piensa en la mente y la materia y la relación entre ambas, hay una cantidad de filosofías diferentes de las cuales escoger. Primero tiene el dualismo, donde mente y materia no se relacionan; hay una pared de ladrillos entre ellas. Después tiene el materialismo común y corriente, la visión convencional que dice que la materia crea la mente. Después tiene el idealismo y varios enfoques místicos que dicen que la mente crea la materia. En mi opinión ninguno de estos funciona. Todos tienen problemas. Así es que la elección final, yo creo, es lo que llamamos monismo neutral, que ha sido propuesto por figuras como Bertrand Russel, William James y Baruch Spinoza en la filosofía Occidental y varias posiciones Orientales no duales. El monismo neutral dice que hay una entidad subyacente común que hace que surja, por un lado la materia y por otro la mente. En nuestro modelo esa entidad subyacente que hace que surjan ambas es la geometría cuántica espacio tiempo. En las tradiciones Védicas podría llamarse Brahman, el fundamento subyacente del ser. Lo puede llamar como quiera – espíritu, cosmos, gravedad cuántica- lo que sea que posibilita que surja tanto la mente como la materia y subyace a toda la realidad.

EN: ¿Usted está diciendo que, basado en su modelo, la realidad podría ser vista como fundamentalmente espiritual?

SH: Primero que todo, déjeme decirle que Roger no relaciona su trabajo a la espiritualidad, pero yo personalmente no tengo nada que perder así es que pienso ¿por qué no? Escribí recientemente un blog acerca de este tema después de asistir a una conferencia sobre ateísmo. Llamé al post “Ser el zorrillo en una convención de Ateos” porque causé un gran hedor acerca de la espiritualidad ahí que no estuvo muy bien. Lo que dije básicamente es que yo no sigo una religión organizada y Richard Dawkins, Patricia Churchland y otros ateos estaban dándole duro a la religión. Pero yo dije que, basado en lo que sabemos de física cuántica y de la conciencia, tenemos que tomar en serio la posibilidad científica de la espiritualidad. Y al definir lo que entendía por espiritualidad mencioné tres cosas. La primera es la interconexión entre los seres vivos y el universo como un todo y dije que esto podía ser posible debido al fenómeno del entrelazamiento cuántico, que se refiere a la habilidad de dos partículas para estar íntimamente conectadas, más allá de sus limitaciones normales de espacio y tiempo. La segunda fue un cierto tipo de guía divina o sabiduría cósmica que influye en nuestras elecciones, lo cual podría deberse a los valores Platónicos incorporados en la geometría espacio tiempo fundamental. Y finalmente dije que había la posibilidad de que la conciencia permaneciera fuera del cuerpo o después de la muerte.
Hace unos diez años hubo dos estudios, provenientes de Europa, acerca de las experiencias de estar fuera del cuerpo o experiencias de muerte. Ambos estudios comprendían varios cientos de pacientes que tuvieron ataques cardíacos y me parece que encontraron que aproximadamente el diecisiete por ciento de los pacientes habían tenido uno de estos dos tipos de experiencia. La BBC hizo entonces un show llamado “El día que morí” en el cual les preguntaban a los investigadores que hicieron los estudios si podían explicar estas experiencias científicamente. Ellos respondieron: “No tenemos idea, ¿porqué no le pregunta a Penrose y Hameroff?, porque ellos tienen esta extraña cosa cuántica.” Roger, no quiso responder, pero yo dije: bueno bajo condiciones normales la conciencia está ocurriendo a nivel de la geometría espacio tiempo dentro y alrededor de los microtúbulos en el cerebro. Sin embargo, cuando la sangre y el oxígeno dejan de fluir y la coherencia cuántica en los microtúbulos del cerebro se detiene, la información cuántica que había, no se destruye. Continúa existiendo a escala Planco y puede filtrarse o dispersarse, pero permanece entrelazada en un cierto patrón, al menos temporalmente. Por lo tanto si un paciente es revivido, el patrón cuántico es regresado a los microtúbulos dentro del cerebro y el paciente reporta haber tenido una experiencia de muerte o de estar fuera de su cuerpo. Si un paciente muere realmente, entonces es concebible que la información cuántica pueda permanecer entrelazada en una suerte de estado de después de la vida y tal vez la información pueda regresarse a una nueva criatura, y un cigoto o embrión, en cuyo caso tendríamos algo como la reencarnación.
Ahora, no estoy ofreciendo ninguna prueba de que esto suceda, estoy solamente proveyendo un argumento plausible. Estoy diciendo que si es que ocurre, así es como podría ocurrir basado en nuestro modelo. Es científicamente plausible que, si la conciencia es un efecto cuántico ocurriendo en la geometría espaciotiempo cualquier patrón de conciencia no se va, porque la información cuántica no se va, sólo se reorganiza a sí misma dentro de la geometría espacio-tiempo.

EN: Veamos si tengo la esencia de su teoría. ¿Esencialmente usted está diciendo que, al menos algún nivel básico de conciencia está tejido en la trama del espacio-tiempo mismo y que es la actividad cuántica coherente entre los microtúbulos en nuestro cerebro la que permite amplificar o fortalecer la conciencia universal que ya está ahí?

SH: Si, o simplemente para tener acceso a ella o conectarse con ella, llegar a ser uno con ella. En nuestro modelo la conciencia es un proceso natural ocurriendo en la geometría espaciotiempo al nivel escala Planck. Y los microtúbulos en el cerebro humano han evolucionado hacia una configuración específica que permite que suceda este proceso de un modo que también implica cognición, computación e inteligencia.
Mucha gente piensa, como usted sabe, que la conciencia emergió sobre los eones como un subproducto de mutaciones azarosas y a la complejidad inherente de la selección natural, pero yo lo miro desde el otro lado. Pienso que un campo primario/básico de experiencia protoconsciente ha sido integrado desde el principio – desde el big bang – en la escala Planck y que la biología evolucionó y se adaptó con el fin de acceder a ese campo y maximizar la cualidades y potenciales implícitas en el. Por supuesto que poner la conciencia al nivel más fundamental del universo también tiene implicancias para la iluminación y la espiritualidad. Y yo diría, para especular un poco, que cuando alguien medita o se ilumina, se está moviendo más profundamente dentro del dominio cuántico. Pienso que cuando uno medita y alcanza la nada, o lo que la gente llama la nada en sus meditaciones, no es exactamente la nada. Creo que es en realidad, geometría espaciotiempo y uno está accediendo a la fuente de sabiduría iluminada golpeando suavemente dentro de ese campo primario. Uno se mueve más profundamente en la trama básica del universo y llega realmente a ser más conscientemente una parte de él.
De hecho la Kabbalah dice que tenemos este mundo de sabiduría y de luz y después tenemos el mundo de irritación y conflictos, y que la conciencia danza en el borde entre estos dos mundos.
Yo creo que la conciencia está danzando en el borde entre los mundos clásico y cuántico. Por lo tanto las prácticas espirituales como la meditación nos permiten sumergirnos y llegar a estar inmersos en ese mundo Platónico cuántico de sabiduría y luz, que es la base de todas las cosas, materiales y mentales. Usted podría incluso llamarlo Dios si quisiera.
Y eso es por qué creo que si la hipótesis de la conciencia cuántica es demostrada, dará crédito a la dimensión espiritual de la vida. Socavará a los materialistas. Pienso que le dará mucha esperanza a la gente.