Porque son negros…

Los “pibes” se metieron al vagón a los gritos. Eran tres y ninguno tenía más de ocho años, eran flaquitos y un poco maleducados, se podía ver a simple vista que eran un tanto pillos como cómplices de un compañerismo sin igual. Uno sólo tenía zapatillas, el que parecía ser más chiquito y al que más impresión me dió el contarle las costillas en su pequeño torso desnudo.

El que parecía mayor se prestó a repartir estampitas entre los pasajeros al mismo tiempo que repetía un ensayado e inentendible relato que algo decía sobre bendiciones de Dios y de la Virgen, mientras que los otros dos parecían llevar entre ellos una acalorada discusión por algo que aparentemente recién habrían conseguido.

Mucho me había hecho reflexionar esa situación, uno muchas veces no tiene en cuenta que en nuestra cruel realidad existen niños de tan corta edad que necesiten matizar sus innatos deseos de jugar con las injusticias que nosotros mismos permitimos, pero fue al escuchar la conversación de un niño con su madre la que me llevó a terminar el día de la peor manera.

– Mamá, ¿por qué gritan esos nenes?-, preguntó el niño.

– Porque son negros-, dijo la madre.

Pensé que había escuchado mal, lo que me llevó a prestar más atención.

– Porque son negros. Y cuando sean grandes, van a ser ladrones. Vos tenés que tener mucho cuidado con esos chicos y alejarte siempre de ellos.-

Me quedé pensando en esa madre… Tenía la oportunidad de sembrar una semilla de amor y prefirió perpetuar el odio, eligió enseñar a tener miedo en lugar de explicarle el porqué en esta sociedad existen estas injusticias. Podría haberle mencionado que también existen personas con falsa misericordia, quienes observan y murmuran “pobrecitos” para sólo poder sentirse mejor y un tanto menos culpables, podía haberle comentado que en él, como en sus compañeritos, podría estar en un futuro no tan lejano las respuestas a tantas preguntas que aún hoy siguen quedando en el aire, pero no, prefirió ir por el camino más cómodo, más corto y más errado.

Ay, querido, ojalá alguien te explique que tu vieja ese día estaba equivocada, esos nenes no juegan aprendiendo a robar, nosotros le robamos a ellos la posibilidad de aprender jugando. Tras sus gritos no hay agresiones… sólo hay mucho, mucho miedo.

Los pibes de la calle no gritan porque son negros, gritan porque son invisibles.

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