Se vende…

Cansado del «siempre lo mismo», de las mismas paredes, de no tener algo más, decidió poner en venta su propiedad y para ello fue a visitar a su siempre amigo y poeta para que con su apreciada elocuencia le escriba un buen anuncio.

El texto que le hizo llegar decía :

«Se vende encantadora propiedad, desde donde se escuchan entonar a los pájaros las mas hermosas melodías, donde el verde de las extensas arboledas que la rodean esconden tan celosamente al sinuoso riacho de aguas cristalinas que sólo en noches donde el suave viento lo permite, el susurro de su tranquilo transitar por los pequeños y traviesos saltos se convierte en el más maravilloso canto de los dioses. La casa, bañada por el sol naciente, ofrece la sombra tranquila de las tardes y una vista a los más increíbles anocheceres. Los ambientes son muy espaciados, claros, y el hogar de leños en conjunción con la calidez de la madera en todos sus ambientes, la hacen propicia para la meditación y el buen descanso.”

A los meses se encuentran nuevamente y el humilde poeta le pregunta si tuvo éxito la venta, la respuesta fue :

«Ni loco se me hubiera ocurrido seguir con la oferta, al leer el aviso pude darme cuenta lo que tenía a mi alcance y realmente… no lo notaba.»

Sepamos apreciar los pequeños detalles, todos tenemos un paraíso muy cerca.

El paisaje descripto es sólo hipotético… Solemos tener frente a nuestros ojos un paisaje mucho más hermoso del que podemos imaginar.

 

Así que quieres ser escritor ?

Si no te sale ardiendo de dentro,
a pesar de todo,
no lo hagas.
A no ser que salga espontáneamente de tu corazón
y de tu mente y de tu boca
y de tus tripas,
no lo hagas.
Si tienes que sentarte durante horas
con la mirada fija en la pantalla del ordenador
ó clavado en tu máquina de escribir
buscando las palabras,
no lo hagas.
Si lo haces por dinero o fama,
no lo hagas.
Si lo haces porque quieres mujeres en tu cama,
no lo hagas.
Si tienes que sentarte
y reescribirlo una y otra vez,
no lo hagas.
Si te cansa sólo pensar en hacerlo,
no lo hagas.
Si estás intentando escribir
como cualquier otro, olvídalo.

Si tienes que esperar a que salga rugiendo de ti,
espera pacientemente.
Si nunca sale rugiendo de ti, haz otra cosa.

Si primero tienes que leerlo a tu esposa
ó a tu novia ó a tu novio
ó a tus padres ó a cualquiera,
no estás preparado.

No seas como tantos escritores,
no seas como tantos miles de
personas que se llaman a sí mismos escritores,
no seas soso y aburrido y pretencioso,
no te consumas en tu amor propio.
Las bibliotecas del mundo
bostezan hasta dormirse
con esa gente.
No seas uno de ellos.
No lo hagas.
A no ser que salga de tu alma
como un cohete,
a no ser que quedarte quieto
pudiera llevarte a la locura,
al suicidio o al asesinato,
no lo hagas.
A no ser que el sol dentro de ti
esté quemando tus tripas, no lo hagas.
Cuando sea verdaderamente el momento,
y si has sido elegido,
sucederá por sí solo y
seguirá sucediendo hasta que mueras
ó hasta que muera en ti.
No hay otro camino.
Y nunca lo hubo.

Charles Bukowski.
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Charles Bukowski (Andernach, 16 de agosto de 1920 – Los Ángeles, 9 de marzo de 1994), fue un escritor y poeta estadounidense nacido en Alemania.

La escritura de Bukowski está fuertemente influida por la atmósfera de la ciudad donde pasó la mayor parte de su vida, Los Ángeles. Fue un autor prolífico, escribió más de cincuenta libros, incontables relatos cortos y multitud de poemas. Hoy en día es considerado uno de los escritores más influyentes y símbolo del «realismo sucio» y la literatura independiente.

Bukowski ha sido traducido a más de una docena de idiomas, incluidos español, francés, alemán y portugués. Es visto como icono de la decadencia estadounidense y de la representación nihilista característica después de la Segunda Guerra Mundial. Su falta de ambición y compromiso con él mismo y con el resto del mundo fue el hilo conductor en todas sus obras y ensayos.

Bukowski murió de leucemia el 9 de marzo de 1994 en San Pedro, California, a la edad de 73 años, poco después de terminar su última novela Pulp y en su lápida se lee: “Don’t try».

Algunas de sus recordadas frases describen perfectamente quien era Charles :

“Iba muy poco al cine porque me bastaba a mí mismo para asesinar mi tiempo, no necesitaba ayuda extra”

“No era mi día. Ni mi semana, ni mi mes, ni mi año. Ni mi vida. ¡Maldita sea!”

“Algunas veces la gente insignificante que se queda en un mismo sitio por mucho tiempo, alcanza un cierto poder y prestigio”

“Cuando el amor se convierte en una orden, el odio puede convertirse en un placer”

“Si quieres saber dónde está Dios, pregúntale a un borracho”

“La fe está bien para los que la tienen, mientras no me la tiren por la cabeza. Tengo más fe en mi plomero que en el ser eterno. Los plomeros hacen un buen trabajo. Dejan que la mierda fluya”

“Si eres un fracasado, es muy probable que seas un excelente escritor”

“Casi todos nacen genios y los entierran tontos”

“Prefiero oír hablar de un vagabundo norteamericano de hoy que de un dios griego muerto”

“Si ocurre algo malo, bebes para olvidar, si ocurre algo bueno, bebes para celebrarlo, y si no pasa nada, bebes para que pase algo”

“La diferencia entre una democracia y una dictadura consiste en que en la democracia puedes votar antes de obedecer las órdenes”

Los hijos…

Antes de tener hijos pensaba que ellos se iban a llamar Diego, Lorena y Alejandro.
Y sí, creía que dos varoncitos y una niña sería lo ideal, pero ahora también recuerdo que fueron tantas las cosas que sin saber me imaginaba sobre ellos.

Pues antes pensaba que me iba a costar muchísimo tenerlos, sin embargo después me sorprendí de lo rápido y hermoso que fue sentirlos nacer.

Estaba convencida que durante el embarazo iba a engordar sólo nueve kilos, pero siempre terminé con casi 16 kilos arriba y sin poder creer el increíble número que anunciaba la balanza.

Creía que ser mamá no podía ser tan difícil como me lo contaban algunas madres, pero como el día que llegamos a casa después del parto de mi primer hijo, sentí el miedo más irracional que jamás había sentido en mi vida, entendí que muchas de ellas me estaban probablemente diciendo la verdad.

También creía que mal dormida y con mi terrible humor iba a vivir malhumorada, hasta que un domingo uno de ellos me hizo reír tanto a las cinco de la mañana, que supe que era capaz de sonreirle al alba aunque no hubiera podido dormir casi nada.

Pensaba que mis hijos no iban a ver tele hasta los dos o tres años, hasta que me di cuenta que si la prendía, podía bañarme, peinarme y vestirme, todo de un tirón y sin interrupciones.

Pensaba que a los tres meses ya los iba a ir pasando a sus cuartos, sin embargo fueron muchos meses más los que los tuve durmiendo a mi lado.

Creía que jamás iba a poder engancharme con una película infantil, y una tarde terminé llorando a cántaros con Toy Story 3.

Antes de tenerlos creía que jamás se me iba a caer un hijo de la cama, y un día sucedió que en una milésima de segundo en el que apenas me di vuelta, el más chiquito se pegó tal porrazo que de la desesperación volví a sentir ese mismo miedo irracional que había sentido aquel día volviendo del sanatorio y en el que empezaba formalmente otra nueva vida.

Hasta estaba segura de que no iba a poder escucharlos cuando se despertaran de noche, y cuando se lo dije a la partera, me miró, sonrió con un dejo de pena y me acarició la cabeza. Ella bien sabía que sí iba a escucharlos, y tenía razón, pues algo se activa adentro de una que hace que el sueño mute y que seas capaz de descansar, aún con un ojo abierto, el oído atento o un brazo a 90 grados.

Estaba segura de que a los pocos meses de cada nacimiento iba a poder volver a mis actividades normalmente, pero después me di cuenta que simplemente no me daba la cabeza para desprenderme ni por un instante de la preocupación sobre el bienestar de mis hijos.

Antes de tenerlos pensaba que no iba a hacer falta levantarles la voz, hasta que un día me encontré pegando tal grito en plena calle, que logré la atención de todo el mundo a una cuadra a la redonda.

Antes de tener hijos veía problemas donde no los había, pero después me di cuenta de que ésos, en realidad, no eran para nada verdaderos problemas.

Y… claro, antes de tener hijos pensaba que, cuando los tuviera, mi vida iba a cambiar para siempre, y éso sí fue en lo único que no me equivoqué, pues hubo un segundo en que mi vida cambió definitivamente, y fue ese preciso segundo en el que empecé a darme cuenta que quería muchísimo más a otra personita, que a mí.

Una madre.

El espejo.

En aquella fría y muy oscura noche, la copiosa lluvia apenas permitió a Renato distinguir al lado del auto detenido al costado de la ruta que una señora estaba pidiendo ayuda.

Detuvo su coche algunos metros adelante y se prestó a ayudar en lo que pudiera.

El coche detenido tenía tanto olor a nuevo, que la señora pensó mientras Renato se iba acercando, quizás por su aspecto flaco y de pobre, que lo único que faltaba era que la asaltaran.

Al percibir la expresión de miedo que la señora de edad avanzada tenía en su cara, las primeras palabras de Renato fueron: “Estoy aquí para ayudarla señora, no se preocupe», y al notar que tenía una cubierta pinchada le sugirió: «¿Por qué no espera en el coche que está más calentito? En un ratito le cambió la rueda. A propósito, mi nombre es Renato»

El amable señor se agachó, colocó el gato mecánico para levantar el coche, y mientras estaba cambiando la llanta, totalmente mojado y con una herida en su mano que se había hecho tras intentar aflojar una de las tuercas, comenzó a conversar con la señora al notar que la misma había bajado la ventanilla.

La señora le contó que no era del lugar, que sólo estaba de paso por allí y le terminó diciendo que no iba a saber cómo agradecerle por tan preciosa ayuda. Renato apenas le sonrió mientras se levantaba.

Una vez efectuado el trabajo la señora le preguntó cuánto le debía. De sólo pensar todas las cosas terribles que podrían haber pasado si Renato no hubiese parado para socorrerla, cualquier precio hubiera sido razonable.

Renato, que no pensaba en dinero, pues le gustaba ayudar a las personas, le respondió: “Nada señora, fue un placer ayudarla. Si realmente quisiera pagarme de algún modo, la próxima vez que encontrase a alguien que precise de ayuda, déle a esa persona la ayuda que necesite y acuérdese de mí…»

Algunos kilómetros después, entre los cuales no podía dejar de pensar en la nobleza de aquel hombre, la señora se detuvo en un pequeño restaurante. La camarera al verla llegar toda mojada, vino hasta ella y le trajo una toalla limpia para que secase su cabello y le dirigió una dulce sonrisa.

La señora notó que la camarera estaba con casi ocho meses de embarazo, pero por ello no había dejado de ofrecerle en ningún momento todo lo que necesitaba sin que la tensión y los dolores le cambiaran la actitud.

La señora, asombrada al darse cuenta de que alguien que parecía tener tan poco podía tratar tan bien a un extraño y acordándose de Renato, luego de terminar su comida y mientras la camarera buscaba cambio, la señora se retiró dejándole algo escrito en la servilleta y cinco billetes de mil pesos.

Al volver la camarera no pudo evitar las lágrimas mientras leía la nota.

«Querida mía, tú no me debes nada, yo ya tengo bastante y soy muy mayor. Alguien que me ha ayudado hoy me dió una linda lección y de la misma manera me da mucho gusto poder ayudarte a ti. Si tú realmente quisieras reembolsarme este dinero, no dejes que este círculo de amor termine contigo, y cuando puedas, también ayuda a alguien…»

Aquella noche, cuando muy tarde llegó a su casa, agotada se acostó en la cama donde su marido ya se encontraba durmiendo, y se quedó pensando en el dinero y en lo que la señora le había dejado escrito…

…¿Cómo pudo esa señora saber cuánto necesitábamos de aquel dinero?. Con el bebé que estaba por nacer el próximo mes y las deudas todo se estaba poniendo más difícil…

…Y pensando en la bendición que había recibido, dibujó una gran sonrisa, agradeció a Dios y volviéndose hacia su preocupado marido que dormía a su lado, le dió un beso suave en la cabeza y le susurró:

-Todo estará bien mi amor. Te amo Renato.

*La vida es así, como un espejo, todo lo que des, siempre vuelve a tí.*