Daniel Calcagni

Ya no quiero…

– Mami, ya no quiero ser doctor…

– Pero hijo, por qué no? Si hasta ayer con mucho entusiasmo decías que lo serías?

– Bueno, en realidad lo quisiera… pero nunca lo podría lograr.

– Qué locuras dices? Claro que lo podrás ser ! Y serás uno muy bueno, el mejor, porque no sólo vas a curar a los enfermos, también vas a lograr querer a tus pacientes y que ellos también te quieran a tí, y eso… no todos los médicos lo pueden o quieren conseguir. Pero contame… Hoy, tuviste un problema en el colegio?

– No Má, nada, nada. Yo sé que soy chiquito, pero sin embargo puedo ver algunas cosas:
Veo todo el esfuerzo que hace papá, fuera de casa durante todo el día para poder traer un peso -no le digas nada pero hasta lo escucho llorar algunas veces por las noches-, veo tu sacrificio diciendo que ya estás llena para darnos un poquito más de comida a nosotros y cuan cansada y derrotada te vas a dormir todas las noches después de acostarnos y taparnos a todos, sé lo que les costó comprarme los útiles para que en el primer día de colegio tuviera todo, la cantidad de cuadras que has caminado para conseguirlos un poco más baratos que en la librería de la esquina, y también me doy cuenta de todo la precaución y esmero que vos y papá ponen en educarnos bien y brindarnos buenos valores, para que de grandes podamos ser como ustedes, todo un ejemplo, buenas personas, adorables padres y ángeles protectores, pero también percibo que hay un afuera de casa que no me va a dejar serlo, compañeritos que en lugar de compartir conmigo las enseñanzas de los maestros van a hacer todo lo posible para divertirse a costa mía, sin percibir el daño que me hacen, maestros que en lugar de ponerse en mi lugar y ayudarme a pedirles que no sean así conmigo, prefieran callarse para que no los insulten y un sistema educativo que en lugar de atajarme mientras me vengo cayendo con todo mi futuro enroscado entre las piernas, preocupado quizás en otras cuestiones… simplemente mira para otro lado.

No Mami, por favor… dejame seguir jugando con fantasías hasta que sea muy, muy grande… tú y papi merecen mucho más que verme triste y fracasado.

 

Daniel Calcagni.

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