Daniel Calcagni

Javy y Campeón.

El dueño de una veterinaria estaba colocando un anuncio en la puerta del negocio que decía: “Tenemos cachorritos muy lindos en venta”.

Esa clase de anuncios siempre atraen a los niños y pronto un niñito apareció en la tienda preguntando:
“¿Cual es el precio de los perritos?”

El dueño contestó: “Entre $300 y $1000”.

El niñito metió la mano en su bolsillo y sacó apenas un sólo billete de $10 y algunas pocas monedas:
“Mmm… creo que no llego… pero… ¿puedo verlos?”.

El hombre con una sonrisa en su expresión debido a la inocente situación, más vale que se prestaría a hacer feliz al niño y con un silbido llamó a su perra.

De la trastienda salió corriendo una hermosa perra seguida por cinco perritos. Uno de ellos, con una importante  dificultad en dar sus cortos pasitos, se iba quedando muy considerablemente retrasado respecto a los demás.

El niñito señalando al perrito rezagado que cojeaba, inmediatamente preguntó:

“¿Qué le pasa a ese perrito?”

El hombre le explico que cuando el perrito nació, el veterinario le dijo que tenía una cadera defectuosa, que conservaría esa malformación por el resto de su vida y que nunca podría ser normal.

El niñito se emocionó mucho y exclamó:
“¡Ése es el perrito que quiero comprar! ¿Cuánto cuesta?”

El hombre un poco sorprendido y casi sobrando la intención del niño le contesta:

“No, No… Tú no vas a comprar ese cachorrito!!! Si realmente Io quieres, no me queda más que regalártelo.”

El niñito con un cambio muy evidente en su expresión, mezcla de disgusto y mucha bronca, mirando directo a los ojos del hombre le dijo:

“Yo no quiero que usted me lo regale, creo que él vale tanto como los otros perritos, se lo voy a comprar y le pagaré hasta el último centavo!!!! De hecho, le voy a dar ya mismo todo lo que tengo y pasaré todos los sábados a la mañana a entregarle lo que vaya juntando por hacerle los mandados a mi mamá”.

El hombre mucho mas sorprendido y ahora desconcertado, con una débil voz y un poco atragantado, le contesta:
“Pero hijo… tú en verdad no querrás comprar ese perrito. Él nunca será capaz de correr, saltar y jugar como los otros perritos”.

El niñito se agachó y levantando su pantalón para dejar al descubierto su pierna izquierda, la cual se veía cruelmente retorcida e inutilizada soportada por un gran aparato de metal, miró de nuevo al hombre y le dijo:

“Bueno, parece que yo tampoco voy a poder jamás correr muy bien, y por otro lado el perrito necesitará siempre a alguien que lo entienda y lo atienda”.

El hombre mordiéndose el labio, con sus ojos llenos de lágrimas y totalmente avergonzado… con una sentida sonrisa le dijo:

“Hijo, sólo espero y rezo para que cada uno de estos cachorritos tenga un dueño como tú”.

Javy y Campeón fueron amigos entrañables.

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