Ese día…

Increíblemente hoy todo me parece diferente, la mañana tiene un aroma que nunca antes había percibido, los colores son más vivos y el cantar de la naturaleza llega a mis oídos filtrando sutilmente los cotidianos ruidos de la urbe, como si el destino me estaría invitando a dar definitivamente ese paso, ése que hasta ni en mi imaginación me podía animar a dar.

Mi pecho tiene esta mañana otras dimensiones, lo siento más grande, hasta tengo la sensación que he crecido, que soy más alto, o que quizás camino más erguido y por eso me parece que el panorama de las mismas calles que recorro todos los días muestran otro paisaje.

Sin embargo mi pensamientos, aún confundidos por tanta euforia, empiezan a sospechar que todo ésto se debe a que simplemente estoy feliz, decidido, que por fin parece ser que mi vida fuera a tomar ese giro tan soñado.

Y es que nunca me hubiera imaginado que para ella yo existía. La más hermosa, la dueña absoluta de todos mis sueños, de todos mis suspiros, mirándome a los ojos me acaba de decir por primera vez “hola”, recién, cuando nos cruzamos caminando en la calle, como lo solemos hacer en el ir y venir de casi todos los días…

Daniel Calcagni.

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