Daniel Calcagni

Saber dar.

El hombre que estaba tras el mostrador, mientras miraba para la calle distraídamente, notó que una niñita apretaba su naricita contra el vidrio de la vitrina. Esos increíbles ojos del color del cielo brillaban al ver fijamente un objeto.

Entró en el negocio y pidió ver el collar de color turquesa.

“Es para mi hermana. ¿Puede hacer un lindo paquete?”, -Dice ella.

 

El dueño del negocio miró desconfiado a la niñita y le preguntó:

¿Cuánto dinero tienes?

 

Sin dudar, ella sacó del bolsillo un pañuelo todo atadito y fue deshaciendo los nudos. Los colocó sobre el mostrador y dijo feliz:

“¿Eso alcanza?”

 

Eran apenas algunas monedas que ella exhibía orgullosa. “Sabe, quiero dar este regalo a mi hermana mayor. Desde que murió nuestra madre, ella cuida de nosotros y no tiene tiempo para ella. Es su cumpleaños y tengo el convencimiento que quedará feliz con el collar, que es del color de sus ojos”.
El hombre fue para la trastienda, colocó el collar en un estuche, envolvió con un vistoso papel rojo e hizo un trabajado lazo con una cinta verde.

“Toma, dijo a la niña. Llévalo con cuidado”.

 

Ella salió feliz corriendo y saltando calle abajo.

 

Aún no acababa el día, cuando una linda joven de cabellos rubios y maravillosos ojos azules entró en el negocio. Colocó sobre el mostrador el ya conocido envoltorio deshecho e indagó:

“¿Este collar fue comprado aquí?

 

“Sí señora”.

 

“¿Y cuanto costó?

 

“Ah!”, – habló el dueño del negocio-, “El precio de cualquier producto de mi tienda es siempre un asunto confidencial entre el vendedor y el cliente”.

 

La joven continuó:

“Pero mi hermana tenía solamente algunas monedas. El collar es verdadero ¿No?. Ella no tendría dinero para pagarlo”.
El hombre tomó el estuche, rehizo el envoltorio con extremo cariño, colocó la cinta y lo devolvió a la joven.

 

“Ella pagó el precio mas alto que cualquier persona puede pagar.

ELLA DIÓ TODO LO QUE TENÍA”

 

El silencio llenó la pequeña tienda y dos lágrimas rodaron por la faz emocionada de la joven en cuanto sus manos tomaban el pequeño envoltorio.

La verdadera donación es darse por entero, sin restricciones.
La gratitud de quien ama no coloca límites para los gestos de ternura.
Sé siempre agradecido pero no esperes el reconocimiento de nadie.
Gratitud con amor no solo reanima a quien recibe, sino que reconforta a quien ofrece.
La vida mejora con cada día que pasa siempre y cuando demuestres una actitud positiva

 

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