Idióticos.

“El peor analfabeto es el analfabeto político. El que no ve, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. El que no sabe que el costo de la vida, el precio de los garbanzos, del pescado, de la harina, del alquiler, del calzado o de las medicinas, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece e hincha el pecho diciendo que odia la política. No sabe el imbécil, que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado, el asaltante y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales”.

Bertolt Brecht (1898-1955)

Desde hace casi veinticuatro siglos es pacíficamente aceptado que el concepto de “política”, deriva del griego antiguo y hace referencia al gobierno de las “polis”, las ciudades estados griegas. El sufijo “tica”, en términos estrictos, se traduce generalmente como “relativo a”, pero se ha entendido que “lo relativo a la polis” es su gobierno. Ese sufijo es utilizado en múltiples palabras y, – en general, y sin forzar su significado -, remiten también al concepto de gobierno.

La aceptación, difusión y popularidad del concepto se debe a “Política”, una de las obras más conocidas del filósofo Aristóteles (384 a.C. a 322 a.C.). Con el tiempo el “gobierno de la polis” significó también el “gobierno del Estado”, sea este nacional, provincial o municipal.

El mismo Aristóteles definió al ser humano como un “zoon politikon”, esto es, un animal político que vive en un medio social ordenado por las leyes que lo rigen. La política, en la Grecia clásica, estaba asociada al concepto de “asuntos públicos” para diferenciarlos nítidamente de los “asuntos privados”. Lo “político” era inherente al ciudadano preocupado por el gobierno de la cosa pública (la “res pública” de los romanos), y por completo ajeno a quienes sólo privilegiaban sus asuntos privados. La conducción de los asuntos públicos y sus complicaciones exigen el “gobierno de los temas” (temática) y el “gobierno de los problemas” (problemática).

En tiempos de Pericles, ( 495 a.C – 429 a.C.) la administración de los asuntos públicos (polis, res pública) reclamaba, además, que el gobernante posea la idoneidad suficiente para ejercer adecuadamente tanto el “gobierno de las palabras” (gramática) como el “gobierno de los números” (matemática).

Asimismo, la pericia del gobernante debía incluir la “heurística”, entendida como el gobierno de las investigaciones basadas en el descubrimiento, la creatividad o las innovaciones positivas, necesarias para la resolución de los problemas políticos; la “hermenéutica” o “gobierno de la interpretación de los textos”, imprescindible para dar un significado unívoco a lo redactado sobre la acción de gobierno o comprender adecuadamente los mensajes remitidos por terceros países; la “holística”, es decir, “el gobierno de ese todo que es superior a la suma de las partes”, en el que las partes sólo tienen sentido interrelacionadas entre sí, careciendo de significado en forma aislada.

Podemos agregar, también la “ética” entendida como “el gobierno de las obligaciones propias de un buen ciudadano”, diferenciándolas de las acciones antiéticas que caracterizan al mal ciudadano; y la “mística” que expresa “el gobierno del máximo grado de perfección y conocimiento humanos”.

El ciudadano que no reunía tales capacidades de gobierno de los asuntos públicos sólo le quedaba limitarse a gobernar sus asuntos privados. En el siglo de Pericles no eran bien consideradas aquellas personas egoístas que hacían caso omiso de las cuestiones generales y públicas y sólo se dedicaban a cuestiones particulares y privadas.

“Idios”, en la Grecia clásica, significaba “privado”. La “idiótica”, entendida como “el gobierno de lo privado”, no era una actividad apreciada por los ciudadanos preocupados por los asuntos públicos; por el contrario, llegó a tener una carga semántica tan negativa que la palabra “idiota” –privado de la razón– deriva de la palabra que señalaba al que sólo privilegiaba sus propios asuntos particulares haciendo caso omiso de las cuestiones que afectan a todos los ciudadanos.

Parece obvio que gobernar lo público reclama gobernar sus temas y sus problemas; sus palabras y sus números; con creatividad e innovaciones positivas; conociendo e interpretando sus orígenes e historia; conduciendo al conjunto en beneficio del bienestar general y no en favor de unos pocos particulares; y cumpliendo con sus obligaciones públicas con el máximo grado de perfección. Por lo menos esa era, en tiempo de Pericles, la diferencia existente entre un político y un idiótico.

En la Argentina actual –en que la política ha sido entusiastamente denostada por la persistente ofensiva multimediática de las corporaciones–, la idiótica ha tomado el poder del Estado y aprende “sobre la marcha”.

Los CEO (Chief Executive Officer o directores ejecutivos) de las corporaciones Axion, Banco Galicia, General Motors, Citibank, Coca Cola, Deutsche Bank, Farmacity, Grupo Clarín, HSBC, JP Morgan, LAN, La Nación, Monsanto (ahora Bayer), Pan American Energy, Shell, Techint, Telecom y Telefónica, entre otros grupos concentrados –esto es, la representación más genuina de la idiótica que supimos conseguir–, han devenido en ministros y secretarios del Poder Ejecutivo nacional y titulares de organismos descentralizados, con el objetivo claro de optimizar las ganancias de sus respectivas empresas y de ningún modo para impulsar políticas públicas que beneficien al conjunto de la sociedad, especialmente, a sus sectores más postergados.

Este es el momento de reflexionar seriamente sobre la verdadera experticia que es necesario acreditar y, fundamentalmente, los deberes que deberían encarnar los encargados del gobierno de la cosa pública.

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Bernardo Maresca.

(Sociólogo-UBA)

Aprendizaje.

Una vez, un padre de una familia acaudalada llevo a su hijo a un viaje por el campo con el firme propósito de que viera cuán pobres eran las gentes del campo.

Estuvieron por espacio de un dí­a y una noche completa en una granja de una familia campesina muy humilde.

Al concluir el viaje y de regreso a casa el padre le pregunta a su hijo:

“¿Que te pareció el viaje?” – preguntó el padre.

“Fue fantástico Papá!” – dijo el hijo

“¿Viste que tan pobre puede ser la gente?” – preguntó el padre

“¡Oh, sí­!” – dijo el hijo

“Y… ¿que aprendiste?” – preguntó el padre

El hijo contestó:

“Vi que nosotros tenemos un perro en casa, ellos tienen cuatro.”

“Nosotros tenemos una piscina con agua estancada que llega a la mitad del jardí­n… y ellos tienen un rí­o sin fin, de agua cristalina, donde hay pececitos y otras bellezas.”

“Que nosotros importamos lamparas del Oriente para alumbrar nuestro jardí­n…mientras que ellos se alumbran con la luna y las estrellas.”

“Que nuestro patio llega hasta la pared de la casa del vecino, ellos tienen todo el horizonte de patio.”

“Tenemos un pequeño pedazo de tierra para vivir y ellos tienen campos que van más allá de nuestra vista.”

“Que nosotros compramos nuestra comida;…ellos, siembran y cosechan la de ellos.”

“Nosotros cocinamos en estufa eléctrica…Ellos, todo lo que comen tiene ese glorioso sabor del fogón de leña.”

“Para protegernos nosotros vivimos rodeados por un muro, con alarmas….Ellos viven con sus puertas abiertas, protegidos por la amistad de sus vecinos.”
“Nosotros vivimos conectados al celular, a la computadora, al televisor… Ellos, en cambio, están “conectados” a la vida, al cielo, al sol, al agua, al verde del valle, a los animales, a sus siembras, a su familia.”
“Especialmente papá, vi que ellos tienen tiempo para conversar y convivir en familia. Tú y mamá tienen que trabajar todo el tiempo y casi nunca los veo y rara es la vez que conversan conmigo.”

El padre se quedó mudo… y su hijo agregó:

“¡Gracias Papá por enseñarme lo pobres que somos!

 

Paulo Coelho.

Desesperación.

Ese ruido había desencadenado en él una serie de rápidos pensamientos y toda su vida había transcurrido en imágenes en apenas fracciones de segundo. Instintivamente se llevó las manos a los bolsillos y no pudo evitar padecer no sólo pequeños ahogos sino sucesivos mareos quizás por haber notado que no traía su celular. Todo daba vueltas en una extraña simbiosis de absoluto silencio y tremenda oscuridad. Quizo gritar, pedir auxilio, pero cada infructuoso intento lo iba llevando abruptamente a un estado de pánico tal, que sólo su ahora inalcanzable y milagrosa pastilla podría evitarlo. Prácticamente empapado en transpiracion se dejó lentamente caer mientras iba deslizando su espalda apoyada contra la pared. Buscaba desesperadamente alguna forma de pensamiento que lo llevará a tranquilizarse, aunque sea durante al menos esos pocos y últimos minutos de vida que le parecía que le restaban. El pensar en sus hijos hicieron que de alguna manera pudiera sacar algo de fuerzas, quería poder enfrentar la situación con mayor entereza; en el fondo no le parecía nada justo que ellos tuvieran que llevar en sus espaldas el recuerdo vergonzoso de un padre cobarde, al que prefirieran algún día olvidar.

Sin embargo un milagroso y extraño sonido, acompañado al mismo tiempo por la iluminación de todo el interior del ascensor en el cual se encontraba, pareció generar el impulso necesario para que se pusiera nuevamente en marcha y llegara hasta el piso donde se encontraba su nuevo y ya no tan apreciado departamento.

Una vez abierta la puerta de la terrorífica nave, haber conseguido levantarse de su incomoda posición en el piso, arreglarse un poco la ropa, secarse lo que pudo la transpiración e intentar cambiar al menos un poco la expresión de su seguramente desencajada cara, con dulce voz y simulando una completa y armoniosa tranquilidad, se dirigió a su mujer que lo estaba esperando preocupada del otro lado del pasillo:

“Hola mi amor, como va todo? Aquí también se cortó la luz?”

 

Daniel Calcagni.

Saber dar.

El hombre que estaba tras el mostrador, mientras miraba para la calle distraídamente, notó que una niñita apretaba su naricita contra el vidrio de la vitrina. Esos increíbles ojos del color del cielo brillaban al ver fijamente un objeto.

Entró en el negocio y pidió ver el collar de color turquesa.

“Es para mi hermana. ¿Puede hacer un lindo paquete?”, -Dice ella.

El dueño del negocio miró desconfiado a la niñita y le preguntó:

¿Cuánto dinero tienes?

Sin dudar, ella sacó del bolsillo un pañuelo todo atadito y fue deshaciendo los nudos. Los colocó sobre el mostrador y dijo feliz:

“¿Eso alcanza?”

Eran apenas algunas monedas que ella exhibía orgullosa. “Sabe, quiero dar este regalo a mi hermana mayor. Desde que murió nuestra madre, ella cuida de nosotros y no tiene tiempo para ella. Es su cumpleaños y tengo el convencimiento que quedará feliz con el collar, que es del color de sus ojos”.
El hombre fue para la trastienda, colocó el collar en un estuche, envolvió con un vistoso papel rojo e hizo un trabajado lazo con una cinta verde.

“Toma, dijo a la niña. Llévalo con cuidado”.

Ella salió feliz corriendo y saltando calle abajo.

Aún no acababa el día, cuando una linda joven de cabellos rubios y maravillosos ojos azules entró en el negocio. Colocó sobre el mostrador el ya conocido envoltorio deshecho e indagó:

“¿Este collar fue comprado aquí?

“Sí señora”.

“¿Y cuanto costó?

“Ah!”, – habló el dueño del negocio-, “El precio de cualquier producto de mi tienda es siempre un asunto confidencial entre el vendedor y el cliente”.

La joven continuó:

“Pero mi hermana tenía solamente algunas monedas. El collar es verdadero ¿No?. Ella no tendría dinero para pagarlo”.
El hombre tomó el estuche, rehizo el envoltorio con extremo cariño, colocó la cinta y lo devolvió a la joven.

“Ella pagó el precio mas alto que cualquier persona puede pagar.

ELLA DIÓ TODO LO QUE TENÍA”

 

El silencio llenó la pequeña tienda y dos lágrimas rodaron por la faz emocionada de la joven en cuanto sus manos tomaban el pequeño envoltorio.

La verdadera donación es darse por entero, sin restricciones.
La gratitud de quien ama no coloca límites para los gestos de ternura.
Sé siempre agradecido pero no esperes el reconocimiento de nadie.
Gratitud con amor no solo reanima a quien recibe, sino que reconforta a quien ofrece.
La vida mejora con cada día que pasa siempre y cuando demuestres una actitud positiva.

Un gran descubrimiento.

Había podido terminar con los últimos detalles que le faltaban para dar por concluido el más genial de sus increíbles inventos. Con él no sólo se podrían detectar e interpretar uno por uno todos los recuerdos y sentimientos de una persona, sino que podrían ser extirpados o bien implantados una vez corregidos o programados.

Casi sin perder tiempo en el estudio de todos los posibles alcances de su genial invención, él mismo insistía en ser la primer persona con la que se harían las primeras prueba de funcionamiento y dar por fin como concedido su mayor deseo de alcanzar la felicidad que nunca había tenido. Él sostenía que sólo habría que sacar de su cabeza y para siempre,  todos esos recuerdos que le eran tan negativos y con ellos extirpar todos esos sentimientos de odio, rencor, vergüenza y tristeza con los cuales ya no podía seguir viviendo y que por otro lado lo habían inspirado para la tan novedosa creación.

Y así fue que lleno de electrodos por toda su cabeza y luego de una minuciosa parametrización del “sentianalizador de recuerdos”, luego de un par de minutos de ruidos extraños y unos sinnúmeros de imágenes muy raras que se iban solapando indescifrablemente en los monitores, un gran y colorido “done” apareció en la pantalla principal indicando la finalización del proceso.

Fue tal el silencio que se produjo entonces en la sala de ensayos, que no parecía que decenas de técnicos y profesionales aguardaban atónitos cualquier movimiento o sonido proveniente  de su líder inventor.

Independientemente que todos sus signos vitales, que estaban siendo rigurosamente monitoreados, mostraban una absoluta normalidad, sólo sus párpados presentaban movimiento al pestañar, aunque su expresión fue lentamente cambiando hasta culminar en varias y silenciosas lágrimas que humedecieron prácticamente todo su rostro.

Lentamente se pudo sentar sobre la camilla y mientras procuraban sacarles  los electrodos, sólo emitió tres muy simples palabras:

“No soy yo”

Y es que el impredecible ser que somos, ante la ausencia de los sentimientos que solemos llamar negativos, lo habían sumergido en una pesadilla tan llena de tristeza y oscuridad, que muy distante estaba de ese ideal de felicidad que se espera alcanzar con el ideado experimento.

Consecuencia de ello y del insaciable deseo de acabar con su vida, el grupo de científicos que secundaba al muy apreciado genio creador, decidió revertir el proceso y someterlo a una sesión de reimplantación en el cual pudiera volver a recuperar todos los sentimientos y recuerdos que habían sido fielmente respaldados en la sofisticada máquina.

Paradójicamente y una vez implantados todos esos tristes y dolorosos sentimientos que durante toda su vida había cosechado y que tan cansado y avergonzado estaba de poseer, pudo alcanzar una total felicidad, esa felicidad que alguna vez ya había sentido sin darse cuenta, ésa que de ahora en más no dejaría ni por un instante de valorar, ésa que había en carne propia descubierto que sola y aislada…  jamás podría existir.

 

Daniel Calcagni.

 

Un mundo feliz.

Un mundo feliz (en inglés Brave New World) es la novela más famosa del escritor británico Aldous Huxley, publicada por primera vez en 1932. El título tiene origen en una obra del autor William Shakespeare, La tempestad, en el acto V, cuando Miranda pronuncia su discurso:

“¡Oh qué maravilla!
¡Cuántas criaturas bellas hay aquí!
¡Cuán bella es la humanidad! Oh mundo feliz,
en el que vive gente así.”

La importancia del libro en la vida de Huxley lo Llevó a escribir más adelante (1958) un libro de ensayos y consideraciones relativas,  bautizado como Nueva visita a un mundo feliz(Return to Brave New World), donde aborda detalladamente los diferentes problemas socio económicos que dieron impulso a la creación de su novela futurista. Un mundo feliz ocupa el quinto puesto en la lista de las 100 mejores novelas de la Modern Library del siglo XX.

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La novela anticipa el desarrollo en tecnología reproductiva, cultivos humanos e hipnopedia que, combinadas, cambian radicalmente la sociedad. El mundo aquí descrito podría ser una utopía, aunque irónica y ambigua: la humanidad es desenfadada, saludable y avanzada tecnológicamente. La guerra y la pobreza han sido erradicadas, y todos son permanentemente felices. Sin embargo, la ironía es que todas estas cosas se han alcanzado tras eliminar muchas otras: la familia, la diversidad cultural, el arte, el avance de la ciencia, la literatura, la religión y la filosofía.

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Resumen:

En su obra “Un mundo feliz”, Huxley describe un mundo gobernado por unos pocos mediante un sistema totalitario. La tecnología ha avanzado enormemente hasta convertirse, junto con las drogas de diseño, en el principal medio para conseguir la felicidad.

La novela se ambienta hacia el año 700 después de Ford aproximadamente, en una sociedad altamente tecnificada, que alcanza la categoría de tecnópolis.

Los miembros de esa sociedad no nacen, sino que son decantados, fabricados en serie. La sociedad está dividida en castas, en orden decreciente de categoría (que implica inteligencia, habilidades, capacidad emocional, atractivo físico, etc.). Esas castas son denominadas Alfa, Beta, Gamma, Delta y Epsilon.

Los Alfas son individuos inteligentes, y su papel social consiste en ocupar cargos de dirección en la tecnópolis y en realizar (la mayoría) las tareas más complejas y que requieren mayor habilidad mental.

La casta siguiente son los Betas. Estos también cuentan con una inteligencia avanzada, pero menos que la de los Alfas. Su trabajo consiste en hacer tareas complicadas, pero que no requieren tanta agudeza como las de los Alfas.

Los siguientes en la escala son los Gammas. Estos no son muy inteligentes, y su misión es normalmente trabajar en fábricas, hospitales, etc.

En cuarto lugar se encuentran los Deltas, individuos de escasa inteligencia que trabajan en fábricas y apenas se interesan por ningún asunto.

Por último se encuentran los Epsilones, humanos estúpidos con inteligencia casi animal y sin capacidad alguna de racionar que realizan las tareas más sencillas en la comunidad: servir a las demás castas, subir y bajar ascensores, etc.

Los Alfas y los Betas eran todos genéticamente variados. Sin embargo, los Gammas, Deltas y Epsilones estaban divididos en grupos Bokanovsky. A partir de un óvulo fecundado bokanovskificado se podían conseguir hasta 96 individuos exactamente iguales. A esos grupos de individuos se les llamaba grupos Bokanovsky.

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Los embriones eran embotellados en frascos y alimentados mediante un nutritivo sucedáneo de la sangre, más abundante y mejor oxigenado en los miembros de las castas más altas. Los frascos eran colocados en unas estanterías que se desplazaban lentamente a lo largo de un recorrido, durante el cual les eran suministrados alimentos, vacunas, etc. A lo largo de ese recorrido se les acondicionaba, según la casta a la que pertenecieran, a la vida que iban a llevar. Los individuos de las clases inferiores recibían alcohol y otras sustancias que no les permitían desarrollarse con normalidad, para disminuir las posibles facultades que pudieran desarrollar los embriones.

Una vez los individuos eran decantados, comenzaba su acondicionamiento.

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Mediante el aprendizaje neo-pauloviano las personas eran condicionadas a amar el modo de vida que les había tocado vivir, y mediante la hipnopedia les inculcaban las lecciones elementales de moralidad, sexualidad, etc.

Cuando crecían un poco más, podían tomar soma, una droga que curaba sentimientos negativos y que les proporcionaba unas felices vacaciones de la realidad.

En ese mundo todas las personas eran felices, pero esa felicidad estaba claramente manipulada. La sociedad estaba muy unida y todo el mundo era de todo el mundo. La esperanza de vida no era muy larga (de unos 60 años), pero la gente era feliz.

En aquel “mundo feliz” vivía un hombre llamado Bernard Marx. Era un Alfa-más, pero fisicamente era más parecido un Delta que a cualquier miembro de su casta. Los Alfas debían ser casi perfectos tanto física como intelectualmente, y él no lo era en el físico. Por eso los miembros de su grupo social lo discriminaban y decían que le habían suministrado alcohol en el sucedáneo de la sangre.

Bernard no estaba plenamente integrado en esa sociedad, y, quizás en consecuencia al rechazo de sus compañeros, comenzó a pensar por sí mismo y a formar algunas ideas propias diferentes a las que le habían inculcado mediante hipnopedia.

A él no le gustaba lograr la felicidad mediante drogas y métodos de manipulación de masas, y era un amante de la soledad, cosa que estaba poco menos que prohibida en aquel mundo donde la gente era obligada (más que animada) a relacionarse con otras personas para mantener la masa unida.

Bernard comenzó a tener relaciones con Lenina, una mujer Alfa-más. Él decidió llevarla de vacaciones a una reserva de salvajes, considerando este un lugar diferente e instructivo, y así fue.

Una vez allí, Lenina se quedó aterrorizada al observar el contraste entre su modo de vida y el de aquellas personas. A Bernard también le produjo un gran impacto, pero disimulaba sus emociones.

En aquel lugar conocieron a un salvaje, John, cuya madre había nacido y vivido durante muchos años en el “otro lugar”. Ella había quedado embarazada durante unas vacaciones, y se tuvo que quedar en la reserva. En el“ mundo feliz” ninguna mujer tenía hijos. Allí la reproducción vivípara no existía, y las palabras “madre”, “padre” o “nacer” eran consideradas una blasfemia.

John enseguida hizo buenas migas con Bernard, y cuando este y Lenina regresaron a su mundo, se llevaron al salvaje y a Linda. El salvaje desde el primer momento pareció disgustado con aquel mundo, del que su madre le había hablado tan bien, al ver la manipulación a la que estaban sometidos todos los individuos.

John se enamoró de Lenina, pero cuando se declaró, se llevó una gran desilusión, al darse cuenta que la única concepción de relación de pareja que tenía esta se basaba únicamente en el sexo. John se enfadó mucho, cosa que a Lenina, condicionada a pensar que todo el mundo opinaba igual que ella, le extrañó mucho.

Linda era discriminada en el “otro lugar”. Ella era una persona vieja y con arrugas, algo que la gente no estaba acostumbrada a ver en aquella tecnópolis. Para olvidar todos los problemas que había tenido y padecía ahora, comenzó a tomar soma en grandes cantidades, y al poco tiempo falleció.

John, que estaba harto de esa falsa felicidad en que la gente estaba engañada, fue a una fábrica donde estaban repartiendo soma a los trabajadores deltas y comenzó a hablarles de cosas como la libertad. Después arrojó las cajas de soma que les iban a repartir, y tuvo lugar una gran pelea, tras la cual lo detuvieron a él, a Bernard y a Hemholtz. Tras un juicio, estos dos últimos fueron enviados a Islandia, y el salvaje quiso llevar una vida en sacrificio, para lo cual se retiró y se fue al campo, dispuesto a vivir de la agricultura.

Pero los periodistas no dejaban de acosarlo. Al final, John, harto de aquel mundo asquerosamente manipulado, se suicidó.

Un tren muy especial.

Que dirían si alguien les comentara que existen maneras de poder “engañar” al tiempo de manera tal, que por ejemplo uno pueda viajar durante todo un día, pero al regresar se encontrara que para todos los demás transcurrieron muchos, muchos años…

Aunque suene a argumento de película, a Einstein se le ocurrió un ejemplo bastante simple para que podamos entender que lo dicho es verdaderamente posible.

Sin entrar en formulismos matemáticos todos podemos entender que si dentro de un tren que viaja a 20 km/h un niño tira una pequeña pelota en sentido contrario al curso del mismo también a 20 km/h, para todos arriba del tren la misma tendrá el mismo recorrido que si estuvieran totalmente detenidos, pero no así para quién estuviera viendo pasar al tren, pues en este caso se vería la pelota suspendida en el aire mientras que su velocidad fuera igual y contraria a la del tren.
Ésto ocurre porque las velocidades son aditivas, la velocidad de un avión va a depender del viento, la de un bote de como fluyen las aguas del rio e igualmente para todo lo que tenga movimiento, menos para una única cosa… la velocidad de la luz.
Tal como Einstein lo sostenía en sus teorías, ella va siempre mientras el medio lo permita, a aproximadamente 300.000 km/seg en todos los sentidos sin importar a que velocidad se encuentra la fuente desde la cual parte, y aunque parezcan valores imposibles de medir y por ende de comprobar, el ingenio de cientificos, mucho antes de que la tecnología de hoy lo permitiera, se encargaron de verificarlo.
En otras palabras, a diferencia de la pelota, que para la persona que ve pasar al movil, la velocidad a la cual fue arrojada se sumará o se restará a la del tren según el sentido que se la haya dado, la de la luz será siempre constante en todas las direcciones sin importar la velocidad ni la dirección a la cual circule el tren.

Es aquí donde podemos presentar entonces al tren de Eisntein, muy especial en particular, pues tiene nada más que 150.000 km de altura y puede viajar a velocidades cercanas a la de la luz, raro de encontrar en nuestro premeditado mundo pero porque no en otras constelaciones o dimensiones. Pongamos en nuestro tren un espejo en el techo y tomemos una linterna para hacer algunos experimentos :
Primero intentemos calcular cuanto tiempo tardará un pasajero en el tren en ver reflejarse la luz en el techo desde que prendemos la linterna apuntando para arriba, pareciera fácil, pues la luz recorrerá 150.000 km en llegar al techo y la misma distancia una vez reflejada por el espejo hasta volver a los ojos del pasajero, y si son 300.000 km y ese mismo valor es la distancia recorrida por la luz en un segundo, éste será el tiempo que tardarán los pasajeros en ver el reflejo. ( 1 seg )

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Ahora imaginemos cómo vería un peatón el mismo evento si ve pasar el tren a una supuesta velocidad de 260.000 km/seg, para los que conocen a nuestro amigo Pitágoras, no tendrán inconveniente en calcular que ahora la luz de la linterna, en lugar de recorrer 300.000 km en llegar a los ojos de los pasajeros, recorrerá 600.000 km, y como dijimos antes, la velocidad de la luz es siempre 300.000 km/seg, transcurrirán 2 seg en llegar a los mismos ojos de los pasajeros…

Cómo ????
El mismo evento para el pasajero fue de 1 segundo y para el peatón 2 (dos) ?
La respuesta es SI !!! Y si la velocidad del tren hubiera sido cada vez más cercana a la de la luz, el segundo para el pasajero podrían ser minutos, horas, meses y hasta años para el peatón. El secreto… ? El tren se mueve y el peatón no.

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Y este es el principo fundamental de la tan complicada teoría de la relatividad, el tiempo parece no ser indefectiblemente constante, y solo es una variable más de un sistema que parece ser función de la velocidad a la cual nos encontramos.

No nos confundamos por tantas películas vistas, jamás podremos viajar al pasado, sí se podrá viajar y siempre sin retorno a un futuro, hoy ya lo estamos haciendo en apenas algunos milisegundos cuando viajamos en avión durante varias horas, hecho ya comprobado por relojes de muy avanzada tecnología.

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Por qué me parece muy importante saber ésto ?
No para imaginarnos que algún día ésto pueda ser base para hacer realidad la ciencia ficción, sino para que podamos meditar sobre quienes somos y donde estamos…

 

Daniel Calcagni

Un genio sin igual…

Alfredo Rodríguez, mi pintor preferido.

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Indios, vaqueros, caballos, paisajes del oeste, mineros de la fiebre del oro, pistoleros son personajes que marcaron la historia americana, esta es la temática que ha hecho famoso al pintor Alfredo Rodríguez, artista hiperrealista nacido en 1954 en Tepic, México. Cuenta el mismo pintor que su madre le obsequió un juego de acuarelas cuando apenas tenía 6 años de edad, estas pinturas infantiles sellaría su destino.

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Para Rodríguez, la pintura fue parte del desarrollo psico-motriz infantil como aprender a caminar, hablar, desarrollar sus habilidades. Recuerda que con aquellas acuarelas empezó a dibujar retratos de miembros de su propia familia y algunos compañeros de la escuela.

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La pintura siempre fue parte fundamental en la vida de Rodríguez. Nació en Nayarit, estado que se encuentra en el corazón de México y próximo a la reserva de los indios Huichole.

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Poco después empezó a pintar para vender y con estos recursos económicos empezó a ayudar a su familia.

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En 1967, sus padres invirtieron los escasos ahorros para llevarlo al taller de Santiago Rosas, maestro pintor bastante conocido en aquella época en México, durante seis horas el anciano pintor le enseñó los principios básicos del color, el diseño y la pintura, estas horas fue todo lo que sus progenitores pudieron hacer por la enseñanza de su hijo que para esa época tenía 14 años, él supo capitalizar con creces esos conocimientos que de inmediato los trasladó a los lienzos.

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En 1968, un comerciante norteamericano lo descubrió y le encargó varios cuadros de indios americanos. Alfredo realizó las pinturas con esmero las cuales tuvieron éxito inmediato en el mercado anglosajón. Con más confianza en su pintura y ya con un estilo definido en el año de 1973, Rodríguez decide trasladarse a estados Unidos donde actualmente reside

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Desde entonces, ha estado pintando indios, vaqueros, mineros y campesinos americanos con un realismo y colorido que sorprende gratamente. Alfredo se considera un artista tradicional costumbrista y describe su estilo de pintura como “Realismo Clásico” con una mezcla de impresionismo contemporáneo.

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Actualmente está radicado en California y ha sido merecedor de distintos premios de prestigiosas organizaciones, y sus pinturas han sido portadas e incluidos en los libros como “Western painting Today” de Royal B. Hassick y “Contemporary Western Artist” de Peggy y Harold Samuels y otros. Sus cuadros también has aparecido en revistas como “Western Horseman”, “Art of the West”, “International Fine Art Collector”, “Informart” por mencionar algunas.

Mi favorita:

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Y algunas más…

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La victoria.

Había llegado el día menos esperado por los que aún podían soñar… El día en que moría el último hombre de manos de un robot. La guerra contra los robots finalizaba y la raza humana ya no tenía representantes sobre la faz de la tierra.

Apenas un instante después, sin lograr encontrar sentido alguno a la victoria, sin poder disfrutarla y siendo totalmente incapaces de vivirla, los artilugios electromecánicos se paralizaron por completo, habían quedado huérfanos de toda misión.

 

Daniel Calcagni

Cómo hacerte saber…

Cómo hacerte saber que siempre hay tiempo?
Que uno solo tiene que buscarlo y dárselo.
Que nadie establece normas salvo la vida.
Que la vida sin ciertas normas pierde forma.
Que la forma no se pierde con abrirnos.
Que abrirnos no es amar indiscriminadamente.
Que no está prohibido amar.
Que también se puede odiar.
Cómo hacerte saber que nadie establece normas salvo la vida!…
Que el odio y el amor son afectos.
Que la agresión porque si, hiere mucho.
Que las heridas se cierran.
Que las puertas no deben cerrarse.
Que la mayor puerta es el afecto.
Que los afectos nos definen.
Que definirse no es remar contra la corriente.
Que no cuanto más fuerte se hace el trazo mas se dibuja.
Que buscar un equilibrio no implica ser tibio.
Que negar palabras implica abrir distancias.
Que encontrarse es muy hermoso.
Que el sexo forma parte de lo hermoso de la vida.
Que la vida parte del sexo.
Que el porqué de los niños tiene un porque.
Que querer saber de alguien no solo es curiosidad.
Que querer saber todo de todos es curiosidad malsana.
Que nunca está de más agradecer.
Que la autodeterminación no es hacer las cosas solo.
Que nadie quiere estar solo.
Que para no estar solo hay que dar.
Que para dar debimos recibir antes.
Que para que nos den también hay que saber como pedir.
Que saber pedir no es regalarse.
Que regalarse es en definitiva no quererse.
Que para que nos quieran debemos mostrar quienes somos.
Que para que alguien sea hay que ayudarlo.
Que ayudar es poder alentar y apoyar.
Que adular no es ayudar.
Que adular es tan pernicioso como dar vuelta la cara.
Que las cosas cara a cara son honestas.
Que nadie es honesto porque no roba.
Que el que roba no es ladrón por placer.
Que cuando no hay placer en hacer las cosas, no se está viviendo.
Que para sentir la vida no hay que olvidarse, que existe la muerte.
Que se puede estar muerto en vida.
Que se siente con el cuerpo y la mente.
Que con los oídos se escucha.
Que cuesta ser sensible y no herirse.
Que herirse no es desangrarse.
Que para no ser heridos levantamos muros.
Que quien siembra muros no recoge nada.
Que casi todos somos albañiles de muros.
Que sería mucho mejor construir puentes.
Que sobre ellos se va a la otra orilla y también se vuelve.
Que volver no implica retroceder.
Que retroceder puede ser también avanzar.
Que no por mucho avanzar se amanece más cerca del sol.
Cómo hacerte saber, que nadie establece normas, salvo la vida!…

Mario Benedetti.

Qué habrá sido de ellos…

“Yo viví en Bariloche dos años. Todo el tiempo me preguntaban si era “NYC” (Nacida y criada). Se ve que es una información importante para cierta gente.Yo los miraba, blancos, erguidos, pelo fino, manos tersas y contestaba que no, que soy porteña y que los verdaderos NYCs, en todo caso, eran los mapuches, los verdaderos dueños de esas tierras, y que me dejaran de preguntar tonterías. En fin…

Uno de los tantos bares en los que trabajé quedaba en Villa Los Coihues, a orilla del lago Gutierrez. Gente de mucho dinero que además tenían una hostería en la base del Cerro Catedral. Me vino a la memoria justo éso mientras miraba en un programa de televisión al periodista Jorge Lanata intentando denigrar al señor Fernando Jones Huala, burlándose de sus dichos y subestimándolo por su descendencia mapuche, como para muchos es costumbre.

Y recordé el bar, recordé el cesped perfectamente cortado, las mesitas, el lago. Recordé que la orilla es pública y recordé también aquel día de enero porque es cuando entendí en carne propia como son algunas cosas .

Eran las diez de la mañana, no había nadie, yo apenas tenía cinco pesos y monedas porque unos simpáticos holandeses me habían dejado el vuelto. Limpié la mesa, llevé los vasos adentro y en la barra me encontré con la cara desfigurada de la dueña. “Sacamelos YA de acá”, me dijo. No entendí nada, pero me di vuelta y los vi.

“Sacalos, sacalos” repetía ella como si la peste nos hubiera invadido. Yo todo lo que alcanzaba a ver desde adentro era un hombre, de espaldas, sentado en el cesped en la orilla del lago con un niño, de espaldas también. Ambos mirando el cielo.
“Deciles que acá no, y si quieren tomar algo, lo que sea, les decís que sólo aceptamos dólares”.
Me acerqué temblando, literalmente de vergüenza y ya no era una espalda, o dos, eran un hombre y un niñito. El adulto tenía los ojos negros, la bincha marrón, tejida con un colorido dibujo muy hermoso y el niño casi igual, los mismos ojos, la misma bincha, pero con una carita llena de inocencia. Sin embargo el padre no parecía tenerla.
Creo que el niño me saludó en su lengua, pues realmente no lo entendí, pero cuando el padre me miró fijo no pude evitar ponerme a llorar. Si bien dijo algo en mapuche, yo le expliqué como pude que lamentaba muchísimo no entenderle lo que me estaba diciendo.

Ahí fue cuando en un perfecto español, muy tranquilo y con un tono más que pausado me dijo :

“Yo tuve que aprender tu lengua en mi propia tierra, pero no te preocupes, ya sé a lo que venís. Decile a la señora que este pasto también es mío, como de mi hijo, lo es este cielo y todo lo que vemos alrededor y que no nos vamos a levantar.”

Me di vuelta. Volví al bar. La dueña estaba roja, rojísima de rabia.

“¿Qué pasa? ¿Se te retobó el indio éste?”

Me acuerdo que me toqué los cinco pesos que tenía en el bolsillo, mi único capital, y me acuerdo también que pensé que si me iba no pasaba nada, que al día siguiente conseguiría otra cosa, pero si perdía mi dignidad podría no encontrarla nunca más… no podía perderla a los veintipico en un bar de mierda, con gente de mierda.

Pensé en mi papá ¿Qué haría Pepe? Supongo que pensar en tus maestros te da fuerzas cuando la vida te toma lección. Yo tenía miedo, me sentía totalmente desubicada, no tenía un mango y si bien ya tenía pagado el alquiler, sólo contaba con lo que había hecho de propina en la semana. Para colmo pensaba que mi perrita ya no tenía más comida y eso me estaba atormentando.

Sin embargo me pareció escuchar a mi viejo susurrarme: “No pasa nada negrita”

La dueña se puso más nerviosa aún debido a mi silencio y casi gritando, sus palabras fueron:
“¿Qué pasa? ¿Qué te dijo este negro de mierda? ¿Qué es lo que te puso así? Hablá nena !!!”.

Levanté la vista, la miré, me sequé a propósito los mocos con una servilleta de las de tela, y le conteste:

“Dice que esta tierra también es suya y de su hijo y como cree no estar molestando, allí se va a quedar”

La dueña del bar redobló sus órdenes:
“Bueno, mirá querida, o los sacás a patadas como te pedí o te vas a la mierda vos y el mapuche”

Era tanto el dolor que me hacía sentir la situación que no pude siquiera sacar fuerzas para defenderme, me di vuelta y me acerqué a la orilla del lago a pedirle perdón al señor con su hijito. Aunque no sabía en realidad bien porqué lo hacía, sentí que por todos nosotros debía disculparme:

“Perdónennos, por favor perdónennos” le repetí llorando.

El hombre un poco conmovido me agarró la mano y nos fuimos los tres. La dueña me seguía gritando desde adentro, pero una tierna caricia del nene en mi rostro logró no sólo que no la escuchara más, sino confirmar que había tomado la única decisión que hubiera podido tomar… la correcta.

Pensé más tranquila entonces… “La puta… que hay gente de mierda”

Caminamos en silencio hasta la ruta, hoy ni me acuerdo bien el camino que tomamos, estaba todavía en trance. Si me acuerdo que aparecimos en el cruce del km 8 de la ruta que va al Nahuel Huapi. Fue cuando el niño me abrazó y me dió un beso, el padre me dió la mano y con un “Gracias por ser lo bella persona que eres” me hizo sentir que no todo está perdido.

A ese bar no volví nunca más, sin embargo siempre me pregunto ¿qué habrá sido de ellos…?”

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Algunos se preguntaran:

¿Será una historia real?
¿Existirá la protagonista?

Yo les digo:

Que más da…

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La pintura es del pintor mexicano Alfredo Rodríguez, por lejos mi artista preferido.

Como si…

Como si en el último muerto no estuviera el primer muerto de la humanidad

A veces se quiere encerrar todo en una noticia, como si en el último muerto no estuviera el primer muerto de la humanidad, como si en el anciano que hurga en la basura no estuviese el primer esclavo de la historia. La torpeza de considerar que un hombre no es la humanidad, que en la última tragedia no está la primera, o que en la belleza que nos conmueve no está la primera hermosura que asombró al corazón humano.

Es más que un error, dejar de advertir que en cada paso están todos los caminantes: un paso y Moisés y su Pueblo, otro paso, y los sirios caminando hacia quien sabe dónde.
¿Creemos que el riachuelo contaminado no tiene nada que ver con los ríos envenenados en el medioevo, consideramos que Trump nada tiene que ver con Calígula?
¿Acaso la publicidad que nos invita a ser hermosos comprando un desodorante no tiene algo que ver con los mercaderes que Cristo echó de los templos?

Nuestra derrota es olvidar que somos el que murió encadenado y el filósofo que nos hablaba de la caverna; nuestra derrota es creer que el diario de hoy nos puede informar más que la historia de la cerámica precolombina; nuestra derrota es considerar que somos libres mientras dejamos de escuchar los alaridos del genocidio armenio, ¿acaso creemos que disfrutando de la refinada orquesta, se callarán?
Nuestra liberación consiste en comprender que la música nos ayuda a sobrevivir en medio de esos alaridos que persisten, los de las antiguas matanzas en Latinoamérica, África, los Balcanes, en Argelia o en cualquier rincón del planeta; los arquitectos deben construir cargando sobre su alma, las ruinas en Bagdad y en Damasco, los amantes deben amar llevando en sus corazones el peso de millones que pasaron por la vida sin conocer el amor; los poetas deben cantar con el silencio de los que hasta les arrancaron el idioma, porque nuestra derrota es creer que con nosotros comenzó el mundo, que con nosotros empezó la vida.

Si queremos cambiar el mundo, visitemos el dolor del hombre de la prehistoria y algo entenderemos de la tragedia de hoy, del drama de mañana.

 

Pan y Cielo, el blog de Pedro Patzer

Corazones…

Volví los pasos hacia atrás para buscar los corazones rotos que había dejado en el camino. Eran de aquellos que me amaron y desdeñé con arrogancia. Encontré fragmentos imposibles de unir, entre tantos corazones despedazados no logré armar ni uno. En esos fragmentos, como diminutos espejos estrellados, veía pedacitos de mi historia; como diminutas piezas de un caleidoscopio, veía lo que nunca pudo ser.
Con amorosa nostalgia los clavé uno a uno en mi entonces abatido corazón como una forma de tardío reconocimiento. Todavía algunas astillas punzan cuando me entrego a los momentos felices. El dolor ofrece secretas reparaciones, tan extrañas… como inútiles.

 

Sandra Bianchi.
Es profesora en Letras, crítica literaria,
microficcionista, editora y gestora cultural.