Daniel Calcagni

Crónica del despertar de un niño hecho grande…

Desperté con un terrible dolor en la panza, será de hambre o de frío? No sé, pronto se irá… Éso es lo que tiene el invierno, todo es un bajón, uno nunca sabe cuando llega lo peor…

La luz que entra por los agujeritos del techo de chapa me dejan ver que mi viejo todavía no está, es lo primero que miró al levantarme, tengo la esperanza que algún día vuelva. Él y mi hermano mayor hace varios meses que duermen en otro lado, “ma” me dice que están en la “otra casa”, y mucho más no quiero preguntar, me grita cada vez que lo hago.

Sólo las zapatillas y la campera me separan de volver a estar en la calle, ya veré que hay para hoy. Algunos “compas” me han dicho que hay chicos que tienen la suerte que sus madres los despierten, los ayuden a cambiarse de ropa y hasta les preparen un rico desayuno… mmmmm, se acordará mi mamá que tengo 11 años? De tantas veces que se equivoca mi nombre al llamarme, la verdad, ya no sé si me quiere… yo la adoro, a veces me vienen algunos lindos recuerdos de chiquito, cuando me alzaba y me daba besos.

El plato del pan está vacío, pero tengo algunos “billes” que me hice ayer, voy a ir a comprar a lo del Piny las facturas del día anterior, Mamá se va a poner contenta cuando se levante. Aunque ahora que miro bien tampoco está, ya me parecía raro no haberme despertado cuando llega de madrugada.

Que angustia… Que habrá pasado? Cómo será morir? A veces lo pienso…

 

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Daniel Calcagni.

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