Vibraciones.

Igual que en todas las últimas noches, esas mismas cinco notas que parecían provenir de un piano, le habían interrumpido el sueño. Muy vlaro tenía que dichos acordes sólo podían ser producto de su imaginación, pues el único en la casa que podría sumergirse en el piano era su hijo, y él, ya no estaba. Le encantaba pensar que en algún bello lugar estaría disfrutando, pero no podía borrar de su mente las horribles imágenes del accidente.

Sin embargo algo especial sucedería esta noche. Tanto amor dañado, tanto dolor embriagante, tanto extrañar sin ninguna esperanza, lo llevaron al oscuro salón de su casa, a ese rincón lleno de ausencias en donde el viejo piano descansaba, y fue muy grande su asombro al notar que entre el inmóvil polvo de culpas que lo cubría, sólo cinco teclas guardaban un limpio brillo en sus ojos.

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Daniel Calcagni.

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