Un cuento muy especial.

Ya de niño sospechaba que aquel brillo en el cielo, fascinante para sus ojos y muy cálido para su alma, un verdadero significado en su vida debería tener.No era una estrella común, pues su luz parecía esforzarse en llegar aún en esos días nublados y tristes. Es más, hasta parecía que su intensidad dependiera de su estado de ánimo, pues en aquellos días difíciles era cuando más brillaba, como intentando llegar con las fuerzas que a él le estaban faltando para superarlos.

Sólo, en la sala de espera del sanatorio donde daría a luz su primer hijo y observando por una pequeña ventana, como su inseparable estrella ahí estaba, recordaba todos esos momentos, los buenos y los no tanto, aferrándose cada vez más a ese misterio que su vivir muy fielmente iba atesorando.

Y fue ese mismo día, al ver en los ojos de su hijo recién nacido el extraño brillo que su estrella tenía, que creyó entender que las almas que ya no están con nosotros también sueñan… Y ésta, era la de aquel ser, que desde ya hacía mucho había partido y resignaba su eternidad por volver a estar en los brazos, ahora protectores, de su tan amado nieto.

Daniel Calcagni.

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